Entrevista a Juan Habichuela Nieto: “Aún no me creo que sea guitarrista”

Por Cervezas Alhambra

Juan Habichuela Nieto es uno de los jóvenes leones de la guitarra flamenca. Nos encontramos con él en la Zona Alhambra del festival Noches del Botánico el día que comparte alineación con Diego El Cigala.

 

 

Son las cinco de la tarde de uno de los días más calurosos del año y Juan apenas ha podido hacer sonar su guitarra en la prueba de sonido. Parece tranquilo y ligeramente contrariado. En el camerino ensaya escalas en su guitarra, que ahora suena sorda para que no distraiga el ejercicio. Los dedos repiten escalas y falsetas, es una gimnasia para que luego surja el arte.

 

 
 

GRANADA
Empezamos por Granada y los sitios favoritos de su ciudad, el barrio del Albaicín y el Sacromonte, que parecen sacados de una postal. Cientos de miles de seres humanos visitan cada año la Alhambra y se quedan extasiados ante el paisaje. “Es la puesta de sol más hermosa que he visto” exclamó un ex presidente de los Estados Unidos. Juan forma parte de la belleza de ese paisaje. Desde el Albaicín y el Sacromonte ha visto muchas tardes la otra cara con la guitarra en sus manos. Ver la Alhambra con la sierra detrás desde el Albaicín es conmovedor a cualquier hora del día. Al amanecer, la hora en que se acuestan muchos flamencos, contemplar la Alhambra es un privilegio.

Así que Juan Habichuela Nieto ha estado a la vista de todos, pero el primero que se fijó en su arte fue Enrique Morente. “Tenía quince años. Estaba tocando en el balconcito de mi casa, pasó Enrique Morente y se fue a hablar con mi padre para que me dejara irme a Nueva York con él”.

 

MORENTE Y LOS MAESTROS
Juan no duda un instante cuando le preguntas por sus maestros. “Mi padre, mi abuelo, Enrique Morente.” Parece una respuesta habitual para cualquier aficionado al cante. Ser amigo, alumno, vecino o lo que sea de Enrique Morente te da derecho a formar parte de uno de los clubes más exclusivos del universo que te permite hablar de Morente y su música durante horas.

 

LA GUITARRA
Primero fue el ritmo, Juan quiso ser percusionista hasta que tuvo que guardar reposo por una operación y le llevaron una guitarra. Fue como si se casara con ella. Su abuelo Juan Habichuela iba para bailaor. “Estaba en Barcelona, vio bailar a Farruco y decidió no dar una patada más. Se fue hacia el Pesca (Antonio González, el marido de Lola Flores) le quitó la guitarra de las manos y se hizo guitarrista”. La historia la cuenta como si abriera un cofre con las joyas familiares. Juan Habichuela, su abuelo, le bautizó con su nombre artístico y también le legó alguna de sus guitarras. Cuando se para la grabación de la entrevista, Juan sigue con su ejercicio y su guitarra sigue sonando sorda.

 

ACOMPAÑANTE
Su abuelo, Juan Habichuela, fue un enamorado del cante, un tocaor cabal que acompañó a las más grandes voces de una generación irrepetible. Siempre saludaba un paso por detrás del cantaor y eso lo convirtió en la marca de la casa. Juan también acompaña al cante, en su caso a un colega y amigo, de su barrio y de su quinta: Kiki Morente. “Kiki fue conmigo de guitarrista a Nueva York con su padre, con Enrique Morente. Ahora no nos vemos tanto”. Agendas separadas. Juan está forjando su carrera de solista y Kiki se junta con toda clase de tocaores aunque también ha formado equipo con otro joven talento de Granada, David Carmona. En el futuro, parece asegurada la relación entre los Morente y los Habichuela.

 

UN ALTAR A PACO DE LUCIA
«Paco de Lucía es dios”. Juan se suma al batallón de guitarristas devotos del más grande guitarrista de todos los tiempos. En su segundo disco “Sentimientos de mi ser” le ha dedicado la rumba “Con nuestro corazón a Paco de Lucía” en la que colaboran dos de los músicos que forjaron la leyenda del flamenco-jazz: Carles Benavent y Jorge Pardo.

El santoral de la guitarra flamenca está plagado de prodigios, a los maestros reconocidos (que se cuentan por centenares) se han sumado las nuevas generaciones de portentos que, como Juan Habichuela Nieto, suman la sabiduría de antaño con la audacia de lo nuevo. Ahí es donde vuelve la humildad. “Siempre aprendes algo nuevo de los demás” Y Juan vuelve a sus ejercicios. “Aún no me creo que sea guitarrista, todavía no”. Dentro de unas horas llega el concierto, le quitará la gomespuma que impide ahora que su guitarra suene entera y se entregará al arte. “Soy un motor de emociones, lo que no digo en palabras, lo transmito en música”.

 
 
 

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