Arreglá pero informal: el respeto de Martirio por la tradición y su audacia para transformarla en algo nuevo

Por Marieta Zubeldia

Si estás leyendo esto puedes sentirte una persona afortunada. Tienes la suerte de haber coincido en tiempo —y si pudiste ir al concierto que dio en Jardín Cervezas Alhambra, también en espacio— con una cabeza llena de genio y un espíritu rebosante de libertad y valentía. Vives en la misma época que Martirio.

Sentados en la terraza del Jardín, rodeados de toda la belleza que nuestros sentidos son capaces de percibir, pensamos: ¿qué no daríamos por conocer a nuestros ídolos, a nuestros iconos? ¡Cuántas personas a las que admirar que ya nunca podremos conocer! Las Sinsombrero, el Círculo de Bloomsbury, la Generación Beat, la Bauhaus, la Escuela de Amberes… ¿Y si pudiéramos pasar un rato con alguna de las personas que formaron parte de estos grupos? ¿Y si pudiéramos conversar con ellas sobre el legado que dejaron y que hoy nos nutre tanto?

Maribel Quiñones pasará a la Historia —así, con mayúscula— del flamenco y de la música por haber sido pionera y haberse abierto paso a su manera. Arreglá pero informal. Es su estilo, su manera de hacer las cosas. Con el máximo respeto por la técnica, el proceso, la tradición y sus referentes, pero con el poderío y la audacia suficientes para saltarse las reglas y crear algo nuevo a partir de todo lo aprehendido. Del mismo modo que Cervezas Alhambra trae al presente un origen, el de Granada, y una tradición, la de 1925, en cada una de sus variedades, Martirio sabe recoger los frutos del pasado y convertirlos en joyas del ahora.

Hay varias formas de conocer a Martirio. La más fácil es a través de sus canciones, que son extensiones de sí misma y todas reflejan su impronta inconfundible. Comenzó en Jarcha, pero su visión creativa le llevó a evolucionar en solitario cuando se dio cuenta de que el flamenco podía fusionarse con otros estilos “con naturalidad”. Sus favoritos para jugar: la copla, el tango, el fado, la canción gallega, la latinoamericana, la canción popular española.

Se rodeó de amistades que enriquecían y engrandecían su espíritu, que potenciaban su talento. «Hay cosas que solo se te ocurren si estas al lado de personas inteligentes, divertidas o ingeniosas», recalca. Así creció hasta hacer de sí misma un icono que revolucionó todo el género. Y además de cante, en sus más de 30 años de carrera podemos encontrar teatro, televisión y radio.

Hoy, en 2019, nuestros caminos se cruzan y nos abre la puerta para hablar con ella. Dejamos que nos introduzca en su particular universo de creación y logramos conocerla a través de su trabajo y de su conversación. Martirio inspira. Al ser preguntada sobre aquello que queda de fusionar distintos géneros contesta así: «el poso es pensar que las fronteras son impuestas y que la tierra es la misma para todos». También es honesta y por eso ha mantenido en el tiempo su libertad de creación. ¿Cómo? En sus propias palabras, «gracias a la absoluta necesidad de estar de acuerdo con lo que me dicta el corazón».

Y el caso es que, al mezclar estilos, hay cinco canciones que le han dejado una huella especial: Torre de arena, Quisiera amarte menos, La Bien pagá, Dicen, En esta tarde gris y Volver. Lo que todas tienen en común es el cuidado proceso que siguió para transformarlas, como la mimada elaboración que se mantiene en Cervezas Alhambra, en la que se presta toda atención al detalle. «Estudiando las letras y viendo si la melodía y el ritmo de sus versos se emparentaban con algunos de nuestros palos flamencos sin que se desvirtuase su sentido, pero llevándolas a nuestro estilo», nos explica.

No se nos ocurre una forma adecuada de escuchar a Martirio porque, en realidad, hay una Martirio para cada ocasión, pero la propia autora nos marca el mejor de los caminos: «permanecer en estado de apertura, querer conectarse con la música, parar la máquina y dejarse llevar por las emociones». Parar y dejarse llevar. La onubense y Cervezas Alhambra hablan el mismo idioma.

Ella, por su parte, para componer, para «plasmar, meditar y darle vueltas» necesita el reposo de un ambiente tranquilo. «La soledad, la inspiración y la duda son imprescindibles para mí», remacha. Martirio disfruta de la música de todas las formas posibles y, cuando no canta, escucha. Le gustaría homenajear a Amalia Rodríguez y para un día de verano nos recomienda Kiko Veneno. Para invierno, «Andrés Márquez, pianista cordobés, que es una maravilla para ver llover».

En la vida, como en el directo, la artista es generosa. Da mucha importancia al detalle y a los detalles: «a la consideración con los demás, al buen gusto». Esto se refleja en sus conciertos, que ve como «una ceremonia» con la que se sigue «poniendo nerviosa cada día» y en los que prepara su set pensando en que lo adaptará según vea el estado del público.

Es un momento crucial. Un puñado de minutos en los que los segundos se estiran y las sensaciones se multiplican. ¿Qué emoción le gusta más despertar en su público?, le preguntamos. «Me encanta verlos luego en el camerino diciéndome que se han reído y han llorado… Que se han encontrado con sus sentimientos y que de alguna manera esa emoción es sanadora», revela.

Martirio tiene un podcast en Gladys Palmera que da gusto: Cantes rodados. Escucharlo te envuelve en una atmósfera de intimidad en la que es fácil imaginarse a la cantaora en una sobremesa de verano compartiendo sus anécdotas juntos a ti y otros amigos. Como, pese a que compartimos época, eso sigue siendo un privilegio reservado a su gente, nos quedamos con una de las enseñanzas con las que abre su programa.

«Hay que aprender de toda la música hecha con alma porque realmente nos enriquece como seres humanos para oír o comprender otras músicas y también para modelar la sensibilidad para cualquier otra actividad. La música buena de cualquier género es un alimento para crecer… en todos los sentidos». Viva Martirio.

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