Guitarras Bros, ebanistas del sonido de alma alicantina

Por Lorena Papí Rodes

Se dice que cuando alguien se marcha para siempre, permanece vivo en el recuerdo de los que lo querían. Y sigue estándolo hasta que se va la última persona que le recordaba. En el caso de Francisco Broseta, hijo del fundador de Guitarras Bros, su recuerdo será casi eterno: existirá mientras haya un guitarrista que haga sonar una de sus guitarras. Mientras el sonido de la última Guitarra Bros no se apague.

Y no parece que vaya a hacerlo, pues ahora son los nietos del fundador Francisco Broseta Rogla —Adam, David y Juan—, los que siguen construyendo guitarras tal y como las hicieron antes dos generaciones de luthiers. En la misma casita de campo de la localidad alicantina de Gata de Gorgos. Rindiendo cada día un homenaje a los maestros constructores que abrieron el camino y les legaron su sabiduría y sus técnicas, frutos de una constante investigación de las propiedades del sonido de la madera.

El inconfundible sello Broseta

Guitarra Bros modelo 40 aniversarioEn las Guitarras Bros confluyen tres generaciones de constructores que han aprendido a interpretar el sonido de la madera: a escucharlo. Y a apreciar los matices de cada árbol, importando lo mejor de cada continente: el cedro de Canadá; de Honduras para el mástil. El pino y el abeto de Alemania; el palosanto de India, de Madagascar, de Brasil y de Bolivia; el ciricote de México y el ébano exótico de Camerún.

En el mismo taller, defendiendo la revolución que inició su padre, el primer luthier en España en construir guitarras totalmente personalizadas, los hermanos Broseta mantienen vivo el oficio.

Van abriéndose a algunos avances y a cambios estéticos, como manda el siglo en el que viven y la música para la que elaboran sus piezas, pero siguen manteniendo intacta el alma de Guitarras Bros: la construcción totalmente artesanal y esos “secretos de constructor” que hacen inconfundibles sus instrumentos. “Este es un trabajo en el que me gusta mantener la esencia”, afirma Adam Broseta.

Las guitarras con la firma Broseta tal vez hayan cambiado de piel, pero bajo la tapa late el mismo corazón. Cambian algunas técnicas; por ejemplo, relegan el antiquísimo pulido a gomalaca y la técnica de muñequilla a la alta gama y lo cambian por la pistola. También hay sutiles diferencias estéticas, como un mayor protagonismo del nácar, más accesible hoy en día. O en los clavijeros, cuya calidad ha ido en aumento. Pero lo que nunca se ha modificado, desde hace más de 60 años es la esencia, el sello Bros; el que se percibe en su sonido.

Un sonido que depende, en gran parte, del varetaje marca de la casa (la disposición única y personal de las barras armónicas) y el saber hacer en el uso de la madera. De algo que consiguieron sus antecesores con mucho esfuerzo y estudio. Si Adam y sus hermanos siguen haciendo guitarras es porque ya hubo dos generaciones antes que ellos que no dejaron de innovar.

Pero no es el único pilar fundamental del sonido de Guitarras Bros: cuenta mucho más el respeto por el proceso de construcción aprendido, que se alarga hasta dos meses. Y hasta seis en piezas realmente especiales. Porque solo con paciencia, esmero y amor por el detalle se consiguen resultados tan admirables.

Tradición, innovación y amor, la fórmula del éxito

Tradición e innovación es un combo ganador para Guitarras Bros, pese a lo antiquísimo de su oficio y la pureza de un instrumento como una guitarra clásica o una guitarra flamenca. Por eso en el taller conviven herramientas que usaba su abuelo hace 64 años con los avances actuales; aparatos que les permiten medir aspectos tan importantes como la densidad y la humedad de la pieza de madera, para saber si es la adecuada y si ha llegado su momento de transformarse en una bella caja armónica o un mástil. La técnica al servicio de la creación contemporánea con tintes de tradición.

