Valencia, una ciudad que invita a parar más

Por Lorena Papí Rodes

Pese ser una ciudad dinámica, y la tercera más grande del país, Valencia invita a la calma. Visitarla es tener la oportunidad de conocer una gran metrópoli sin pagar el precio de las prisas y de la masificación. Es disfrutar de un lugar lleno de rincones que invitan a Parar Más. Sentir Más.

Será su carácter mediterráneo, que lo impregna todo. O el clima que permite pasearla y vivirla, a pie de calle, casi todo el año. O que también es la tercera en el ranking, en lo que a zonas peatonales se refiere. Será tal vez por eso espacios —paisajes naturales y urbanos— únicos en los que desconectar y calmar el espíritu: entre árboles, entre arrozales o perdiéndose por un laberinto de calles cuyas paredes son auténticos museos de arte.

Viajar hasta la capital de la comunidad valenciana es entrar en otra dimensión temporal. Una en la que el pedaleo de sus numerosos ciclistas —encantados de vivir en una ciudad completamente plana— marca el ritmo. Recorrerla es descubrir una postal cuyo paisaje no deja de cambiar de colores. Aunque la luz siempre sea la misma: esa luz blanca tan característica de los lugares bañados por el Mediterráneo.

Para Más para Sentir Más Valencia

Valencia es una ciudad que premia a quien está dispuesto a echar el freno, dejar en la mesilla el reloj y dejarse llevar por los sentidos, esos mismos que nos guían a la hora de disfrutar de lo cotidiano, de la belleza sencilla que nos rodea, de una buena cerveza bien tirada. Porque los matices de una Alhambra Reserva 1925, como esos lugares especiales de Valencia, se manifiestan ante quien vive esas experiencias despacio. Dejando fluir el tiempo. Tomándose un momento para disfrutar de cada uno de ellos.

Jardines de Monforte

Valencia también está llena de matices esperando ser revelados. El olor a azahar de los naranjos en flor, tan abundantes en sus calles. Los mil y un detalles ornamentales de sus fachadas modernistas, que se descubren ante quien es capaz de dejar de mirar para empezar a ver. El verde de sus jardines y de sus campos de arroz, y el azul del Mediterráneo. Su gastronomía, con sabores de la huerta y del mar.

Por eso es una ciudad que necesita ser recorrida con los cinco sentidos. Y sin reloj. Son planes, los que proponemos, tan cotidianos como mágicos. Porque un paseo se convierte en mucho más cuando el paisaje acompaña. Cuando todo a tu alrededor contribuye a hacer especial el momento. Y cuando tus sentidos están preparados para ver más, tocar más y sentir más.

Como ocurre al disfrutar de una Alhambra Reserva 1925 y percibir sus notas afrutadas, su equilibrio entre dulzor y amargor, su densa espuma y su tono ámbar intenso. No solo acompaña al momento, sino que lo convierte en algo especial. Porque invita a todos los sentidos a participar de él. Por eso, es la compañera ideal para estas propuestas. Y ambas maridan con el mismo ingrediente: el tiempo.

Perderse en un oasis

Los árboles tienen una importante presencia en la ciudad: desde los naranjos ornamentales hasta los más de mil ejemplares que llegan a acumularse en alguno de sus hermosos parques y jardines, los pulmones de Valencia.

Como el Jardín del Turia, que toma su nombre del río cuyo cauce desvió, hace más de 50 años. Arteria principal de la ciudad, su vegetación cubre el antiguo paso del agua, a lo largo de siete kilómetros y bajo más de una veintena de puentes, testigos de las diferentes etapas arquitectónicas de la ciudad.

Y de la vida de sus habitantes, que se acercan hasta allí para relajarse leyendo, hacer deporte, pasear o, disfrutar de la reconfortante sombra que ofrece y de la ausencia de coches y ruidos urbanos.

Los jardines de Valencia

Pasear por los extensos Jardines de Monforte es una invitación aún más evidente a la meditación. Al silencio. De estilo neoclásico, el tiempo parece detenerse entre sus fuentes, sus estanques, sus estatuas de mármol y sus laberintos con murallas vegetales.

Una sensación similar a la de recorrer el Parque de La Rambleta, entre olmos, álamos blancos, sauces llorones, almendros, acacias del Japón, higueras, algarrobos, jacarandas… Más de 40 especies, rodeados de estanques habitados y jardines en los que se recrean diferentes hábitats lo convierten en “un oasis de naturaleza en plena ciudad”.

