La PEPA (Pequeños Panaderos Afines): panaderos artesanos que dan nueva vida a la tradición

Por Águeda A. Llorca

Dicen que la prisa nunca es buena consejera, pero este tradicional dicho rara vez nos aconseja en nuestra ajetreada vida diaria. Prisas para llegar al trabajo, o a clase, prisas para coger el tren —¿el autobús?— y volver a casa, prisas hasta para disfrutar de la compañía de los amigos, de la pareja. ¿Dónde han quedado los buenos momentos donde el reloj pierde su primacía y nos dejamos llevar?

Esta es una de las preguntas que se han debido de formular los integrantes de la PEPA, un reducto de amantes del pan y la panadería tradicional, la que no pone plazos, ni fechas de entrega ni cronometra. La que se disfruta con los cinco sentidos. La que, en definitiva, deja que el tiempo lo marque el pan.

Estas siglas dan nombre a una agrupación de Pequeños Panaderos Afines con un romántico pero férreo objetivo en común: el de volver a hacer buen pan. Unos apasionados de su profesión que, con recetas de toda la vida, e incorporando procesos actuales, han conseguido revitalizar este noble alimento y lo han vuelto a colar en nuestros hogares. Esta es su historia.

La historia de la PEPA

Con una trayectoria breve pero intensa, la fundación de la PEPA se remonta poco menos de dos años atrás. Un nacimiento marcado por la casualidad y el buen hacer que tuvo lugar allí donde el pan se cocina: un obrador. Fue en el de El Horno de Babette, donde dos de sus miembros actuales comentaron de forma casual la posibilidad de llevar a cabo intercambios entre varias panaderías. Una idea que quedaría en el aire entre la harina y el olor a hogaza recién horneada, pero que sentaría las bases para este colectivo.

Con el tiempo, esta ilusión se convirtió en una realidad a la que fueron sumándose nuevos negocios procedentes de todos los rincones de la península; un proyecto que fue ganando fuerza en un contexto en el que aprendizaje y tradición se erigieron con pilares fundamentales.

Una de sus iniciativas, el circuito de panes de autor, ha abierto las puertas de pequeñas tahonas y panaderías tradicionales entregadas en cuerpo y alma a la elaboración de panes artesanales con sabores contemporáneos. Durante las diez semanas de duración de cada circuito, que acumula ya dos ediciones, cada una de las panaderías integrantes elabora un pan propio, ofreciendo de esta forma su mejor saber hacer y toda la maestría de su oficio.

Así, en uno de los circuitos pudimos encontrar desde un tritordeum con semillas de chía y quinoa roja y blanca hasta un centeno con lavanda y miel, pasando por un clásico pan candeal andaluz o un atrevido pan de patatas revolconas.

Muestras, en definitiva, que tratan de acercarlos al buen hacer de sus compañeros y una idea que busca el deleite, el compartir y la comunicación entre los amantes de este alimento.

La revista

Con una fotografía cuidada, artículos especializados y un lenguaje que haría relamerse a cualquiera; así es la revista de la PEPA, un medio fundamental para dar a conocer todo lo que hay detrás de esta agrupación. La publicación vio la luz por primera vez en junio del año pasado y cuenta con una “preciosa corteza” y una “miga” muy jugosa. Y es que entrevistas, columnas de opinión, crónicas, conversaciones, recetas y casos únicos se retratan con mimo en su interior.

Un cariño que es la principal constante en cada número, de tirada trimestral y en el que abordan cuestiones tan interesantes como la trayectoria actual del pan de molde, los fragantes panes de chía y quinoa y entrevistas con figuras internacionales del mundo de la panadería más artesanal.

‘A12manos’


‘A12manos’ es otra de las propuestas de la PEPA para contribuir al conocimiento sobre el pan y acercarlo a todos aquellos panaderos que quieran volver a elaborar un pan con entidad propia, con el que disfrutar cada bocado y en el que descubrir nuevos matices y sabores.

Los ‘A12manos’ son encuentros organizados por los miembros del colectivo que, tras elegir una temática inicial, realizan varios experimentos previos sobre la cuestión seleccionada en sus respectivas panaderías, con el fin de poder compartir sus resultados y descubrimientos con el resto de compañeros panaderos.

Se trata, por tanto, de una especie de “laboratorio panarra atemporal” y ambulante en el que tienen cabida no solo los expertos y profesionales, sino también los aficionados del pan, tanto aquellos que adoran amasarlo con sus propias manos como a los que, sencillamente, son apasionados que desean viajar por toda la península conociendo otras prácticas y culturas.

Imágenes | Twitter de El Horno de Babette, Facebook de PEPA, iStock: PointImages y sjenner13, Unsplash – Ben Garratt

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