Mirar, ver, saborear con los ojos: los secretos de La Máquina

Por Laura Elena Vivas

Miramos sin ver. Nuestros ojos están acostumbrados a deambular sin detenerse en detalles, pero a veces, solo a veces y si nos dejamos llevar, son capaces de descubrir, de sorprendernos y, lo que es más importante, de ser la puerta para que otros sentidos entren en acción.

Dejan de mirar y empiezan a ver.

la maquina con cervezas alhambra

Hay rincones en pleno Madrid que son, precisamente, un despertar para los sentidos. Rincones en los que quitarte el reloj, olvidarte de las prisas y sentarte a disfrutar son requisitos fundamentales. Y Cervezas Alhambra ha descubierto uno de ellos para que tú puedas vivirlo en primera persona.

la maquina con cervezas alhambra

Nos acercamos hasta Chamberí, uno de los barrios madrileños por los que pasear y enamorarse de su trazado modernista y neomudéjar es todo uno. En La Máquina han sabido siempre que los ojos se detienen en aquello que vale la pena, que son una primera parada de una ruta que continúa hasta el olfato y remata en el gusto. Sabedores de que la experiencia de sentarse a la mesa es mucho más que la satisfacción de una necesidad fisiológica, todos y cada uno de sus procesos están orientados a que no haya uno solo de tus sentidos que no disfrute de la experiencia.

La historia de cada plato en La Máquina comienza desde temprano, mucho antes de lo que seguramente imaginen sus futuros comensales. Empieza con los proveedores, profesionales de confianza con la que trabajan desde hace muchos años y han escogido por ser cada uno los mejores en su sector.

Porque el producto es lo más importante.

restaurante la maquina y cerveza alhambra

Sin él no hay buen sabor, no existe la textura cierta ni los aromas a Cocina de verdad, con mayúscula. Sin el producto no comenzaría la conquista que se inicia con solo mirar el plato.

Los proveedores abastecen de materia prima. Llegan al empezar la jornada mientras chaquetillas y delantales van ocupando su lugar, se encienden los fuegos y se disponen los cuchillos. Se inicia así un trabajo arduo, en el que cuidar y mimar el producto para dejarlo perfectamente preparado y a disposición de las manos más expertas de los fogones.

No en vano estamos ante toda una referencia gastronómica en el barrio, uno de los espacios más frecuentados de la calle Ponzano, a la que todos los madrileños —y visitantes— saben acudir a comer y beber bien.

Las horas de la mañana vuelan entre julianas, espumados y sofritos y llegan los comensales. Hay que levantar el telón, recibirlos y dejarlos que exploren la carta, acompañados de una cerveza Alhambra bien fría y dejando que su imaginación vuele entre ingredientes y elaboraciones.

Un crujiente de pan de cristal, por ejemplo, con tomate y aceite de oliva virgen extra. Pero un crujiente con pan seleccionado, igual que los tomates que lo mojarán junto al mejor aceite. Una delicia proveniente de la cocina más tradicional, esa que se elabora en La Máquina, hecha por manos que conocen el oficio como nadie y el mejor producto, que marida tan bien con una Alhambra Especial.

cerveza alhambra maridada

Estampas que de mirarlas estimulan nuestro gusto casi virtualmente. Tapas que son tan nuestras y que nadie se cansa de pedirlas y degustarlas porque pueden producir vicio. El pincho Induráin es un imprescindible, un bocado que seguirá acompañando a la Especial porque el intenso sabor de sus ingredientes armoniza muy bien con el refrescante gusto de esta cerveza. Es el pincho que surge cuando se unen el mejor trozo de bonito, una anchoa, unas perfectas piparras y una deliciosa cebolleta con su aceituna.

Luego vendrán las tapas fuertes. Las que complementarán las anteriores y llenarán los estómagos con sabores de plenitud. Esas que obligan a parar más para poder sentir más, que se combinan con cervezas más intensas, elaboradas con procesos especiales porque sus ingredientes han sido tratados de forma única. Ediciones que entran por la vista al observar las líneas de la botella esmaltada y de color.

Los sabores también pueden sentirse con los ojos.

En el tartar de salmón con aguacate en salsa de mostaza y eneldo la materia prima se mezcla fácil, el pescado y la fruta son frescos, entonces se deslizan solos en el recipiente que los contendrá. Luego se juntan con la salsa y la especia para ir al pan que sostendrá la mezcla.

Sutileza y sabor a base de producto.

Y el lúpulo y la cebada que acompañarán en la bebida, harán que el paladar sienta a rabiar y casi nos despidamos de cada bocado con nostalgia. Pero vendrá otro sabor que lo sustituirá y casi —casi— nos hará olvidar lo que acabamos de dejar marchar.

Alhambra reserva 1925 con tapa

Las albondiguitas de ternera en salsa La Máquina bien merecen la espera. Carne jugosa acompañada de una salsa secreta, un aliciente perfecto para que tratemos de desvelar los ingredientes, los matices y las especias ocultas en cada bocado.

A su lado, la cerveza, que hará bailar los matices en la  boca.

Entonces concluye la experiencia.

Te hemos descrito un momento. Un instante que también requiere del sexto sentido: el tiempo. Segundos, minutos en los que se necesita que todos ellos —los seis sentidos— actúen para poder disfrutarlo de verdad.

Que requiere dejar de mirar para empezar a ver, y luego permitir que el resto de los sentidos hagan unan.

Cervezas Alhambra cree en el valor de estos momentos: por eso teníamos que mostrártelo.

 

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