Una ruta con mucho arte (urbano)

un graffiti de Julieta XLF

Las animadas paredes de El Carmen, el barrio más genuíno de Valencia, lo convierten en un museo de puertas abiertas. Un museo en el que el arte también “cuelga” de las paredes. Aunque es un arte vivo, orgánico. Cambiante.

Y una forma de intervención artística y urbana —así, un regalo para el viandante— que “explota” en cientos de colores y mensajes. Una muestra de todo tipo de técnicas, que también incluyen el papel y no solo el spray.

Se puede recorrer el barrio con una ruta guiada de street art y aprender más sobre los autores de las piezas; algunos, como Escif, de fama mundial.

O bien dejarse llevar, siguiendo el camino marcado por los sentidos, y perderse en ese entramado laberinto de calles que aún conservan su auténtico sabor de barrio del distrito de Ciutat Vella. Que remiten a los orígenes, pese a ser depositario de la mayor “colección” de arte urbano de la ciudad. No en vano, las Torres de Quart, que marcan la entrada al barrio desde una de las vías principales del centro, también señalan la que fuera una de las puertas de entrada a la vieja ciudad de Valencia.

La Malvarrosa, desde otra perspectiva

Valencia no siempre miró al mar. No lo hizo hasta finales del siglo XIX y principios del siglo XX. De esta época datan todas esas villas y palacetes (lujosas residencias de la alta burguesía) que hoy siguen en pie y merecen una visita.

Majestuosas, con vistas a la playa de la Malvarrosa y con un marcado estilo modernista. Como la reconstrucción de la casa de Blasco Ibáñez, desde la que podía ver el mar mientras escribía “Cañas y Barro”  y hoy, convertida en casa-museo.

Y es que la playa no es el único atractivo de los barrios del distrito de Poblados Marítimos, aunque sí el principal reclamo de los que visitan la ciudad.

Pero ver el mar desde el otro lado aún tiene más alicientes: sorprenderse con Port Saplaya —la Venecia Valenciana—; conocer a fondo el barrio del Cabanyal, entregado a un proceso de modernización pero que aún conserva su esencia en las supervivientes fachadas de manises; o saborear su rica oferta gastronómica, en la que no faltan los buenos arroces.

Viajar al pasado: la Valencia medieval

La Valencia medieval

Visitar algunos de los monumentos de Ciutat Vella es una experiencia equivalente a trasladarse a la Edad Media.

Las Torres de Quart y las Torres de Serrano son los únicos testigos que permanecen en pie de aquella época en la que una gran muralla protegía y defendía la ciudad de los numerosos pueblos que la han invadido desde su fundación. Hoy son parte inconfundible del skyline valenciano y ofrecen las mejores vistas de la ciudad.

Tampoco ha cambiado, en más de 1.000 años, la costumbre de los regantes de la Vega de resolver sus rencillas en juicios públicos: es el Tribunal de las Aguas. Un antiguo sistema judicial (de los más vetustos en Europa) que se mantiene tal cual y que se celebra en la puerta gótica de la Catedral cada jueves, atrayendo a visitantes y curiosos. Desde 2009, como inscrito por la UNESCO en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Un paseo en barca, entre arrozales y patos

La fauna de La AlbuferaA solo diez kilómetros de la ciudad el paisaje se transforma para dar paso a sus campos de arroz. Esos donde se cultiva el ingrediente estrella de la ciudad. La base de su plato más internacional: la paella.

Un paseo en barca por el lago de la Albufera permite ver de cerca cómo son estas plantaciones. Y relajarse, observando la mayor concentración de flora y fauna más cercana a la ciudad; un hábitat natural que representa el mayor tesoro ecológico de Valencia.

O viendo la puesta de sol, que, desde esta privilegiada ubicación, ofrece todo un espectáculo cada tarde en el que el lago se tiñe de rojo, imitando al cielo.

Parar Más. Sentir Más. Respirar, rodeado de árboles y flores. Calmar el espíritu, paseando despreocupadamente por barrios que sugieren dejar a un lado el mapa y perderse. Sin miedo. Valencia es un destino tan apetecible y sugerente como tranquilo. Una experiencia distinta.

Fotos | Pixabay/XalapiFacebook/@AjuntamentVLCFacebook/@JardinesValencianos, Facebook/CaminArtVLC, Pixabay/CarlesNebot

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