Da Silva, un chocolate que canta para todos tus sentidos

Por Laura Elena Vivas

“Si se puede imaginar, se puede hacer”.

Tan simple como eso. Y tan complicado. Porque convertir algo en una realidad tangible sin establecer límites requiere técnica. Mucha técnica. Y verbalizarlo de esa manera implica conocimiento, además de la seguridad que dan los años de trabajo.

La experiencia  y el saber hacer del alquimista, de quien observa el mundo con un prisma determinado para convertir todo lo que toca en oro. O en chocolate.

Quienes afirman esta premisa son Rubén Da Silva y Judit Amores. Ellos  ven todo dulce. O eso pareciera al observar —y tener la oportunidad de saborear— sus productos: bombones y postres donde cualquier combinación puede ocurrir; pasteles que deleitan a la vista y luego llegan a su cenit en el paladar. Juegos de ingredientes, técnicas y formas. Privilegios y oportunidades de dos personas que crean postres con sus manos, con el conocimiento que da la investigación y el trabajo, y con la emoción del cariño por lo que se hace. Y que se nota en cada bocado.

La historia

Chocolates Da Silva

Da Silva Gastronomía nació con Rubén y Judit. Fue un parto andaluz, cuando ambos se fueron a trabajar juntos en un proyecto en Cádiz y registraron la marca; allí crearon la primera propuesta de sus postres y se presentaron en el Certamen Nacional de Gastronomía 2013. Ganaron. Aunque el premio en realidad fue el resultado de muchos años de labor; de aprender y crear, de trabajar con maestros como Oriol Balaguer y Bernard Benbassat. Del deseo de establecer un proyecto que se dedicara a acercar el infinito mundo de la pastelería a la gente.

Desde entonces tienen su obrador en Valladolid, donde buscan, practican y asientan sus creaciones que elaboran investigando ingredientes tan inesperados como la espirulina, el yuzu o el humo que mezclan con el chocolate. Sus proveedores los conocen ya y les ofrecen cualquier materia prima para combinar siempre que sea de calidad, el factor que rige su labor para poder trabajar sin agregar aditivos, para crear en pequeñas cantidades, para generar productos con alma como ellos dicen. Postres donde se reflejan las personas que hay detrás, el ensayo repetido, el no aceptar medias tintas sino tintas enteras. Donde se notan las manos que crean.

Bombones de Da Silva Gastronomía

Y sucede que esa sintonía de búsqueda hace que se generen otras nuevas, colaboraciones con marcas que creen en esa esencia de no limitarse y los incitan a continuar. En Andalucía crearon el concepto de bombones con materias primas tan propias como el atún rojo o jamón.

Crear sin límites como objetivo

“Para crear una pieza, para desarrollar una idea en forma de postre, o de dulce, hay que vivir el proceso, hay que dejarse llevar por la imaginación y no poner barreras a la creatividad. Imaginar e investigar como una forma de vida. Rubén y Judit han sido capaces de inspirarse en el Ho’oponopono, una filosofía de origen hawaiano que habla sobre el proceso de sanación personal a través del perdón y de la reconciliación, para crear dulces; o postres basados en un viaje por el mundo donde el objetivo fue encontrar un sabor para cada continente. Retos que lo inspiran y mueven, como el  que realizaron con el músico Rodrigo Tamariz llamado Música de los Sentidos.

En este proyecto las dos artes,  música y gastronomía, se movieron al unísono para formar una experiencia sensorial en la  que lo importante es prestar atención a cada sentido sin la limitación del tiempo. Los reposteros elaboraron cuatro bombones para los que el músico creó unas melodías en la que cada sentido, vista, olfato, gusto, oído y tacto, destacaba. Luego vino el sexto dulce, uno donde el proceso fue al revés: la música nació, y las manos obraron.

Bombones de Da Silva Gastronomía

Las ganas creativas de Rubén y Judit va más allá incluso, crean piezas artísticas donde sus dulces se posan para ser admirados, para coquetear ante sus espectadores y lucir sus mejores galas.

Y es que el postre, ese dulce que remata las comidas constituye el final que todos esperamos, el instante que quedará en nuestras papilas gustativas y nos dejará una experiencia grata o ruinosa. Es el cierre del telón, el momento mágico  que nos dará unos minutos de felicidad. Por ese momento existe Da Silva Gastronomía.

Fotos | Facebook de Da Silva Gastronomía

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