La cultura como máxima expresión del universo de Patricia Barber

Por Cervezas Alhambra

Pianista, cantante, apasionada, coleccionista de discos y libros, siente devoción por la ciudad de Chicago y por los momentos íntimos que reserva para escuchar música o leer.

Este año se ha convertido en miembro de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias, una entidad tan solo superada en prestigio por el Premio Nobel. Bob Dylan, Herbie Hancock o Emmylou Harris son algunos de los integrantes de esta asociación histórica que curiosamente también cuenta con el cineasta español Pedro Almodóvar.

Su actitud es convincente, su seguridad inusual y su carrera musical elogiable. De su extensa discografía destaca «Mythologies», el álbum que desarrolló gracias a la concesión de una beca Guggenheim, en el que enlazó literatura y música como encarnación de sus dos pasiones.

En su paso por el Festival Internacional JazzMadrid, Patricia Barber nos desveló algunas de las obras que más han inspirado sus creaciones y aquello que le mueve a seguir haciendo música.

La música está presente en tu vida desde que eras muy pequeña porque tu padre era componente de la orquesta de Glenn Miller y a tu madre le encantaba el jazz, ¿tenías claro desde pequeña que querías dedicarte a la música?

Empecé tan pronto que no fue una opción. A los cinco años ya tocaba de oído lo que tocaba mi padre y a los seis tuve un gran profesor de piano. A lo largo de mi vida me he topado con otras profesiones que me han resultado interesantes, pero nada me hace sentir más completa y me llena más que la música. Puedo ser bastante feliz estando en casa tocando el piano, escribiendo música, leyendo, investigando sobre las letras, las palabras y la correcta pronunciación de estas, para componer mi música. Esto supone tener una vida interior rica.

Te apasiona la cultura francesa, ¿qué artistas son los que han marcado tus creaciones musicales y por qué?

Soy una apasionada de la lengua francesa, que para mi es una forma de música en sí misma. Por eso creo que algunas de las canciones (Trenet, Brel) no tienen armonías complicadas. Con esta lengua las palabras suenan mejor y solo sería necesario un acompañamiento instrumental simple. Sin embargo, mi verdadera pasión radica en la «mélodie» francesa del s. XIX, son obras maestras con armonías sofisticadas y poesía muy bella. Verlaine, por ejemplo, es el poeta más dedicado a la música, y sigo estudiando su poesía para ver qué encuentran en ella los compositores. Las obras de Fauré, Chaussons, Debussy, Ravel, Reynaldo Hahn, e incluso de Berlioz son también muy bellas.

En 2003 recibiste una beca Guggenheim para crear una serie de piezas musicales basadas en «Las Metamorfosis» del poeta Ovidio, que dieron como resultado tu álbum «Mythologies». ¿Cómo abordaste esta obra tan extensa y cuáles fueron las ideas principales en las que te inspiraste?

Primero vi «Las Metamorfosis» de Ovidio en el teatro. Me compré el libro y me quedé encantada, absolutamente abrumada con sus personajes, el ingenio, las posibilidades que había en esa obra… Decidí hacer mi propio ciclo de canciones basándome en varios de los increíbles personajes de la obra. Apliqué a la beca de la Fundación Guggenheim para llevar a cabo el proyecto y recibí una subvención. Hice lo que me pidieron: me dediqué durante un año a componer las canciones y dar forma al proyecto. Investigué extensamente. Muchas noches me despertaba al amanecer con la cabeza en el escritorio porque me había quedado dormida trabajando la noche anterior.

Después de tantos años componiendo y poniendo letra a tus canciones, ¿tienes un proceso creativo concreto o varía?

Tengo métodos para empezar diferentes tipos de canciones, pero no tengo una metodología concreta de composición. Siempre es un proceso de aprendizaje y en cierto modo, me permite descubrir nuevos mundos.

¿Cuál es el balance entre preparación/improvisación en los conciertos?

Soy una fiel defensora de la forma. Me encanta crearla, resolverla, dejarla y volver a ella. De tal manera que siempre tengo unos parámetros básicos en los que estoy trabajando y dentro de esto hay mucha improvisación. En el álbum «Higher», he creado espacios para la improvisación.

El camino de un artista no es fácil, habrás tenido muchas oportunidades y propuestas, ¿cómo has hecho para mantenerte fiel a tus gustos e ideas en la industria de la música?

Lo que me motiva, lo que hace que me levante por la mañana es descubrir música, tener ideas para mis composiciones, escribir poesía. Sin tener en cuenta el factor dinero, esta es una decisión fácil: haz lo que más te guste. La verdad es que yo no me dejo encandilar por las multitudes, por la gente, las tendencias, ni por la presión de grupo. Estoy segura (y curiosamente siempre lo he estado) de que tengo una voz distintiva que juega un papel importante en el avance de la música vocal, jazz, música clásica y nueva. Ahora que he sido incluida en la Academia Americana de las Artes y las Ciencias, mi camino ha sido validado. Pero incluso sin esta aprobación, habría seguido adelante. Cada álbum es un proyecto serio para mi.

Parece que Chicago es el lugar al que siempre vuelves, ¿por qué es tan especial la ciudad para ti?

Chicago es una cuidad muy especial. Es una ciudad limpia, bonita, situada al lado del lago Michigan, es muy rica en cultura, música, arte, literatura y teatro. Todavía los precios son mas o menos asequibles en comparación con otras grandes ciudades. He viajado por todo el mundo y Chicago es un sitio increíble.

¿Qué opinas del flamenco?

¡Adoro el Flamenco! ¿Estás de broma? Especialmente, me encantan las bailaoras, pero me gusta todo del flamenco.

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