Azada, cuando el aceite de oliva es solo el comienzo

Por Laura Elena Vivas

Kevin Forssmann creció siendo consciente del respeto a la naturaleza y desarrollando el amor por el entorno natural, pues su padre compró en los años 70 unos terrenos abandonados en Tivissa, Tarragona, y se mudó con su familia a España. El sueño del progenitor era restaurar el lugar y dedicarse al cultivo tradicional, que se estaba perdiendo.

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Kevin ayudaba a sus padres, que trabajaban únicamente con una azada, las manos y el esfuerzo físico ese campo que, con el tiempo, fue albergando en su suelo avellanos, cerezos y olivos. Los olivos que, con los años, se convertirían en la pasión del entonces chiquillo.

Pasaron los años y el hijo se alejó de la tierra y de ese trabajo que pide tanto tiempo y dedicación y tanta implicación de todos los sentidos. Hasta que decidió volver y centrar sus esfuerzos en extraer de los campos familiares un producto tan arraigado a la historia y cultura de este país como es el aceite de oliva. Pero quiso hacerlo de un modo diferente, con una propuesta nueva: la de mirar las raíces y reencuadrar el futuro.

Nació así Azada, una empresa familiar cargada de emoción y de evocación del pasado hasta en su propio nombre. Igual que Cervezas Alhambra, que nació rindiendo homenaje al monumento más emblemático de su ciudad, a la que recuerda ahora, también, con la edición especial de aquella botella que, en 1964, se sirvió en los bares de Granada y refrescó aquel estío incandescente.

El chico que ahora es un adulto fundó esta marca desde el recuerdo. El de su infancia en la finca ayudando con la azada, el de querer partir de la raíz de donde viene y siente suya sin perder la perspectiva del camino por delante. Una andadura que lo lleva, como les ocurre a los maestros artesanos de Cervezas Alhambra, a fusionar lo mejor de la esencia clásica de la tierra con las innovaciones que permite (y pide) hoy la gastronomía española.

De esta forma, conocer los productos de Azada es un descubrimiento, porque la marca se dedica al aceite de oliva, esa oliva que marca nuestra idiosincrasia y de la que somos el primer productor del mundo, pero no se limita a lanzar al mercado el aceite tradicional. En Azada, Kevin y su socio, Josep María Mallafré, se atrevieron a combinar el líquido dorado de nuestra dieta mediterránea con otros productos de la tierra. Y lo hicieron bien, con mimo y tiempo, esa pieza tan necesaria para que el puzle de las experiencias sensoriales de complete.

Azada o la sorpresa en las papilas gustativas

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En Azada, las aceitunas se mezclan con otros ingredientes para obtener combinaciones únicas y en el proceso se persigue algo más que simplemente aromatizar el aceite. Se quieren integrar todos los elementos, por eso, cuando se molturan las aceitunas también se moltura ese componente añadido como las naranjas o las guindillas. Y, en el caso de los frutos secos, estos se tuestan y se prensan en frío para que así las propiedades de cada uno se conserven en todo el espectro sensorial: gusto, color, aroma.

Son aceites para saborearlos con los cinco sentidos, para degustarlos con calma, para hacer un alto en el camino, para parar más y sentir más toda su esencia.

El resultado, así, es delicioso: aceite de olivas y albahaca, de olivas y naranjas, de olivas y ajo, de olivas y pepitas de calabaza… Y todos esconden un valor añadido, pues los productos que complementan al aceite proceden de tierras especializadas en ellos, como las naranjas de Valencia, la albahaca de Murcia, el ajo y los pistachos de Aragón, el tomillo y las avellanas de Tarragona…

A veces, como demuestra esta historia, las cosas requieren de un largo recorrido para obtener su mejor versión. Kevin Forssmann viajó por unos cuantos países antes de volver a sus raíces, experimentó con otro tipo negocio y, después de las vueltas, llegó Azada, una marca que cuyos productos nos llevan de viaje a través del paladar, una empresa cuyos sabores constituyen toda una experiencia.

La de aliñar unas verduras con alguno de sus matices, aderezar una carne antes de cocinarla con uno de estos aceites, oler el resultado, destapar una Alhambra Especial bien fría y saborear el trago largo y el bocado delicioso. Esos que se obtienen con productos que surgen de lo que la tierra ibérica genera de sus entrañas, como los campos de cebada y de oliva.

Fotos | iStock/, Facebook de Azada

En Momentos Alhambra | Mykés Gourmet, productos trufados de artesanía e innovación.

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