Celia Jiménez, una pionera reinventando la tradición andaluza

Por Laura Elena Vivas

Se trata de un estímulo. Cuando llegas a una cumbre en ese complejo camino del reconocimiento. Trabajar a diario, vencer las horas de cansancio porque llegar al objetivo y hacer el recorrido con frecuencia puede ser fatigoso. Pelear con las armas del talento y la vocación muchas veces a contracorriente.

Y luego situarte. Convertirte en una de las pocas chefs españolas con estrella Michelín en el año 2005. Estar a la vanguardia porque eres la vanguardia, liderar un equipo —el de las mujeres en la hostelería— que no lo tiene fácil pero que cada día brilla más.

Más allá del género, el talento; más allá del género, la vocación, el trabajo duro, el objetivo siempre en el punto de mira. Volar porque para eso soñamos, aunque los sueños de la chef Celia Jiménez tienen alas grandes y raíces muy firmes. Las de su base andaluza, la que sustenta la cocina que hace, la que disfrutaron hace muy poco los asistentes a una nueva entrega de las Noches Alhambra en Córdoba.

Celia Jiménez chef

Celia Jiménez: sin etiquetas

Lo de Celia Jiménez ha sido siempre una cuestión de vocación. En el 2000 ya estaba estudiando hostelería porque tenía claro que quería ofrecerle al mundo lo que su talento iba anidando. Y cocinó, investigó, educó; consiguió esa estrella que todo chef anhela incluso sin saberlo ni verbalizarlo; y cuando ya estuvo lista, abrió su propio espacio, el que tiene su nombre, situado en su tierra. El lugar donde desarrolla esa cocina en dos tiempos: tradicional y moderna, clásica y rompedora; la que como ella dice busca ofrecer productos de la tierra con técnicas novedosas, para sorprender a ese público que acude a conocer su vocación.

Por eso no adjetiva el tipo de cocina que hace. Porque Celia Jiménez suele mirar adentro para convertir lo interno en universal; los pescados, las verduras, lo que proviene de esa tierra andaluza; el cerdo, esa figura tan ibérica que en la península y en su región es tratado y venerado hasta lo sublime, ella lo convierte en un elemento contemporáneo de gusto delicado y líneas cuidadas; los vinos, de Cádiz, Málaga, Granada o Huelva, seleccionados por ella misma junto a otros del resto del país para dar a conocer lo que produce una zona que va más allá de los tópicos.

Una cena, un homenaje

Y porque mira hacia dentro creó un tributo al aceite de oliva. Esa noche su menú giraba en torno  a ese líquido elemental de la cocina mediterránea, la oliva que llena el paisaje andaluz par ser cultivada, el aceite símbolo de toda una gastronomía y forma de vida. Y la variedad picual para destacar lo que produce su Córdoba, presente en todos los platos maridados del menú que elaboró exclusivamente para esa noche en un marco sin igual.

Plato elaborado por celia jiménez

Quienes asistieron se trasladaron a una atmósfera que hizo que fueran quedando atrás tribulaciones y pensamientos que cada cual traía a cuestas esa noche. Una finca, la hacienda Santa Rosa, de arquitectura colonial rememorando a la Cuba del siglo XIX, en un edificio rodeado de jardines, donde a los invitados les esperaba el tiempo sin prisa y la música en directo, la degustación de sabores y texturas como aperitivo al ritmo  de los instrumentos, las bandejas con botellas y las explicaciones de los expertos.

Después la mesa, en medio del jardín, para olvidar que hay un mundo afuera con su trasiego y sus quehaceres, Celia Jiménez narrando sus procesos y el origen de cada plato, los mejillones, la perdiz, la presa y el bacalao; el gazpachuelo, las setas y las berenjenas. Las tres cervezas acompañando cada plato cual escuderos sobre la mesa, la sensación de que se puede crear la magia si todo y todos se reúnen en función del propósito. Porque para ello nos encontramos, para vivir momentos  que solo se logran con cierta disposición, la de disfrutar despacio, la de saborear sin prisas.

Imágenes | Cervezas Alhambra

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