El alma del Luthier

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3 OCTUBRE, 2018 | MÚSICA | #ARTESANÍA, #ARTESANÍA EN MADERA, #INSTRUMENTOS MUSICALES ARTESANOS, #LUTHIERS

por Lorena Papí Rodes

Fue el sonido del violín el que atrapó a Pedro Ruiz del Árbol en el mundo de la luthería. Aunque entonces, cuando aprendía a tocarlo, aún no sabía que ese sería su oficio. Construir violas, violines y violonchelos —y restaurarlos— es lo que alimenta hoy su alma y su “ incansable curiosidad personal ”.

taller
   

en su taller de Madrid, integrado como un oasis de creatividad y de paz dentro de su propio hogar, practica el oficio de hacedor de sonidos, con su gran habilidad para convertir la madera en bellos objetos transmisores de emociones.

   

Y lo hace como lo hicieran antes los grandes nombres de la luthería clásica de cuerda frotada —Stradivari, Gudagnini, Guarneri, Montagnana— en la ciudad italiana de Cremona, siguiendo así una tradición centenaria. Pero atendiendo a una demanda muy actual: la del trabajo hecho a mano con esmero, con perfeccionismo, con amor por el detalle. La unicidad frente a la producción sin alma.

Activa el sonido del siguiente video para una experiencia completa:

Pedro no solo construye instrumentos. Con su trabajo pone en práctica su manera de entender la vida. O lo que quiere para ella. Así pasó de publicista a acabar abriendo un taller de luthería, por amor al violín. Y por la necesidad de hacer algo que le llenara: 

tocando
Tras recorrer todo un camino de formación, aprendizaje y trabajo para adquirir experiencia, decidí montar mi propio taller en mi casa, para poder consagrar mi vida a la música, al violín, desde una perspectiva personal y una manera de ejercer la profesión basada en mis propios valores y experiencias personales.

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Tras recorrer todo un camino de formación, aprendizaje y trabajo para adquirir experiencia, decidí montar mi propio taller en mi casa, para poder consagrar mi vida a la música, al violín, desde una perspectiva personal y una manera de ejercer la profesión basada en mis propios valores y experiencias personales.









Sus piezas son únicas y su sonido, irrepetible. Porque personaliza cada instrumento "a la manera de tocar y personalidad única de cada músico". No es el que lo toca quien lo hace suyo, quien lo lleva a su terreno. Es el constructor, el experto en sonido, el que consigue que el instrumento se adapte a la idiosincrasia del músico. "La cuerda frotada clásica, no busca el sonido amplificado y tratado", señala Pedro, "sino la proyección de las características únicas que tiene cada instrumento inigualable en manos de cada músico".

La dedicación y la paciencia son claves en la construcción de instrumentos. El trabajo pasa por innumerables fases, desde el diseño y la fabricación del molde hasta el acabado del instrumento, con el barnizado. Cada parte (las tapas, los aros, las efes, la barra armónica, el mástil, el arco) se trabaja por separado pero sin perder de vista su objetivo último.

partes-violin

Cada acción es relevante para el resultado final.

Son pautas de trabajo que comparte con otros artesanos, como los de Cervezas Alhambra. Y que se resumen en una premisa: darle a cada mínimo detalle la importancia, el tiempo y el espacio que merecen. 

maderas

Desde la elección de la madera —abeto y arce para las tapas y el mástil, pernanbuco y ébano para el arco— hasta la forma de tratarla. Solo así cada elemento puede funcionar perfectamente al integrarse en el conjunto y hay armonía en el resultado final. Como lo es para los maestros cerveceros la selección de las diferentes variedades de cebada y de lúpulo, el control del proceso de malteado y el respeto por los tiempos de fermentación lo que hace única cada una de sus creaciones. 

Desde la elección de la madera —abeto y arce para las tapas y el mástil, pernanbuco y ébano para el arco— hasta la forma de tratarla. Solo así cada elemento puede funcionar perfectamente al integrarse en el conjunto y hay armonía en el resultado final. Como lo es para los maestros cerveceros la selección de las diferentes variedades de cebada y de lúpulo, el control del proceso de malteado y el respeto por los tiempos de fermentación lo que hace única cada una de sus creaciones. 



mastil

Su mayor empeño como luthier es lograr la mejor sonoridad posible para cada pieza. Que la materia prima, combinada con su trabajo, dé lo mejor de sí. Dominar, domar al sonido domando la madera, a base de cepillo, de rasqueta y de gubia. Son esos rituales los que componen con su hipnótica cadencia la banda sonora de su taller; los sonidos que acompañan su día a día. 

