Lucía Freitas, o cómo conseguir que el producto más auténtico deslumbre en cada plato

Por Cervezas Alhambra

La gastronomía forma parte de la cultura de cada país. Mediante sus platos y su elaboración, podríamos adivinar cómo son sus gentes, la pasión con la que viven la vida y el tiempo que dedican a los pequeños detalles del día a día.

La pasión es el arma con la que consiguen destacar los mejores artesanos. Lucía Freitas, chef gallega con más de 10 años de trayectoria profesional, una Estrella Michelin y dos restaurantes que rodean la Plaza de Abastos de Santiago de Compostela, conoce a la perfección la receta de esa pasión y de la lucha por perseguir un sueño. Ese sueño que la acompaña día y noche desde que era pequeña.

Un sueño hecho realidad

«De niña, siempre fui muy introvertida y me pasaba el día en la cocina de mi casa. Allí, las horas pasaban volando. Tenía un listín telefónico pequeñito donde apuntaba las recetas que veía en la televisión y las personas que venían a casa eran mis catadores», cuenta Lucía retrayéndose a sus inicios.

El plato estrella de la gallega antes de convertirse en una chef de fama nacional e internacional era su lasaña. «Aunque no me quedaba ahí. Hacía de todo: empanadas, galletas, pistos con los productos de la huerta de mi padre…».

Además, hay un plato que siempre ha acompañado a Lucía en su trayectoria: las mollejas. «Antes, cuando las cocinaba con mi padre, las realizábamos fritas, con ajo y perejil. Después, cuando abrí el restaurante, hice una valoración de ellas. Una especie de molleja recocida primero y, luego, resolada con un punto de savia, Pedro Ximénez, vinagre, tomillo. Y acompañadas con productos de temporada como remolacha, setas… Y un poco de queso de cabra». Perfectas para maridar con una de Las Numeradas: la Amontillado de Cervezas Alhambra, en la que el intenso y destacado aroma a caramelo equilibra el plato y nos deja una sensación única en boca.

Las manos de Lucía se difuminan entre ingredientes y útiles de cocina. Cada plato que sale de los fogones de A Tafona y Lume, sus dos restaurantes, forman parte de su identidad personal. Una gastronomía serena pero con carácter, como una Alhambra Reserva Roja, ambas elaboradas para ser disfrutadas despacio, deteniéndonos en todos sus matices. Solo así puede un plato —y una cerveza— desplegar en nuestro paladar todo lo que se ha vertido en su creación, cada intención y cada emoción implicadas en el proceso.

El proceso de selección en cada bocado

Matices que son el reflejo de un proceso de selección de ingredientes curado, buscando la perfección para hacer disfrutar de cada trago. Para conseguir que los comensales paren y sientan todo lo que querían sentir. O desvelar nuevas sensaciones y recuerdos que se escondían en sus paladares, esperando a ser descubiertos. Sabores que creían conocidos pero que se redescubren en nuevas combinaciones y texturas.

Lucía juega con los platos del recuerdo, desde unas alubias hasta unas sardinas a la brasa. Esos recuerdos que saben a casa, a sentirse bien. «No considero que sea una cocinera arriesgada, pero me divierto con cada plato acompañando lo tradicional con sabores nuevos, aromas que evocan emociones, formas diferentes a las establecidas… Siempre llevando un hilo conductor y cuidando el emplatado», cuenta la chef.

Galicia es a Lucía Freitas lo que Granada a Cervezas Alhambra

En cualquiera de los restaurantes de Lucía Freitas se come Galicia. «Si abriese un restaurante en Madrid, me llevaría todo de Galicia». Galicia es a Lucía Freitas lo que Granada a Cervezas Alhambra.

Enamorada de cada rincón de la capital gallega que la ha visto crecer, de sus materias primas, del océano como proveedor, de las lonjas y su frenético vaivén… La tradición llevada al presente. Años de elaboración que pasean por nuestros paladares para acabar conquistándonos con su sabor.

Todos los días a primera hora, Lucía cruza la calle y compra en la Plaza de Abastos de Santiago de Compostela. «El mercado es la mayor despensa y la mejor nevera que hay», confiesa agradecida la cocinera. «Mis placeras me guardan los mejores ingredientes». Sonríe y confiesa que ellas han sido piezas fundamentales en su crecimiento profesional y las considera parte de su familia.

La calidad de un ingrediente es indispensable para que Lucía haga de él un plato único con el que disfrutar. Su cocina va mucho más allá del sabor. Crea sensaciones.

Además del mercado, Lucía busca en su propio huerto los ingredientes justos para cada plato. «En mi huerto se prueba todo». Las flores dan un toque especial a las sensaciones que se transmiten en cada creación. El aroma consigue despertar los sentidos y transportar las emociones a rincones inauditos, sin moverte de la mesa de un restaurante de Santiago de Compostela.

Un punto de inflexión en el camino

«El tiempo influye en todo y creo que es lo que marca la diferencia», dice Lucía. Durante años, trabajó en su restaurante sirviendo menús diarios que, prácticamente, no generaban beneficios suficientes para pagar más manos, ni productos de la calidad que ella quería ofrecer a sus clientes.

Lucía vivió en una frustración constante sabiendo que podía dar mucho de sí, dejando de disfrutar de su trabajo y no exprimiendo su talento en cada creación. Pero nunca apagó los fogones de su cocina.

«El punto de inflexión más grande en mi vida fue tener a mi hijo. Todo cambió y me di cuenta de que podía conseguir lo que me propusiese. Me planteé qué quería en mi vida y qué restaurante quería. Aposté y hubo gente que creyó en mí. Cervezas Alhambra confió en mí antes de que yo confiase en mí misma. Entendió que tenía un camino que perseguir», se sincera la gallega mientras, inconscientemente, acaricia entre sus manos una Alhambra Reserva 1925.

Parar, mirar a tu alrededor y respirar. Sentir que todo irá bien. Emprender un nuevo camino en buena compañía. Parar y sentir que todo es posible.

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