Tres escapadas otoñales para disfrutar con los cinco sentidos

Por Nerea Campos Godoy

Ahora que los días cálidos comienzan a consumirse, pero todavía no ha llegado la época de hibernación y recogimiento en el hogar que supone el invierno, la carretera sigue pidiendo viajes con calma. Disfrutar de rincones distintos y salir de la rutina  en una estación en la que el roce de las olas del mar se cambia por el que hacen las hojas de los árboles cuando caen.

Los colores de la naturaleza se vuelven ocres, verdes pajizos, amarillos y el viento sopla para arrullarlos, un baile de hojas y de campos de trigo que se preparan para una época de cambio. Sentir junto a la naturaleza, visitar pueblos y ciudades que cobijan rincones únicos que se atreven a hablarnos. Escucharlos y que nos inviten a Parar más, Sentir más; a detener el tiempo y apreciar lo bello y singular de cada instante.

Este otoño nos recibe con varios puentes, tanto en octubre, como en noviembre y diciembre; tres ocasiones perfectas a las que se les puede sumar algún que otro fin de semana que invite a lo desconocido, al descubrimiento de algo nuevo. A disfrutar de esta estación que nos permite viajar con tranquilidad sin temer a las temperaturas más gélidas.

Aquí va nuestra selección de tres escapadas para un otoño que en el que seguir descubriendo los sabores del país, sus olores, sus texturas y sus sonidos. Tenemos dos oídos, usémoslos más. Con esa frase como mantra, los pequeños viajes como estos ayudarán a despertar y estimular nuestros sentidos.

Santander: el Cantábrico en una ciudad acogedora

En el norte del país, Santander es una de las opciones más atractivas para realizar una breve escapada. Propuestas artísticas, históricas, culturales y gastronómicas se suceden por una ciudad que espera a sus visitantes con los brazos abiertos.

Una caminata por el paseo marítimo de la playa del Sardinero o prolongar estos pasos hasta llegar al mirador del Faro del Cabo Mayor. Recorrer la península de la Magdalena para disfrutar de la arquitectura de la residencia estival de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Observar y admirar la naturaleza más salvaje que allí se concentra. Sentir su quietud. Escuchar su silencio.

ALHAMBRA RESERVA 1925

Para disfrutar con plenitud de esta ciudad no hace falta mucho más que pasar una tarde recorriendo el centro histórico, que cuenta con una amplísima variedad de propuestas culinarias para saborear junto a una Alhambra Reserva 1925, una cerveza aterciopelada, de espuma suave y notas florales, una característica que emana del exclusivo lúpulo que se emplea para producirla, el lúpulo Saaz.

Una cerveza perfecta para redondear experiencias únicas como un paseo en el primer viaje del otoño o una cena entre amigos que han preparado una escapada al norte con tiempo y cariño. Amigos que deleitan a sus paladares con unos pintxos santanderinos o unas anchoas del Cantábrico.

Hervás: descubrir Cáceres en la profundidad

Hervás es un pequeño pueblo de la provincia de Cáceres que se encuentra inmerso en el valle del Ambroz. Es un lugar en el que disfrutar de la naturaleza en su estado más puro y brillante, un rincón para dejar que nuestros sentidos se atrevan a Parar más, Sentir más. Un rincón en el que (re)descubrir la vida de pueblo, su día a día construido en los pequeños detalles, la inexplicable sensación de amanecer ahí. Porque la felicidad de despertar en lugares así hay que vivirla, no se puede narrar. Igual que hay cervezas que no se pueden explicar, hay que sentirlas.

En Hervás, pese a la tranquilidad (o, mejor dicho, de su mano) la vida cultural es muy activa y se trata de un pueblo que cuenta con varios centros dedicados a la pintura y a la literatura, como su amplísima biblioteca: un refugio entre árboles. Su centro histórico judío ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad, y sus valles de alrededor, como las Charcas Verdes, prometen ofrecernos las jornadas otoñales más gustosas.

Explorar Jaén a través de Úbeda y Baeza

En la provincia de Jaén se esconde un auténtico viaje al Renacimiento español. Dos ciudades que son Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (ambas declaradas como tales en el año 2003) cuya historia sigue más unida que nunca.

Pasear por el centro de estas dos ciudades es una sumersión en una época pasada que aún hoy se sigue manteniendo muy presente en la provincia. Rodeadas de olivos y de la presencia de los siglos XVI y XVII, visitarlas es algo así como viajar a sus orígenes.

En Baeza, lo ideal es recorrer la ciudad plaza por plaza y, entre medias, encontrarse con todo tipo de iglesias, palacios o monumentos que buscan que el visitante se pare a observarlas mejor, a apreciar cada detalle. También en la bella Catedral de la Natividad de Nuestra Señora, en el Palacio de Jabalquinto y en el Seminario de San Felipe Neri, que rememora los años que Antonio Machado pasó dando clase en la ciudad.

Úbeda guarda como un tesoro, también, una propuesta gastronómica muy especial. En ella destacan sus ochíos, un tipo de pan muy tradicional en la zona, que se prepara con aceite de oliva, pimentón y matalahúva. Y cuyos matices explotan (aún más) en el paladar si se acompaña de una Alhambra Especial, la referencia de Cervezas Alhambra que hace de cualquier instante un momento único. Una cerveza inspirada en las recetas clásicas del estilo Lager Pilsner checas que despliega en nuestras papilas un suave amargor y un recuerdo a corteza de pan, como la de los ochíos.

Y así, entre ochíos y aceitunas, se muestra uno de los mayores conjuntos del Renacimiento del país: el Palacio del Marqués de Mancera o la iglesia de Santa María de los Reales Alcázares son visitas indiscutibles.

España está llena de (no tan) pequeños rincones que pueden visitarse y disfrutarse en los puentes que se avecinan. Escapadas para viajar no solo por carretera, sino también a través del tiempo, el sexto sentido que conduce a los demás.

Imágenes | Pexels (1), (2), (3)

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