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El alma del Luthier

El alma del Luthier

Fue el sonido del violín el que atrapó a Pedro Ruíz del Árbol en el mundo de la luthería. Aunque entonces, cuando aprendía a tocarlo, aún no sabía que ese sería su oficio. Construir violas, violines y violoncellos —y restaurarlos— es lo que alimenta hoy su alma y su “incansable curiosidad personal”. En su taller de Madrid, integrado como un oasis de creatividad y de paz dentro de su propio hogar, practica el oficio de hacedor de sonidos, con su gran habilidad para convertir la madera en un vehículo transmisor de emociones.