Volver a Granada, siempre: los rincones del recuerdo

Por Eva Gracia

Hay pocas sensaciones tan potentes como la de volver allí donde se ha sido feliz. Ver de nuevo esos lugares que significaron algo para nuestras vidas y contemplar que nada cambia aunque todo a su alrededor sí lo haga —incluidos nosotros— nos llena de una embriagadora alegría y nos hace sentir que ahí, pase lo que pase, estamos en casa.

Para Cervezas Alhambra, ese hogar es, sin duda, Granada, su ciudad. Entre el manto blanco de Sierra Nevada y las cuevas del Sacromonte se forjó su personalidad, esa que la lleva a mirar al futuro y a abrirse al mundo, pero también a regresar a la tierra que la vio nacer. Ese volver a los orígenes se ha condensado en el homenaje de Cervezas Alhambra a su Granada, y a aquella mítica botella de 1964 que protagoniza una edición especial con todo el sabor, la esencia y la autenticidad de aquel año.

Porque volver a donde pertenecemos es algo que llevamos en la sangre, algo que nos es inherente. Una granadina nunca se olvida de su tierra por muy lejos que esté, acaso se prenda aún más de ella y sueña con volver a recorrer sus calles, a entrecerrar los ojos cuando el sol le deslumbre en un atardecer en la Alhambra, a respirar el aroma a azahar que invade la ciudad en primavera y a saborear los matices de esta edición vintage de Alhambra Especial, esos que, cuando estallan en tu paladar, no sabes describir, pero los sientes como el sabor puro del regreso a casa.

Y Granada, con su carácter integrador, es un pequeño hogar para todos los que la han pisado. En el corazón —y la memoria— de cada uno reside la respuesta a la pregunta de a qué lugar de esta ciudad querrías volver. Siempre.

Hay quienes, como el artista madrileño Bigote Sucio, que se mudó a Granada en 2010, se quedarían con lo que les impresionó de esta urbe al verla por primera vez. En su caso, la Azucarera de San Isidro, un imponente complejo que nos retrotrae a una Granada industrial y quizás algo desconocida, pero igualmente inspiradora.

Una Granada que oculta, tras cada recoveco y celosía, un mundo de tradición y misterio, de carisma, de encanto. De tardes soleadas y terrazas en la mejor compañía. De recuerdos que se crean aparejados inevitablemente a sus empedrados y a su aroma a azahar. Cómo no vamos a querer volver.

La ciudad que quisimos conocer

El verbo volver, en ocasiones, nos invita a regresar a los sitios en los que nunca hemos estado, pero que sí hemos imaginado mil veces. Y, de tantas veces soñados, aparecen en nuestro cerebro como una realidad: aquella que quisiéramos haber conocido porque tenemos la certeza de que en ella habríamos sido inmensamente felices.

A la artista Marisa Mancilla le sucede con la sala Planta Baja en los años 80. Fundado en 1983 por tres jóvenes inconformistas, ese espacio que hoy sigue en activo —aunque con otra gerencia y en otra ubicación, pero, eso sí, con el mismo espíritu— se convirtió en la catedral de la vanguardia artística y musical de la ciudad.

El Planta Baja en su primera década de vida —repasada en profundidad en este libro— fue un espacio de peregrinaje para los que creyeron en la experimentación y en la convivencia de disciplinas y para los que apostaron con fuerza por una escena emergente que marcaría las décadas posteriores del legado cultural de la ciudad.

“Creo que me he inventado un Planta que nunca pude tener a base de retazos de lo que me ha contado la gente”, dice, sincera, Marisa. Pero cómo resistirse a soñar con viajar de vuelta a esa Granada movida, en plena ebullición, efervescente de cultura y creatividad, semilla fértil de un futuro brillante: el presente que hoy conocemos.

Fidelidad a los clásicos

Entre todos los lugares de Granada a los que desearíamos volver hay uno que se impone, majestuoso, sobre el resto: la Alhambra. Testigo atento del paso de los siglos, es para los habitantes de la ciudad un símbolo, sí, pero también un escenario inolvidable.

Como lo es para Ángeles Mora, Premio Nacional de Poesía, que recuerda con cariño haber estudiado en los jardines del palacio nazarí. Ese gesto, llevar una tarea tan cotidiana como estudiar al corazón del monumento más emblemático de la ciudad, es una muestra más de lo integrada que está la Alhambra en la vida diaria de los granadinos.

A ella y a ellos les dedica Cervezas Alhambra esta edición especial en 1964 y esa botella, que rindió homenaje a Granada hace más de 50 años, regresa ahora a los bares de la ciudad por tiempo limitado y con el inconfundible sabor de la referencia Alhambra Especial en su interior. Porque a casa hay que volver a menudo. Para retornar a los orígenes, para recordar de dónde venimos y para no olvidar nunca cuáles son nuestras raíces.

Ni con quién las compartimos, pues, como bien dice el poeta David Ruiz, “las ciudades también son personas”. Y volver al hogar también es reencontrarnos con quienes nos hicieron felices; con quienes compartimos días de sol y verano, caminatas alegres por el paseo de los Tristes y tardes con una Alhambra Especial en la mano dibujando momentos en Granada a los que siempre querríamos volver.

Imágenes | iStock –  lachriss77

En Momentos Alhambra | Volver al origen, volver a la tradición: un homenaje a Cervezas Alhambra en clave 1964

En Momentos Alhambra | Parar más. Sentir más: la experiencia sensorial de Cervezas Alhambra

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