Urueña, una villa del libro congelada en el tiempo

Por Lorena Papí Rodes

Es Urueña una pequeña isla, rodeado de  un inmenso mar siempre en calma; un mar verde, amarillo y marrón. Un mar de alfalfa y lenteja. De ajos y pimentón. Se erige esta pequeña y literaria villa desde las alturas, disfrutando de las vastas vistas de los cultivos de Tierra de Campos que la rodean. Desde su privilegiado enclave, en la comarca de los Montes Torozos, la meseta castellana se antoja una suerte de colcha de patchwork en la que grandes cuadrados de colores —las arcillosas porciones de tierra labradas y cultivadas—se suceden.

Rodeada de una gran muralla del siglo XIII y dominando sobre una loma, Urueña vive apacible, en silencio. No hay coches que transiten por sus calles ni asfalto por el que hacerlo; el ruido se deja aparcado fuera. Desde la Puerta del Azogue, una de las dos que interrumpen su gran muralla medieval, se disfrutan las vistas interiores. Son estas y su panorámica de la meseta vallisoletana o su conjunto amurallado y su castillo, nombrados Conjunto histórico-artístico de interés cultural en 1975, los que lo hacen mercedor que lo catalogan como uno de los pueblos más bonitos de España.

Urueña - CallesEl interior de Urueña es un conjunto de calles de piedra que ascienden y descienden, que invitan a pasear sin prisas y sumergirse en esa quietud, lo que el visitante avista a través de ese arco de piedra, inmutable durante siglos. Un gato que maúlla, dos vecinos que conversan, el paso cercano de un rebaño de ovejas o la alegría de los niños que juegan libres, sin paredes, ni peligros, interrumpe de tanto en cuanto ese silencio que se respira en una población de apenas doscientos habitantes. O mejor dicho, lo embellece.

El paseo por Urueña tiene diez paradas obligatorias, una por cada una de las diez librerías especializadas que hacen de esta la única Villa del Libro de España, título que ostenta desde 2007.  Pero le precedía su fama: ya fue durante años el pueblo con librería más pequeño de España. Más aún: venerar los libros casi parecía ser el destino de sus gentes, ya que en la ermita de La Anunciada que colinda con los campos en las afueras del pueblo, se conserva un retablo de San Jerónimo, autor de “La Vulgata” (la traducción de la Biblia del griego y el hebreo al latín) y canonizado para la posteridad como Patrón de los Libreros.

Es la población con más librerías por habitante de España, además de contar con dos espacios para talleres (de encuadernación y de artes gráficas). Y no hay biblófilo que no pueda encontrar en ellas lo que busque. En El Grifilm, más de diez mil ejemplares (viejos y nuevos) se acumulan en las estanterías, pero predominan los dedicados al mundo del celuloide, su especialidad. Tras el mostrador, una pareja encantada de ayudar a que cada libro, revista o película descatalogada se convierta en esa pequeña joya, un tesoro descubierto un buen día en una librería de un pequeño pueblo.

Libro abierto

Son joyas también las que guardan en la Librería Páramo en su gran fondo de libro viejo, formada en gran parte por ediciones descatalogadas y rarezas literarias. En Alcaraván —la primera en establecerse, en 1994— son los que más saben sobre las costumbres, la historia, el entorno o artesanía de Castilla y León. Primera Plana es un homenaje al Periodismo y a la aventura: junto a un cofre del tesoro (un arca de libros antiguos) una exposición de fotografía da paso a las guías de viaje y a los libros sobre el oficio. Pero los géneros clásicos conviven también con otro tipo de publicaciones: fanzines (en Efímeros Pluscuam(im)perfectos), libros desplegables y Pop Arts (La Boutique del Cuento) o la Poesía Visual y los Libros Objeto —también llamados “Libros de Artista”— de El rincón del Ábrego.

Completan la visita literaria el Espacio para la Lectura, la Escritura y sus Aplicaciones Miguel Delibese-LEA— , “el corazón” de esta biblófila villa. Un gran edificio que rinde homenaje a la Literatura con su biblioteca especializada, exposiciones —como la permanente: “Entre líneas. Una historia del libro”— y un salón de actos donde tienen lugar conferencias y eventos literarios.

Muralla de piedra medieval

Pero aquí no acaba el arte y la cultura, aunque parezca imposible para un lugar tan pequeño. Urueña también cuenta con cuatro museos. El Centro Etnográfico o Fundación Joaquín Díaz, fue creada por el folklorista Díaz, a partir de su extensa colección de gramófonos, instrumentos, libros, pliegos de cordel o grabados, entre otros curiosos objetos. Junto a él, el pequeño Museo de Campanas recoge una muestra de ejemplares que datan desde el siglo XV y que pertenecen a otra familia del pueblo. Luis Delgado también ha cedido su colección de instrumentos para exponerlos en el Museo de la Música de Urueña. Y en el Museo del Cuento se pueden admirar los libros desplegables importados de todo el mundo, que cuenta con alguna belleza tridimensional de la época victoriana.

Visitar Urueña es sumergirse en la cultura. Su patrimonio, su entorno natural, su amor por los libros, la vida apacible y tranquila de sus vecinos. Urueña embelesa y atrapa de la misma forma que sólo un buen libro puede hacer con su ávido lector. Su belleza y la importancia de su legado histórico y monumental no pasan desapercibidas. Ni siquiera para los responsables de localizaciones de una superproducción como ‘Juego de Tronos’.

Fotos | flickr/Jose Luis Cernadas IglesiasWikimedia.org (Creative Commons License), flickr/Jose Luis Cernadas Iglesias, iStock/czoborraulWikimedia.org/Frank Baulo

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