El arte de poner la mesa: recetas para contemplar

Adorno para mesa

31 OCTUBRE, 2018 | GASTRONOMÍA | #ARTISTAS CONTEMPORÁNEOS

por Eva Gracia

¿Podemos transformar un ritual tan sencillo como es poner la mesa en un ejercicio de dirección de arte? Carolina Ferrer lo hace a diario. Las mentes creativas tienen la habilidad de desplegar su talento incluso en las tareas más simples y cotidianas. En quehaceres tan pegados al día a día como el simple hecho de colocar los cubiertos, los platos y los vasos.

Ella ha hecho de su cocina una de las más famosas de internet gracias a su blog, que lleva por nombre ‘La cocina de Carolina’, y su perfil de Instagram. En ambos, a golpe de recetas, mesas increíblemente bellas y fotografías que captan la luz de la mañana con todos sus matices, Carolina ha ido fraguando un universo creativo muy personal, único y tremendamente acogedor.

Carolina Ferrer y su delantal

l a cocina es su entorno de trabajo. Y también su gran pasión. Lo es desde niña, cuando su tía y su madrina le regalaron unos libros de recetas infantiles y se prendó para siempre de la magia de los postres. El delantal la acompaña a diario desde hace unos años, cuando Carolina Ferrer decidió hacer lo que a veces muchos desean: cambiar lo que se tiene por lo que se quiere.

Dejó su trabajo como ejecutiva de cuentas en una agencia de comunicación y consagró su tiempo a la paz que imponen los minutos contemplando el horno, midiendo cantidades de harina, mezclando ingredientes en un bol. Así comenzó a alimentar la aventura que hoy es su principal ocupación.

Pero hubo un punto de inflexión. Un empujón definitivo. En el primer cumpleaños de su hijo mayor, Carolina preparó un pastel que causó sensación en los mares de internet. Aquel fue el “adelante” que necesitaba. La muestra de que su trabajo, a través de los ojos, conquistaba paladares.

Porque esa es una de las características principales de ‘La cocina de Carolina’. Las suyas son recetas para contemplar, recetas que nos invitan a observar cada detalle, a apreciar cada arruga de las telas que revisten sus bizcochos. A imaginar el aroma que emana del horno en cada una de sus elaboraciones. A desear zambullirnos en cada una de sus fotografías, que tanta calma transmiten.

Que tanto nos invitan a Parar más, Sentir más.

La Cocina de Carolina





El proceso, en la cocina de Carolina Ferrer, comienza con un paseo por el mercado. “Siempre empleo ingredientes de temporada. Me gusta ir al mercado y elegir la receta que voy a preparar según lo que vea allí”, cuenta. Ella, que deja las prisas de lado y se rinde a su instinto, cocina con las recetas que ha interiorizado en la mente, sí, pero también con la intuición como guía de sus manos. Sentir cómo, en un instante, la inspiración aparece y sabes que tienes que incluir ese ingrediente y ninguno más en tu preparación es un pálpito difícil de narrar; es algo que hay que vivir. Igual que hay cervezas que no se pueden explicar, hay que sentirlas.





Rama decorativa para mesa

Los postres siempre han sido la debilidad de Carolina. Y los bizcochos, su especialidad. Como el de cacao, ese que, solo con oír su nombre, ya imaginamos su sabor y casi lo sentimos despertando en nuestro paladar.

Ella, con la disciplina que confiere la práctica, prepara todos los elementos de esta receta. Harina de almendra molida, cacao, huevos… La magia comienza a surgir con unos ingredientes básicos como personajes de la embelesadora obra de teatro en la que se convierte la cocina cuando Carolina trabaja.

El arte de poner la mesa

Y, entonces, aparece en escena un personaje más. Carolina incorpora a su receta una Alhambra Especial, el ingrediente que dará un extra de esponjosidad y de personalidad a su bizcocho. El elemento que, con sus notas florales y su suave amargor, potencia al resto. Como potencia esta cerveza, con sus toques afrutados y su recuerdo a corteza de pan cuando roza nuestro paladar, la experiencia de pasar una tarde con amigos. Un encuentro casual que se convierte, regado por el líquido dorado de esta cerveza, en un momento especial.