Sonidos como el de las herramientas de corte, que, basándose en las plantillas, le dan forma a la madera. El del concienzudo vaciado de las tapas, que marcará en parte la sonoridad final del instrumento. El sonido de la gubia tallando la madera, definiendo el mástil. El cepillo modelando la madera y creando una lluvia de volutas. 

notas

Pedro dirige esta particular orquesta, marca el ritmo, decide las pausas, comprueba el resultado a cada paso, persiguiendo la perfección. Aporta la técnica y la habilidad a la hora de manejar las herramientas. 

También la sabiduría y los conocimientos sobre el funcionamiento de la caja de resonancia, al disponer de una manera precisa y no de otra la barra armónica, las efes y el alma, decidiendo con esta acción, en gran medida, el sonido final del instrumento.

la importancia del silencio

Pero para poder apreciar el valor y la belleza de sus instrumentos artesanales tan imprescindible es el sonido como el silencio. Cuando se produce el silencio, el tiempo se detiene. El oído está preparado para apreciar matices inesperados. Solo se necesita silencio para empezar a escuchar. Es entonces cuando se puede descubrir, como Pedro, qué sonido esconde el interior de un trozo de madera. Solo cuando escuchas el alma de algo auténtico es cuando puedes sentir su verdadera belleza.

Solo en silencio se puede llegar a apreciar hasta el suave crepitar de la densa espuma, al servir una Alhambra Especial en una copa o el ligero burbujeo, al destapar la botella. Una cerveza que se va revelando lentamente ante los sentidos. Que atrae todas las miradas, con sus diferentes matices dorados. Que conquista al olfato, con su perfecto equilibrio entre la malta y los aromas del lúpulo, siguiendo la receta de la tradicional Pilsner y sus notas afrutadas. Que invita al paladar a un viaje de sabores, desde el inicial ligero amargor hasta el dulce final. Que convierte un encuentro improvisado en uno de esos momentos tocados por la magia, cuando se aprende a apreciar lo cotidiano.

degustando

La construcción de instrumentos también es toda una experiencia sensorial, en la que no solo participa el oído. También el tacto funciona como una herramienta más: gracias a él sabe si está extrayendo a la madera todo su potencial, toda su sonoridad. Manos que no solo tocan, sino que intuyen, calculan en función de la textura, del alisado de la tapa. La vista es partícipe, si los ojos no solo ven, sino que miran, a través del voluptuoso y preciso tallado que da forma al mástil.

manos

Las manos expertas de un luthier como Pedro son capaces de calcular el resultado de cada proceso solo acariciando la madera. O haciéndola sonar suavemente, con los nudillos. Una habilidad que una máquina nunca podrá tener.







La luthería es mucho más que un trabajo para Pedro. Es una pasión la que siente por su oficio, los violines y la música. Pero la vive con calma, saboreándola. No trabaja con más de cuatro instrumentos a la vez y a su taller solo se puede acudir con cita previa. Las prisas se quedan fuera.

Pese a que su taller comparte espacio con su casa, lo ha convertido en su punto de venta. Le gusta que quien viene a buscar un instrumento, conozca de primera mano el proceso. Que ponga todos sus sentidos al servicio de la experiencia. Que pueda oler en el aire el polvo de la madera, deleitarse la vista con los instrumentos ya terminados, escuchar los sonidos familiares del taller.


Solo así se percibe que las creaciones de este luthier son únicas: sintiéndolas. Ocurre cuando una creación es única. Como las distintas variedades de Cervezas Alhambra.

Y es que hay cervezas que no se pueden explicar. Hay que sentirlas.

Se siente plenamente satisfecho con su trabajo que define como "la manera de poder vivir como me gusta, y para lo que me gusta, pudiendo crear obras de arte únicas en el mundo". Al trabajar en casa puede compaginarlo además con sus otras pasiones: la vida familiar y la crianza de sus hijos junto a su mujer.

Pedro mantiene viva la tradición cremonesa casi como una reivindicación, frente a ese intrusismo industrial que sufre el oficio y que acelera ciertos procesos para producir más. Reivindica "la práctica de la paciencia y el gusto por el detalle". El resultado le da la razón: solo del trabajo hecho en su práctica totalidad a mano, seleccionando con esmero la materia prima, eligiendo la herramienta adecuada y ejecutando cada proceso con paciencia, mimo y precisión se obtienen creaciones únicas. Incomparables.

Descubre cada rincón de este taller único: