Un paseo por el Mercado Colón de Valencia, allí donde la historia y la gastronomía se dan la mano

Por Lorena Papí Rodes

El Mercado Colón de Valencia es un buen ejemplo de cómo esta ciudad crece al abrigo de su propia historia. Las grandes urbes como Valencia son seres vivos que respiran y evolucionan, al ritmo de sus gentes; de su manera de vivir, de pensar y sentir. Nunca dejan de madurar, ni su piel, de mutar. Pero ella, la ciudad levantina, avanza sin dejar atrás lo que fue, porque progresa poniendo en valor su pasado e integrándolo en su presente. Cuando se erigió el Mercado Colón, hace más de cien años, este gran edificio modernista  fue protagonista del primer ensanche que vivió la ciudad amurallada y llegó a ser su gran corazón comercial. Hoy sigue desempeñando un papel protagonista: el de su propia revolución y cambio de paradigma.

Porque con el tiempo ha variado el uso que los valencianos hacían de este tradicional mercado. El gran crecimiento experimentado esta parte de la ciudad y la proliferación de otros comercios y galerías comerciales acabaron por eclipsar a la gran obra del arquitecto local Francisco Mora, aunque no su belleza ni su importancia histórica, pese a que llevaron al edificio a un estado cercano a la ruina.

Fachada del Mercado de Colón de Valencia

Hasta que se proyectó su gran renacimiento, en 2003. Tras una gran rehabilitación —galardonada con el premio Europa Nostra 2007— disfruta de una segunda oportunidad, esta vez como templo de la gastronomía más creativa y de la alimentación gourmet; como gastromarket.

Pero también como lugar de encuentro entre los habitantes de la ciudad que van hasta allí para disfrutar de su tiempo de ocio, los turistas que van a conocer esta obra y los que trabajan en el centro y se refugian allí del ajetreo, convirtiendo así la pausa laboral en un momento especial en el que todos los sentidos se implican. Y disfrutan.

Las dos vidas del Mercado de Colón

Adaptado al ritmo actual, es un espacio abierto a nuevas ideas y participa de la efervescencia cultural de la ciudad. Un lugar de convivencia entre tradición y vanguardia, entre pasado y presente. Un refugio de paz —idóneo para el deleite sin prisas, como una botella de Alhambra Reserva 1925, esa que tomamos en las tardes más pausadas y especiales— completamente integrado en el bullicioso corazón de la ciudad mediterránea, pero que late a su propio ritmo. No importa cuánta gente, tráfico o ruido pueda haber cerca.

Tampoco resuenan las voces de los comerciantes en Colón, que hoy apenas ocupan parte del espacio habilitado para ellos en la planta baja: una pescadería, una frutería, una charcutería y una carnicería, Varea, especialista en hamburguesas gourmet, de elaboración propia y con decenas de imaginativos sabores. Solo una pequeña representación de lo que fue el Mercado en su anterior vida.

El Mercado de Colón ha pasado así de ser un lugar de abastecimiento local a principios del siglo XX para convertirse, en pleno siglo XXI, en un espacio para detenerse a sentir y vivir otras experiencias, a través de diferentes espacios y eventos: desde recorrer un zoco de antigüedades hasta celebrar el Festival de la Clòtxina (el mejillón con denominación de origen valenciano). O viajar hasta Francia, transportado por los olores que emana la gran variedad de quesos de importación que pueden encontrarse en Manglano. Original de 1955, hoy persiste en el Mercado, con su puesto de charcutería y su tienda de delicatessen, elegida mejor boutique gastronómica de España en 2009.

Interior del Mercado de Colón de Valencia

Colón ha cambiado su esencia pero mantiene intacto su imponente aspecto. Sigue siendo, junto al Mercat Central, parte del patrimonio arquitectónico más emblemático de Valencia. Y desde 2007, monumento declarado Bien de Interés Cultural. Con sus tres naves (una central de gran altura y dos laterales) erigidas sobre un esqueleto de metal y sus dos fachadas con piel de ladrillo y cerámica, comparte estilo y casi época con aquel otro gran zoco de la ciudad.

El revestimiento de mosaico, que alegra las originales torres de cubiertas onduladas que flanquean ambas fachadas, es una excelente muestra de la técnica de trencadís, inventada por Gaudí. Ambos edificios —el Mercat Central de València y el Mercado de Colón— son también el resultado de la influencia de otros modernistas catalanes como Doménech i Montaner, Puig y Cadafalch en las obras de la época.

Un paseo gastronómico

Hamburguesa Varea en el - Mercado de Colón de Valencia

El Mercado de Colón es un espacio diáfano, que deja pasar la luz natural a través de su luciérnago lateral y que permite disfrutar bajo su techo de la visión del exterior: puedes sentarte en un café-terraza y disfrutar del concepto de casual food o degustar un desayuno orgánico, al abrigo de más de cien años de historia, mientras observas cómo el futuro sigue siendo imparable en los aledaños de la gran manzana que ocupa el Mercado.

La transparencia domina el espacio, incluso en su planta baja, que aprovecha toda la luz exterior. Ésta llega atravesando la gran vidriera de una de sus fachadas, que queda mágicamente reflejada en un pequeño estanque artificial.

Pantalanes y restaurantes con propuestas culinarias muy distintas —desde cocina mediterránea hasta nipona—e incluso un pub conviven en esta planta, ampliada en las obras de rehabilitación. Es precisamente esta unión, la de los puestos de mercado de toda la vida que aún tienen un hueco en esta nueva propuesta con la de los restaurantes más vanguardistas, la que convierte a Colón en un mercado único.

Cualquiera que se detenga ante su fachada o pasee por su interior puede sentir cómo el tiempo se suspende. Es una visita que induce al caminar pausado y contemplativo, para poder apreciar adecuadamente cada detalle: los coloridos mosaicos, las costumbristas escenas pintadas sobre cerámica, las grandes vidrieras. Porque las cosas bien hechas requieren parar más para sentir más. Como las Cervezas Alhambra, cuyos matices, aroma y sabor embelesan a los sentidos e invitan a deleitarnos con el momento.

En el Mercado de Colón la historia se fusiona con el presente más innovador, al igual que se mezclan el arte, la cultura y la gastronomía. Un recorrido para disfrutar, que vale la pena descubrir y repetir, para no perderse su constante evolución.

Fotos | Pixabay/germannavas1, iStock/venemama (1) y (2), Instagram/@vareacarnes

En Momentos Alhambra | Los secretos gastronómicos de los mercados de Madrid

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