Dani Frías, alma mediterránea a fuego lento

Por Laura Elena Vivas

Verlo. Trasladarse al salitre de las piedras que lanzaste de pequeño para probar que tirabas muy lejos al marOlerlo. Despertar de la siesta y observar cansado el brazo sucio con arena mientras piensas en moverlo un milímetro para dejarla caer, pero te puede ese estado de paz absoluto. Escucharlo. El barco con el que te divertías se mueve sin orden sobre el agua y te crees el capitán de todo porque jugar es tu fin.

Saborearlo.

El Mediterráneo en el que creció. El Mediterráneo en el que se bañó, el mar de donde vienen parte de sus ingredientes. La cocina que aguarda paciente para poder gozar de unos elementos que trae el agua y los trabaja para verlo, olerlo, escucharlo. Mientras lo saboreas.

Dani Frías surgió en el Mediterráneo. Porque nació muy cerca y bebió de él para hacerse cocinero, porque el mar está presente en todo lo que concibe y este mar lo atiende vigilante en su restaurante La Ereta. Porque era el mejor camino para explorar y crecer mientras seguía jugando como un niño pero ahora con cuchillos y fogones.

Y todo ello, jugar, cocinar, beber del mar; era la mejor apuesta para subir al escenario de las Noches Alhambra en Alicante.

El mar, la raíz, la montaña. La cocina de Dani Frías

Una cocina con raíz y largo recorrido. El extenso camino de unos ingredientes cercanos que se han constituido como elementales dentro de una gastronomía, el dilatado pisar de un cocinero que se fue nutriendo del mar junto al que nació, del relieve montañoso alicantino en el que creció. Frías comenzó hace mucho su andadura, se diversificó sin perder esencia, se alimentó de experiencias e ingredientes de aquí y de allá. Y definió lo que hacía, mezclas con producto local, fogones con cercanía y pasión por el agua y la tierra; sin dejar de buscar y explorar.

Descubrió que aquello que es tan propio como una ñora o un arroz podía trabajarse con gusto distinto, que los caldos se potenciaban con la experiencia y el recorrido. Que el mar i muntanya es tradicional y revolucionario al mismo tiempo, y que el alma puede ponerse en los fogones, da igual si es mirando el mar desde el cielo de una cristalera o fusionando los resultados de los cuchillos en la barra de un Probar.

Plato de arroz elaborado por Dani Frías

Dani Frías quiso hacer lo que mejor le salía, entonces se convirtió en cocinero. Y eso fue lo que vivieron quienes asistieron esa noche en la que el tiempo se paró y la calidez del atardecer mediterráneo entró a ocupar los sentidos.

Un encuentro con mediterráneo

El cielo cayó con sus colores de sol sobre el mar, deshaciéndose en los azules y grises mientras se convertían en confidentes de lo que Frías había preparado para las Noches Alhambra. El Mediterráneo acompañó el aperitivo organizado para que fueran juntándose sin prisas bebida y bocado en cada paladar. Los tonos pasaron de semiclaros y desenfadados en la apertura, a nocturnos y sofisticados en la mesa, bailaron con la música de fondo, las preguntas y respuestas que iban y venían, las expectativas por lo que aguardaba.

Los platos llenos de Mediterráneo, de sabores de tierra y mar con los caldos que ayudaban a mezclar lo que antes podía ser opuesto, fueron pasando junto a las botellas vacías y llenas que se marchaban molestas por irse y contentas de llegar.

Cerveza Alhambra y tapa

El chef explicó sus razones y porqués sobre lo ideado, lo que lo movió a crear aquello que iban a degustar maridado específicamente para la velada. Dio los argumentos para que los que tenían el privilegio de estar escuchando se enteraran de que valía la pena detener el tiempo y olvidar el reloj. Y luego se marchó a los fogones, a hacer lo que mejor le sale y que lo convirtió en cocinero.

Fotos | Cervezas Alhambra

En Momentos Alhambra | El alma gastronómica tras las Noches Alhambra by Nacho Manzano

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