Santa Teresa: donde lo tradicional y lo gourmet se funden en un solo sabor

Por Eva Gracia

Yema de huevo, azúcar, agua, cariño y paciencia son los ingredientes de la receta para hacer que una confitería abulense fundada en 1860 fuera capaz de ser una de las casas de gastronomía gourmet más pujantes, en estos tiempos donde la bollería casera ya casi parece haberse quedado restringida a un recuerdo de nuestra infancia. Esta es la historia de Santa Teresa que, en 1989, cuando se encontraba en la encrucijada entre morir o enfrentarse a un mundo apresurado, sin tiempo para detenerse y pensar, optó por reinventarse llevando la tradición como equipaje de mano.

En la segunda mitad del siglo XIX, en Ávila, nuestro protagonista, Isabelo Sánchez, dueño y fundador de la pastelería La Flor de Castilla —su denominación original—, se hizo con la marca registrada de las Yemas de Santa Teresa. Hizo de ellas su producto estrella durante décadas y logró que el nombre de la autora de aquel místico “vivo sin vivir en mí” se asociara a su casa y, sobre todo, a un sabor y una textura tan personales e identificativas como la de este tradicional postre.

La historia de Santa Teresa Gourmet

Este dulce, de reminiscencias andalusíes, nos transporta en cada bocado a tiempos pasados. Nos lleva de viaje al Convento de Santa Teresa de Ávila, donde, según cuenta la tradición, surgió esta pequeña delicia, nos hace sentir la calma que se respira en los recintos monacales, lugares en los que el tiempo se detiene y las pequeñas tareas se convierten en los mayores quehaceres. Y, en un solo mordisco, nos permite apreciar la dedicación necesaria para lograr que la sencilla mezcla de yema de huevo y almíbar se convierta en una masa uniforme, de textura suave y sabor celestial.

En 1989, cuando los dulces todoterreno —elaborados por procesos en los que prima la productividad y no el sabor, la calidad y el cuidado de la materia prima— copaban las meriendas y sobremesas, la marca vivió su momento más bajo. A punto de desaparecer, la familia propietaria requirió los servicios del abogado Julián Gil, que se enamoró de la empresa, la adquirió y se lanzó a salvarla abandonando para ello su carrera de letrado. Hizo de la historia de esta casa la suya propia y demostró que, con empeño, implicación en cada detalle y fe en el valor de lo artesano, salvar este emblemático postre español de la caída en el olvido era posible.

Comenzó entonces la ascensión a la gloria de Santa Teresa. A las yemas, dulce inspiración y guía en el proceso de reinvención y modernización de la marca, se sumaron otros productos que, hoy, son también santo y seña de la casa, como la carne de membrillo. Gazpachos, cremas, pastas, huevo hilado, salsas y hasta una mahonesa —con receta supervisada por Martín Berasategui— son solo algunos de los casi 100 productos que se pueden encontrar en su carta. Todos comparten una misma base: están hechos con ingredientes 100% naturales, con recetas de toda la vida, aquellas que nos hacen sentir como en casa estemos donde estemos, y sin conservantes ni colorantes. Y todo haciendo justicia al lema que Santa Teresa ha convertido en su filosofía: “Somos lo que comemos”.

Sus valores

yemas santa teresa Santa Teresa, que aboga por la producción artesanal y apuesta por el empleo local, no se olvida de la innovación, y hasta se ha atrevido a dar un giro a sus yemas introduciendo tres variedades nuevas con un toque original, diferente y muy contemporáneo. Además, ofrece sus productos en espacios gastronómicos de Ávila y Madrid que, convertidos en una extensión de La Flor de Castilla, respiran la paz y la calma propia de los obradores monacales.

Desde la meseta castellana hasta todos los rincones del mundo, ese es el recorrido que está haciendo Santa Teresa. En su peregrinaje ha llegado ya a Japón, Estados Unidos, Alemania, Francia o Bélgica, con sus yemas como bandera de una tradición centenaria que exportan mucho más que dulces artesanales: envían de viaje por el globo una forma de mirar la vida diferente, calmada, sencilla, rica y deliciosa.

De acuerdo, quizás la receta del éxito de esta casa no sea tan sencilla como mezclar huevo, azúcar y agua, pero, sin esos ingredientes básicos, e imprescindibles en nuestra gastronomía, las yemas no le habrían salido tan redondas a Santa Teresa.

Fotos | Facebook de Santa Teresa Gourmet, Rudi Riet

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