Porque el sabor necesita tiempo: Panic, los maestros del pan en Madrid

Por Nerea Campos Godoy

Madrid es una ciudad que sorprende. Con un paseo es capaz de conquistar a las mentes más curiosas y a los viajeros que buscan el detalle más único de las ciudades. Pero es también Madrid un lugar de contraste, donde el toque más cosmopolita y las tendencias más novedosas conviven junto a una manera de ser arraigada en las costumbres. En la naturalidad. En lo que nos es común como ciudadanos.

Por eso no es de extrañar que haya sido en una ciudad como ésta el lugar donde Panic, un grupo de verdaderos artesanos del pan, ha decidido desafiar al tiempo y sumergirse en él, para amasarlo y estirarlo.

Su manera de elaborar el pan es delicada, suave, se diría que sin exageraciones, buscando tan sólo lo esencial de la masa madre. Por eso preparan tan solo seis variedades de pan. Unos panes que están llenos de sabor porque incitan a que surja ese momento de Parar más. Sentir más mediante el que Cervezas Alhambra trata de que nos concedamos ese tiempo para oxigenarnos.

Justo así se hace el hueco tan necesario para prestar atención a los detalles: al sabor potente de un buen pan hecho de manera artesanal, a los destellos de una cerveza de larga tradición que sabe cómo traer lo mejor del pasado a nuestros días. Sólo de esta forma se puede conseguir que un bocado o un trago pasen por los paladares con todo su potencial, dejando el rastro que sus maestros artesanales han puesto en su sabor con intención de que perdure.

Esta manera de eliminar mentalmente todas las interferencias que tenemos alrededor se convierte en un procedimiento de atención, de redescubrimiento, en ciudades que a veces son una amalgama de estímulos. En Panic han sorteado ese camino de mostrar un producto como lo que es, para llegar a su esencia completa y exhibirla: un sabor que es como los de antes.

El despertar del sabor en el proceso de elaboración

Cervezas Alhambra y Panic tienen en común un sincero y honesto proceso de elaboración, donde la naturalidad es la auténtica protagonista. Ingredientes que hacen despertar el sabor, un equipo de profesionales experimentados en la materia y un respeto minucioso al tiempo son los tres componentes básicos de productos tan comunes como estos.

Los cereales son el ingrediente básico, pues en Panic se alejan de otros complementos que aderezan el sabor de forma misteriosa. Además, son muy respetuosos los tiempos de fermentación. Su horno huele a verdadero pan, donde se tuesta la corteza y el sabor se pronuncia de manera natural. La tradición tiene memoria y ese sabor de la infancia vuelve a nosotros con los productos que elaboran.

Es ese mismo proceso que sigue Cervezas Alhambra con la cebada. Un tipo de cereal que se presta a ser malteado, pero que antes debe reunir unas condiciones de humedad, oxígeno y temperatura. De esta forma, se transforma el almidón en azúcares fermentables y, posteriormente, se convierte la cebada en malta. Justo en ese instante es el momento en el que se potencia todo el sabor, el color y el aroma de una cerveza que también respeta los tiempos de todos sus ingredientes.

Los detalles que se esconden tras lo habitual

Cuando el proceso de elaboración se ha completado llega el momento de saborear el resultado. Seis tipos distintos de pan, entre los que destacan los de semillas, centeno o espelta, que se presentan en varios formatos, como la clásica barra, la hogaza de características más hogareñas o la chapata, perfecta para compartir.

Un producto estrella que capta las miradas y los paladares que una vez estuvieron acostumbrados a que ese aroma fuera normal en el pan. Sabores que vuelven, que siempre estuvieron y ahora se despedazan con la tranquilidad que da saber que su esencia no ha cambiado ni una pizca.

Así también es la Alhambra Reserva 1925, una cerveza pilsner de tradición e inspirada en el estilo de las Amber lager checas. Su icónica imagen ha hecho que Cervezas Alhambra sea muy conocida por su sabor de amargor moderado e intensidad que acaba con pequeños toques dulces.

La memoria convive también en la lengua, junto a esos momentos que nos concedemos para poder disfrutar, parar y saborear aquello que más nos gusta. Eso, la mayoría de las veces, son cosas tan naturales y cotidianas como la cerveza o el pan.

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Imágenes | Pexels, Twitter de Panic, Facebook de Panic

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