La tradición musical hecha instrumento para juglares del siglo XXI

Por Lorena Papí Rodes

El taller del luthier catalán Jordi Aixalà i Basora es una cápsula del tiempo. Entrar en él es como recrear la baja Edad Media y sus sonidos más característicos: los de las dolçainas o dulzainas, los laudes, las flautas o las gaitas; todos esos instrumentos con los que los juglares líricos entretenían a las gentes de los pueblos y a reyes y nobles; que hacían sonar en plazas públicas y palacios, para divertimento de ciudadanos y soberanos, en los tiempos de la Corona de Aragón, anunciando siempre un momento de alegría, de festividad.

Jordi lleva más de treinta años recuperando parte de la historia musical de esta zona a base de reproducir en su taller y con herramientas tradicionales aquellos instrumentos; siempre movido por una ilusión: mantener viva la tradición. Algunos, como la gralla, siguen tan vivos como entonces en Cataluña o en la Comunidad Valenciana: acompañan a los castellers o al desfile de cabezudos y siguen formando parte de su folklore popular. Las fallas de Valencia tienen su propia banda sonora, además del constante sonido de la pólvora: el de la dolçaina (en Fa y en Sol), que sigue estando muy presente en las bandas de música, entonando, con su clásico y reconocible timbre, piezas musicales que forman parte del ideario colectivo de varias generaciones.

trabajo en madera

Y todo gracias a maestros artesanos como Jordi, que, al mantener vivo el oficio, retienen el pasado en nuestra memoria y se convierten en embajadores de nuestra cultura. “Que no se pierdan nuestras mejores costumbres” es el deseo que motiva a Jordi. Es lo que tienen en mente cuando trabaja con mimo y paciencia la madera —de peral, cerezo, arce, almendro o boj— siguiendo los métodos de los antiguos artesanos para conseguir ese sonido tan característico de los instrumentos musicales que suenan a fiesta, a folklore, a tradición. A tomarse un momento para disfrutar del inesperado divertimento. A pueblos reunidos, llenando las plazas, celebrando su cultura, del mismo modo que lo hacen los conciertos acústicos de Qué Tendrá Granada, la iniciativa de Cervezas Alhambra, que trae a los mejores grupos de la ciudad a sus espacios más icónicos.

En sus diestras manos, entrenadas y fortalecidas desde bien joven gracias a su trabajo en una tornería industrial, la madera se va transformando pacientemente, con cada parte del proceso —el plasmado del diseño original, el tallado, el montaje y el barnizado—en xeremías (gaitas) de Mallorca, en gaitas de boto aragonesa, pitas de Albacete, tarotas y trompas.

Su catálogo de productos se asemeja más a un libro de historia de la música tradicional en España. Y su taller, al de un maestro lutero de la Edad Media: todo el proceso de creación se realiza de forma totalmente artesanal. Una gralla cobra vida después de que el formón, la lima o la gubia moldeen, rasquen, tallen, vacíen y corten la madera, hasta que lengüeta, tronco y tudel se ensamblan y todo el conjunto cobra sentido. Y hasta que su habilidad con el instrumento —toca la gralla desde 1980 en grupos y orquestas de música popular—le permite saber que esa pieza que ha creado hoy suena como sonaba cientos de años atrás. Exactamente igual.

flauta de maderaSolo tratando la madera con el cuidado y la delicadeza que se requieren cuando se ha de llevar a cabo esta proeza de la artesanía, se consigue extraer de ella ese sonido que nos que nos transporta a otra época. Únicamente conociendo a fondo el material con el que se trabaja y entendiéndolo; sabiendo que todo cuenta, hasta el espesor de la madera, para conseguir el timbre adecuado.

Lo consigue también reproduciendo instrumentos que ya no existen, como la gaita medieval. Así lo atestigua el Manuscrito de las Cantigas de Santa María, obra clave de la literatura medieval, que se creó en la Corte del Rey Alfonso X el Sabio. Por sus ilustraciones, sabemos hoy cómo eran los instrumentos de la época que reproducían estas composiciones o cantigas. El luthier Aixalà se basa en esas imágenes para reproducir una auténtica gaita medieval.

Mucho más antigua es la physalis, una gaita de los tiempos del Imperio Romano —ellos la introdujeron— de doble caña y con un pequeño saco, muy diferente a la gaita asturiana o a la gallega que conocemos hoy. Jordi también fabrica estas joyas artísticas (bajo pedido) que no han sobrevivido al paso del tiempo, pero que fueron el origen de todo.

Siglos más tarde, durante el Barroco, se siguieron usando las mismas técnicas para fabricar violas, violines y otros instrumentos de cuerda. Hoy, en pleno siglo XXI, Jordi sigue trabajando como lo hicieran quienes desarrollaron el oficio antes que él: confiando en su buen pulso, en su mirada de experto, y en su buen oído musical.

Fotos | iStock/CarlosAndreSantos, iStock/CarlosAndreSantosViquipedia.org/Carilec, Commonswikmedia.org/Rafa Esteve CC BY-SA 4.0

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