Vajillas de Ultramar, dando nueva vida al arte de poner la mesa

Por Eva Gracia

Alrededor de la mesa comemos, pero también debatimos, nos perdonamos, reímos y, sobre todo, nos contamos historias. Y esa es la premisa de la que parte Vajillas de Ultramar, los cimientos sobre los que se construye esta firma de cerámica fundada por tres amigos.

Juntos —qué mejor compañía para compartir conversaciones y viandas que la de unas buenas amistades— han horneado una empresa que, movida por el motor de la artesanía, ha reinterpretado el noble arte de poner la mesa. ¿Es esto posible en la era de la producción en serie? Sí: con tesón, esfuerzo, unas manos expertas en el (también noble) arte del torneado y unos ojos capaces de mirar el mundo desde el cristal de lo artístico.

Todo eso y más lo tienen Natalia López, Diego Ríos y María José Díez, los tres socios de Vajillas de Ultramar, que con su nombre nos evoca mundos lejanos, mares inexplorados, culturas desconocidas y sueños por cumplir.

Lo mejor de cada casa

vajillas de ultramar platos hechos a mano

Ellos supieron pasar de la ensoñación —quién no ha deseado alguna vez dejarlo todo y marcharse al campo a vivir con tranquilidad y disfrutando de la naturaleza— a lo tangible aportando lo mejor de cada uno. Como se hace en todo buen grupo de amigos.

Natalia, que fue modelo y desfiló para firmas como Donna Karan o Karl Lagerfeld, puso en la bolsa común su visión cosmopolita y moderna del mundo; Diego, procedente de una familia de artesanos, su saber hacer y su amor por la filosofía de crear sin prisa; María José, su conocimiento del universo del arte.

El resultado de aquella mezcla, quizá, en un principio, más cercana al agua y el aceite que a la argamasa que uniría los ladrillos del éxito, fue una delicada serie de platos, tazas y bandejas.

Todos esos avíos se crean y pintan a mano en su taller, ese estudio donde se cuecen colecciones que tan pronto plasman sobre la loza más suave y fina mantones de Manila como diminutas ranas o personajes de un fascinante teatro de sombras.

Historias singulares para emplatar

En todas sus piezas hay algo especial, un encanto que proviene, probablemente, de las singulares historias que inspiran cada diseño. De viajes ultramar a tradiciones familiares, todo puede servir para decorar un servicio.

Ahí reside, precisamente, otro de los puntos fuertes de esta exquisita firma: en la posibilidad de que cada cliente tenga su propia —única, personal y exclusiva— vajilla. Cada conjunto es una suerte de libro de cerámica que narra el cuento que cada uno desee, ese relato que se explica mejor en dibujos que en palabras. Porque, a veces, la potencia de las sílabas no es equiparable a la de las imágenes.

proceso pintado vajillas de ultramar

Esta es una lección que se aprende bien al mirar el modo de creación de cada utensilio que nace en el seno de Vajillas de Ultramar. Ver cómo unas manos pintan cada plato con la precisión de un cirujano o cómo cada dibujo se traslada del papel a la loza en un gesto de reminiscencias infantiles es todo un placer para los sentidos.

Como lo es poner la mesa si es con esta vajilla. Porque, con las fuentes y los cuencos que nos narran relatos del mar y de la vida, un acto tan sencillo y cotidiano como poner la mesa se convierte en algo extraordinario. En una delicia solo equiparable a sentarse a la mesa con dos amigos a contar historias.

Imágenes | Facebook de Vajillas de Ultramar

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