De Versalles al siglo XXI: los artesanos españoles resucitan la marquetería

Por Lorena Papí Rodes

Si hay una época en la que el esplendor, el lujo y la delicadeza más opulenta fueron las pinceladas que la dibujaron, es la de la Francia renacentista. Una opulencia que se tradujo en el uso de materiales nobles como el pan de oro, el cristal o la madera, una protagonista especial dentro de una de las artes que más proliferaron en aquellos años: la marquetería. Un arte que, aunque en muchas ocasiones vea asociado su nacimiento a este momento histórico, realmente solo renació: hay indicios de trabajos mucho más antiguos, con una técnica similar, la taracea, dedicada también a fines decorativos. Es un proceso artesanal, laborioso y detallado, que se ha ido transmitiendo de una cultura a otra.

Pero fue sin duda en el Palacio de Versalles donde la técnica —superponer sobre una superficie, normalmente un mueble, piezas, láminas o encajes de madera formando un dibujo o siguiendo un patrón— vivió su momento glorioso, adueñándose de muebles y otros objetos, hasta de los suelos, y convirtiéndolos en lujosas piezas de arte. Tanto es así que algunas se exhiben en museos, como un capítulo importante en la historia del arte.

En España contamos con una rica historia artística, en la que encontramos un gran legado de bellos ejemplos de objetos enriquecidos con la técnica de la taracea —los primeros datan del siglo X— muchos de los cuales pueden verse en el Museo de la Alhambra.

En estos abundan las composiciones geométricas, con la estrella como elemento más característico, y, a diferencia del tipo de marquetería que se desarrolló más tarde en Europa, combinan la madera con otros materiales más suntuosos, como el marfil, el nácar o el hueso, a los que se trata siempre con delicadeza milimétrica, dejando que brillen por sus propios atributos, aplicando la técnica precisamente para potenciar este sentido.

Pese a las diferencias en las técnicas a lo largo de estos siglos, el propósito en el arte de la marquetería siempre ha sido el mismo: convertir lo cotidiano en arte. Elevar lo mundano —una silla, una mesa, un tablero de ajedrez, un secreter— a la categoría de preciado.

Como todo lo preciado y delicado, requiere una producción cuidada y pausada; precisa de de unas manos habilidosas a la hora de diseñar los patrones y trasladarlos a la madera encontrando el lugar para cada pequeña pieza, como el compositor que sabe qué nota sigue a la anterior.

Embellecer la madera y elevarla a arte es el mismo objetivo de los artesanos que hoy en día siguen aplicando esta técnica en sus trabajos, recuperando la gubia y el escoplo. Y la paciencia que requiere un trabajo hecho en mayor medida a mano sin más maquinaria pesada que una sierra de ballesta, manejada con el pie.

Y sin más estruendo que el continuo subir y bajar de la hoja calando la madera desde su interior en sinuosas formas, pero con milimétrica precisión, gracias a las habilidosas manos del artesano.

En el caso de Enric Sagarra, nunca dejó de utilizar las herramientas básicas. Él representa a la tercera generación de ebanistas de su familia. En su taller de Barcelona, donde cualquiera puede aprender el oficio asistiendo a sus talleres, se respeta el oficio en la elaboración de cada pieza.

Haciendo una lectura distinta y reinterpretando estas técnicas artesanales encontramos obras como las del polivalente artista Jonay Cogollos. Algunos de sus muebles se basan en el arte de la marquetería, pero adaptado a diseños contemporáneos en los que el uso del color juega un papel tan importante como la técnica a la hora de impactar visualmente.

Un paso más allá, en esta línea de acabados más actuales pero con un concepto mucho más lujoso está el trabajo de un artesano moderno de la madera, Jaime Tresserra. El diseñador de muebles catalán, afincado en París, ha integrado la marquetería como elemento decorativo final para darle aún más empaque a sus muebles joyeros y mesas.

Tresserra ha emulado a los ebanistas tradicionales pero buscando una apariencia más exclusiva. Una única materia prima, la madera de nogal, y su destreza para crear efectos ópticos a base de geometrías y la combinación de los diferentes tintes, sirven para crear una pieza igualmente única y exclusiva.

Fotos | Flickr – Justus Hayes, Tony Walmsley, Jonathan Kos-Read, Jonay Cogollos, Jaime Tresserra

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