Alhambra Especial se adentra, sin complejos, en la receta de Carolina. Y la hace diferente. Se mezcla con esa masa que se torna oscura al contacto con el cacao. La amalgama que Carolina coloca con cuidado en el molde y rocía con delicadeza con las semillas que harán crujir nuestros colmillos. Entonces, con el bizcocho en el horno, es momento de dejar paso a al tiempo, el sexto sentido que sirve de columna vertebral del resto y que se convierte en la antesala de la paciencia. “En la cocina no puedes decir ‘lo quiero ya’, cada vez que haces un plato es un proceso diferente”, dice Carolina, que ha aprendido a esperar mientras sus elaboraciones toman forma.

El oído alerta: el horno habla y dice que el bizcocho está listo. Es en ese momento cuando Carolina Ferrer se prepara para poner la mesa. Y para sacar a relucir su talento en este sencillo y bello arte.

El arte de poner la mesa

De su colección de vajillas, todas compradas en viajes o en mercadillos, Carolina escoge una de tintes azules, ligeramente oxidada, que compró en el zoco de Marruecos en una escapada al país de los aromas y los colores. Crea con un pedazo de tela una mullida cama para su bizcocho. Lo acompaña con unas pequeñas ramas, unas flores secas que tiene en casa y una Alhambra Reserva 1925. 

Una cerveza hace que una mesa tenga vida, nos indica que ahí hay personas


Personas hablando, degustando, saboreando, disfrutando de lo pequeño con calma. Dedicándose, sencillamente, a Parar más, Sentir más.

~ Ingredientes para una mesa con alma ~

  • cortando
  • Una receta hecha con cariño como elemento central mantas
  • Un plato con historia, de estilo rústico como la receta paisaje
  • Una tela suave, la cama perfecta de un bizcocho degustando
  • Un guiño a la naturaleza, como flores secas traídas del campo Camila
  • El toque final: una Alhambra Reserva 1925 para dar color y frescura a la composición Camila
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Los colores son, junto a los utensilios de cocina, herramientas de trabajo para Carolina. “Intento combinar colores complementarios en mis composiciones. ¿Cuál no puede faltar? El verde, me gusta mucho”. El verde del campo al que tanto respeta y el verde, también, de la Alhambra Reserva 1925 que ha elegido para vestir su mesa. Una cerveza que sabe a singularidad, gracias al lúpulo Saaz que está en la base de su elaboración. Una cerveza que se mueve entre notas dulces y tostadas y que tiene la virtud de redondear los momentos cotidianos con cada sorbo.

Con el bodegón de aires rústicos montado sobre la mesa y sin dejar ni un solo detalle al azar, Carolina dispara. Mira a través de la lente y ve el resultado de la minuciosidad y del cuidado de cada detalle. Ella observa el mundo a través de su particular lente, de las recetas elaboradas sin prisa y de la cocina que se amolda a las estaciones y a los tiempos de cada época del año. Cuando el encuadre está escogido y la foto tomada, se abre la veda para probar el bizcocho.

Carolina lo corta con mimo, como quien no quiere dañar su trabajo. Y lo degusta con la compañía de Alhambra Reserva 1925 servida en su copa, un líquido que marida a la perfección con el suave amargor del cacao, con la esponjosidad de un bizcocho con alma de cerveza.

Alhambra Reserva 1925 con bizcocho

El sabor de esa mezcla permanece en nuestro paladar igual que el regusto entre dulce y tostado de esta creación tan especial de Cervezas Alhambra. Un sugerente líquido dorado que se saborea con calma y que nos invita a disfrutar de una vida pausada. Igual que las imágenes tomadas por Carolina, toda una maestra del arte de poner la mesa.

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Ramita adorno final