Siete turrones artesanos para saborear y disfrutar sin prisa

Por Laura Elena Vivas

“Por aquellos tiempos, el Rey contrajo matrimonio con una princesa escandinava, quien tuvo que venirse a estas tierras dejando atrás su frío país de origen. La princesa se sintió muy triste al no poder disfrutar de los bellos paisajes de su país llenos de nieves perpetuas….”

Entonces surgieron las nubes blancas de los almendros, esas que se emplearon en aquella Jijona de entonces, para empezar a elaborar un alimento que se conservara largo tiempo y nutriera a los soldados que luchaban sin riesgos de intoxicación.

Y junto a la princesa de la leyenda y a los ejércitos hambrientos nacieron otras historias y afirmaciones que explicaban la raíz, de dónde vino el dulce que la versión más extendida dice que trajeron los árabes a la península. Algunas teorías han sido más aceptadas, otras quedaron ceñidas al radio de un sector. Lo cierto es que cada Navidad el turrón es necesario. Para saborear, para sonreír, para compartir.

Para disfrutar ese sabor que nos traslada a cualquier época de nuestra vida.

cortar turrones artesanos

Pero no hablamos de cualquier turrón, no es intención desperdiciar un espacio —este— que se llena de letras que narran las delicias de unas almendras seleccionadas y peladas, de una miel natural y unas claras de huevo. Del olor a tostado y las manos que mezclan sin cesar y sin prisa porque la paciencia es elemental en este proceso, hasta llegar a la pasta compacta color miel, blanquecina u oscura. De las planchas al fuego que sellan la tableta, de los moldes y los cuchillos o cortadoras que dan forma a las piezas.

Las letras durante estas líneas engordarán narrando el trabajo artesano, el trabajo despacio de los turrones hechos a mano como antaño, esos que recordarás o incluso conocerás porque son siete turrones elaborados con la paciencia del trabajo manual, del que no fabrica en serie, del de antes y también de ahora.

Los 7 turrones

5 generaciones en Bilbao: Adelia Ivañez

La historia de los turrones Adelia Ivañez la inicio Miguel en 1855. Jijonenco y emprendedor, se marchó al norte del país para dar a conocer los dulces que se puso a fabricar desde entonces en un local de la calle Correo 12.

Cuatro generaciones después, bisnieta y tataranieto, continúan la tradición en el mismo lugar, vendiendo los turrones artesanos que comenzó Miguel, manteniendo algunos elementos  como el piso de la planta superior y el tenederete del abuelo, conservando esos símbolos que los bilbaínos reconocen como parte de su tradición de comer turrones para disfrutar tranquilamente en casa con la llegada del frío.

Certificado de sabor: turrones Galiana

La tradición de los turrones Galiana viene del siglo XIX, cuando comenzó una elaboración que no ha variado y una forma de hacer las cosas que cree en la permanencia para mantener eso en lo que se han convertido, lo que hace que su tienda de Valencia tenga colas para adquirir sus dulces.

Esa misma forma de hacer las cosas les hizo asegurar su proceder con un sello de garantía y, a día de hoy, su historia los ha hecho una referencia en turrones procedente de Jijona, como no podía ser de otra manera.

turrones artesanos

Cuatro generaciones de turroneros: La Campana

No se sabe si es por la técnica, artesana, hechos a mano despacio y como merecen; los ingredientes, almendra Marcona y miel de romero; o la tienda, un lugar emblemático de Barcelona desde hace más de 100 años.

Los turrones que comenzó a hacer don Francisco Mira Miralles cuando salió de su Jijona natal y se instaló en  la Ciudad Condal, son buscados cada Navidad personalmente, encargados en su tienda online, disfrutados despacio porque merecen un tiempo de degustación.

Turrones tirados en un carro: Casa Mira

Cuentan que Luis Mira quiso probar suerte en la capital y por eso salió con sus turrones desde Jijona en un carro tirado por dos burras. Tenía apenas 21 años, y le fue tan bien con su visión de negocio y sus dulces que terminó abasteciendo a reyes y reinas.

Ahora sus turrones se venden en todo el país y parte de Europa, aunque su tienda física en Madrid supone un viaje en el tiempo hasta 1855 y una delicia para los sentidos.

Fabricados en Xixona: Turrones Sirvent

Presumen de ser la única turronería en Barcelona que fabrica en Jijona; de emplear los procedimientos de elaboración heredados de la familia desde 1920, cuando don Tomás Sirvent se trasladó desde la cuna del turrón hasta la Ciudad Condal; y de hacer sus turrones con tranquilidad y de forma manual.

Los clientes de los turrones Sirvent comentan lo que se intuye al verlos: que su sabor es ese de siempre.

La dulce espera: Turrones Verdú

Se espera porque merece la pena. Se espera porque el aroma a tostado envuelve y no importa aguardar. Para eso tiene la impronta de ser uno de los mejores turrones artesanos de Gijón, ese que a los gijoneses no les importa esperar en colas para saborear.

Porque Diego Verdú llegó de Jijona en 1878 y comenzó la tradición, y la familia ha conservado el mismo quehacer, aunque ahora se ha ampliado al plano virtual por si necesitas esperar en casa  más bien.

De La Rioja para el mundo: El Riojano

A Dámaso Maza lo llamaban el riojano por su procedencia. Con su buen hacer se convirtió en el pastelero personal de la reina María Cristina de Habsburgo, y con su espíritu emprendedor tuvo la idea de montar un negocio.

Desde entonces los turrones de Dámaso se hacen en casa como el resto de productos, y la confitería El Riojano es desde 1855 un atractivo para todos los paseantes del centro de Madrid que buscan un lugar con encanto y artesano.

turrones y miel de romero

Y después de leer sobre sabores, almendras e historias, quizás el deseo se reduzca a salir corriendo a tomar un trozo de turrón que sacie el capricho. Pero puede que, entre las prisas y salivaciones, quieras saber el desenlace de la historia de la princesa que comenzó estas líneas, ahora sí saciadas y a punto de masticar:

“… El rey, desesperado por ver a la nueva reina decaída, para evitar su tristeza, tuvo la idea de plantar por todos sus territorios, alrededor del castillo, miles de almendros. De este modo, cuando los almendros florecieron, sembraron el paisaje de tonalidades blancas, de tal modo que todo parecía nevado, y la princesa volvió a recuperar su felicidad. Los habitantes de Jijona, a partir de ese momento, aprendieron a recoger los frutos de los almendros y a tratarlos, elaborando así las primeras muestras de turrón y derivados.” Leyenda del origen del turrón.

Fotos | iStock/studioportosabbia, iStock/istockphotoluis, iStock/inatsiStock/margouillatphotos

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