Pese a que no dejan de mirar hacia el futuro, no olvidan sus raíces y todo lo aprendido. “Me guío más por mi nudillo que por la tecnología”, reconoce Adam. Es ese simple golpeo del nudillo en la madera el que más información le da a un luthier experto como él o como Nazareno Gadán, a la hora de elegir una determinada pieza. Pero si Adam es capaz de escuchar así el sonido de los árboles es porque lleva el oficio en la sangre.

guitarras bros luthiers

Ahora, él y sus hermanos escriben el siguiente capítulo de la historia de esta empresa que se fundó por amor. Su abuelo, Francisco Broseta Rogla, aprendía el oficio de constructor. Ella, Herminia Monroy, se formaba en el pulido. El mundo de la guitarra les unió. Ya estaban enamorados de ese instrumento y cuando se enamoraron el uno del otro decidieron fundar el taller de luthería. Primero en Valencia, donde el primer Francisco Broseta dio rienda suelta a sus primeras innovaciones en el mundo de la construcción de guitarras. A partir de 1974, la historia continuó en ese pequeño pueblo de la Marina Alta.

El amor sigue siendo el motor de Guitarras Bros: por un oficio que desarrollan con pasión y orgullo. Es el amor con el que llevan a cabo cada parte del proceso el que hace que sus guitarras sean piezas únicas. Es la misma emoción por crear algo especial que comparte la luthería con cualquier otro oficio que requiera paciencia. Solo al crear/sin/prisa y al mimar la materia prima, al aunar tradición con nuevas ideas, se consiguen productos únicos, como una guitarra artesanal con un sonido redondo, un queso de premio o una cerveza como Alhambra Reserva 1925.

La luthería es un oficio tan bonito como generoso, según la experiencia que relata Adam Broseta. Porque le regala instantes de orgullo y felicidad, al ver su creación en manos del artista y al reconocer su sonido. Pero también al poder reencontrarse con ella; la guitarra que durante semanas fue parte de su vida. Incluso durante años cuando solo era una idea que latía en el interior de la madera.

Guitarra Bros personalizada

“Seguimos la premisa que aprendimos de nuestro padre: trabajar en la calidad y no en la cantidad”. Una filosofía que esperan llevar a su máxima expresión: especializarse en guitarras de alta gama. Trabajar cada vez más la calidad y cada vez menos la cantidad, dedicándose en cuerpo y alma a cada una de ellas, en búsqueda de la perfección.

Lo tienen “fácil”. Solo tienen que continuar por esa senda llena de éxitos, como el modelo Taranta. Fue su padre, Francisco Broseta, el que materializó en una guitarra única las distintas sensaciones de los artistas al probar el instrumento. Porque consiguió potenciar y equilibrar en una misma guitarra los graves del cedro y el palosanto con los agudos del ciprés y el pino, tras años de investigación.

El resultado: un sonido redondo y cálido, equilibrado. Especial. Un sonido que no se puede explicar, que hay que sentir, como el sabor de las referencias de Cervezas Alhambra.

Su trabajo también es complicado. Porque se enfrentan cada día al mayor reto de un constructor de guitarras, que es la guitarra flamenca, y que que acapara gran parte de su producción. “El guitarrista flamenco es más exigente, hay que trabajar con lupa sobre cada matiz”, explica Adam. Por eso artistas flamencos de renombre como Raimundo Amador aprecian tanto sus guitarras; porque en Guitarras Bros entienden la complejidad de esta pieza.

Este talento para la luthería es admirado cada día por todos los que prueban sus guitarras. También ha sido premiado este 2018 por el Instituto para la Excelencia Profesional de España, que ha otorgado a Guitarras Bros el Premio Nacional Estrella de Oro por su trayectoria y por su innovación. Pero el arte de los Broseta se importa más allá de nuestras fronteras, tanto a través de su web y de sus endorsers, como del programa televisivo ‘El Hormiguero’. Son muchos los actores internacionales que se han vuelto a casa con una pieza única bajo el brazo y los músicos que han tocado con ella en directo. Pero también los que la han usado para componer un disco de culto como Amy Winehouse con Back to black.

Fotos |istock/Luciano_QueirozInstagram/@guitarrasbrosiStock/Luciano_Queiroz 

En Momentos Alhambra | La guitarra española: la comunidad de luthiers andaluces que no han perdido sus raíces

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