Comprar con los cinco sentidos: el Mercado Central de Valencia

Por Lorena Papí Rodes

El Mercado Central de Valencia se encuentra en la Plaza Ciudad de Brujas, a las puertas de la Ciutat Vella —el laberinto de calles empedradas que conforman el casco histórico de Valencia— y muy próximo al Ayuntamiento, en pleno corazón de la ciudad del Turia. Es allí donde, dominando con su gran presencia arquitectónica, se alza imponente con sus bellas cúpulas de hierro y cristal, sus vidrieras de colores y sus azulejos el edificio modernista que acoge toda la vida, la algarabía y la alegría del mercado.

Una algarabía resuena en los altos techos de este singular Mercado, el centro neurálgico del comercio de productos frescos de la ciudad. Siglos atrás, otros valencianos intercambiaban dinero y conversaciones con otros mercaderes; acudían hasta allí, la antigua ciudad amurallada, para comprar pescado recién traído de la lonja y verduras y hortalizas frescas, cosechadas en esas huertas bendecidas por el clima levantino.

tejados del mercado central de valencia

El Mercado gobierna los alrededores desde el mismo emplazamiento que, durante toda la Edad Media, absorbió la vida popular de la ciudad. En la misma plaza que acogió, durante la larga presencia de los árabes en España, un zoco musulmán.

La historia y arquitectura del Mercado Central de Valencia

Hace ya 90 años que ese espacio lo ocupa el actual Mercado Central de Valencia, uno de los mercados más grandes de Europa —además de pionero en el comercio online— y uno de los edificios que más curiosos atrae en la ciudad. No en vano, está flanqueado por la Lonja de la Seda, otra construcción histórica, y El Carmen, otra de las joyas del urbanismo valenciano, empieza a extenderse desde las calles aledañas al Mercado.

exterior del mercado central de valencia

Viajeros y locales, vecinos y curiosos recorren sus pasillos —dedicados a ilustres valencianos como Berlanga o Blasco Ibáñez— guiados por sus sentidos. Para conocer a fondo el mercado, solo hay que dejarse llevar por el estallido de colores y la frescura de los productos. Pero sobre todo, por los olores: el tono avinagrado con matices salados al pasar cerca de los encurtidos y los salazones; el olor a mar al llegar a la zona de pescadería; el aroma a recién cosechado de la fruta y la verdura.

Sin duda es el olfato el que más estimulado se siente,  igual que si saboreásemos una Alhambra Reserva 1925 helada, guiando nuestros pasos de un puesto a otro, de un aroma a otro. Hasta que se alza la vista, para admirar el propio edificio, en ejemplo de la particular arquitectura modernista de Doménech Montaner, con quien se desarrollaron profesionalmente los responsables de su diseño. Hasta que se descubren su cúpulas de hierro y cristal, ornamentadas con esa cerámica decorada que es toda una embajadora de la artesanía valenciana.

Más de 300 puestos de ayer y de hoy

puesto de legumbres del mercado central de valencia

Algunos puestos parecen haberse detenido en el tiempo. En ellos se exhiben las legumbres a granel en grandes capazos y en cestas, como antaño. Cuelgan los pescados que han sido secados y salados, siguiendo el procedimiento artesanal que permitía conservar estos productos en las alacenas y despensas por mucho tiempo. O se venden caracoles, uno de los catorce ingredientes de una paella tradicional valenciana. O turrones artesanales y peladillas de sus vecinos alicantinos.

Artesanal, eco o delicatessen

Otros comercios son un claro ejemplo de cómo el Mercado Central de Valencia está vivo, crece y madura, acogiendo nuevas ideas: productos ecológicos, croquetas artesanas, frutas tropicales, especias de todo el mundo o té de todos los sabores. Incluso comercios gourmet dedicados a las delicatessen de la tierra como aceites, mieles y conservas.

Siempre teniendo en cuenta la sostenibilidad y el trato cercano, favoreciendo los productos frescos y naturales del entorno de Valencia. Calidad, sabor, frescura, innovación y alimentación sana, son protagonistas de este mercado que cada vez amplía más su oferta.

Un festival de colores, sabores, olores, sonidos y texturas

Más de 300 tiendas distintas suponen una fiesta para los cinco sentidos. De lunes a sábado de 7 a 15h, nos esperan productos frescos o elaborados, del mar y de la tierra, para que nos deleitemos con el espectáculo. Aunque también está la posibilidad de comprarlos online si un día queremos disfrutarlos desde casa.

En el mayor centro de Europa dedicado a la especialidad de productos frescos, se mezclan los compradores habituales, con curiosos y turistas, al igual que las conversaciones, los aromas y los colores vibrantes y característicos de cada uno de sus puestos. Tiendas en las que detenerse a mirar, a comprar, a reencontrarnos con la tradición o a conocer nuevos sabores.

Momentos para comer, degustar y contemplar los alrededores

buñuelos con bacalao

Pasear entre delicias del paladar sin duda abre el apetito. En el Central Bar te espera una oferta tan variada como deliciosa, en la que se puede degustar desde ostra valenciana al natural, hasta bocadillos con nombres tan sugerentes como “Canalla” y “Tonyineta”, pasando por platos innovadores de restaurante y tapas tradicionales como los buñuelos de bacalao.

Pero la presencia del mercado no acaba en el interior. Si llevas la cesta cargada, en algunos bares próximos al Mercado Central de Valencia puedes incluso degustar los productos que acabas de comprar: los cocinan para ti por un módico precio.

Los tenderetes de flores y las sonrisas de los que se apostan en el bar de la plaza para recibir los rayos de un sol que casi siempre brilla en Valencia, alegran el entorno.

Un ambiente lleno de vida

En las faldas del mercado, las tiendas de souvenirs para turistas se alternan con las de artesanía, donde se pueden adquirir los tradicionales cacharros de barro para cocinar arroz al horno. Los vecinos más jóvenes del barrio, que se mudaron buscando ese encanto de la Ciutat Vella, con los que llevan toda su vida allí, siempre fieles al Mercado. Entendiendo que comprar, como comer, se ha de hacer con los cinco sentidos. Deteniéndose a oler, a tocar —cuando el tendero te deja decidir si la pieza está suficientemente madura— , a admirar la frescura de los productos, libres de plásticos, de conservantes o de envases.

En una sociedad que parece vivir siempre con prisas, comprar en un mercado, detenerse a charlar, dejarse asesorar, recibir sonrisas y un trato personal… es casi algo terapéutico. Una experiencia plagada de pequeños instantes de felicidad, de placeres que se saborean, se huelen, se experimentan.

Visitar el Mercado Central de Valencia es descubrir su ritmo, con tiempo para enamorarnos de su arquitectura, mientras decidimos qué productos nos apetece probar o cuál es la siguiente parada en la que vamos a detenernos. No solo es cuidar lo que comemos, es alimentar nuestros sentidos.

Fotos | Facebook/@MercadoCentralValenciaInstagram/@beus_around_the_world | Facebook Central Bar

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