Silvia Valentín, insuflando nuevo aire a la cerámica moderna

Por Lorena Papí Rodes

Las formas asimétricas pueden ser tan estéticas como esas que aspiran a ser inmaculadamente regulares; la auténtica belleza reside en esa sublime imperfección de lo hecho a mano, respetando el origen y la materia prima. Y se puede decir más, con menos. La cerámica de Silvia Valentín es el mejor ejemplo de ello. Aparentemente sencilla, de aspecto casi rústico —las texturas rugosas, la predominancia cromática del óxido— pero aún así, moderna; contemporánea.

Esta licenciada en Bellas Artes y especializada en restauración ha descubierto en la alfarería “su oficio favorito”. Sus piezas son tan estéticas como funcionales. Caprichosas formas que, tras su apariencia de piezas de arte, esconden un alma práctica. Porque las suyas son obras que se pueden usar, tocar, disfrutar; que invitan a ser experimentadas a través de los sentidos del mismo modo que lo hacen las crear/sin/prisa, la plataforma de creación contemporánea de Cervezas Alhambra. Con su impulso, varios jóvenes artistas, a través del diálogo con la artesanía más tradicional, buscan un nuevo lenguaje creativo en el que la vista, el oído, el tacto sean las guías absolutas del disfrute.

Un disfrute basado en la atención al detalle, en la búsqueda de la singularidad, en el redescubrimiento de la belleza desapercibida que nos rodea. La misma que caracteriza, oculta tras esa aparente sencillez, las piezas de Silvia Valentín.

Un oficio basado en el tacto

La cerámica es un oficio de tacto. Son las manos las herramientas más imprescindibles; especialmente para Silvia, que renuncia al torno en pos de otras formas de hacer en las que todo depende de la sabiduría de su piel.

Pero también, en las que se siente más liberada de esa carga que tiene la búsqueda de la forma perfecta: “Me di cuenta de que el torno no era para mí, al descubrir otras técnicas constructivas que me permitían huir de la simetría y la perfección de las piezas hechas con torno eléctrico. Ahora trabajo con barro refractario, uno de los materiales más básicos y versátiles que me facilita el experimentar libremente, abarcando el azar y la imprevisibilidad”.

Jarrón y cuenco en cerámica

Por eso, a medida que la pieza se va transformando, también lo hace ese esbozo mental inicial. De alguna manera, el barro es, en sí mismo,  la guía. Le transmite lo que quiere ser.

Pese a que sus piezas destilan modernidad, son, al mismo tiempo, una reminiscencia de la antigüedad. “Objetos de arqueología futurista o atemporales”, define con gran acierto. No es casualidad que se inspire en museos de arqueología y en las piezas más clásicas o que reconozca emocionarse ante una cerámica prehistórica.

Reinventar la cerámica

Con ese devenir de la forma en líneas inesperadamente irregulares, Silvia escribe una nueva página en la evolución del arte cerámico. Respetando los modos de hacer del oficio, investiga, reinventa.

También Silvia juega a experimentar con la materia prima, para conseguir transmitir lo que busca en ella. “Todas mis cerámicas son muy táctiles, con cierta intención poética y un lenguaje un poco áspero e inacabado”, afirma Silvia sobre su trabajo. Su objetivo, “encontrar un equilibrio armónico entre forma, textura color y funcionalidad”.

Es esa habilidad para aportar nuevas ideas sobre una base tradicional lo que Silvia tiene en común con Cervezas Alhambra, la búsqueda de ese sabor de siempre reinterpretado, pasado por el tamiz de la innovación, de la atención al detalle, de la importancia del disfrute en sí mismo. A ella le basta “intervenir sobre la curva del perfil” de una pieza para transformar su significado; el alma del objeto.

Procesos antiguos, resultados contemporáneos

Fuente de cerámica de Silvia ValentínModelar es para Silvia un proceso que le permite fluir libremente, y hacerlo a hombros de la memoria de siglos y siglos de experimentación con la alfarería. Un proceso —el de la transformación de barro a objeto— enormemente complejo y sujeto a los caprichos del horneado: “cinco grados más o menos pueden marcar la diferencia entre un buen esmalte y otro con exceso de escurriduras o burbujas inoportunas”, explica Silvia, sobre las complejidades del material.

Una vez que la pieza se ha autoproclamado jarrón, vasija o fuente, es el momento de concederle esa identidad, adhiriendo a esta los elementos que necesita para conquistar su verdadera identidad y completar su función —un pie, un asa— gracias a la acción de la barbotina (el barro líquido).

Cuando el barro está ligeramente seco, en lo que se conoce como “estado de cuero”, es el momento de “extraer la silueta escondida”. Trabajar las texturas es, quizás, la parte más importante de su trabajo, pues son estas las que mejor definen su concepto del arte con cerámica: “me gusta dejar la huella de las herramientas con las que trabajo en el exterior de algunas piezas”.

Vajilla de cerámica de Silvia Valentín

Al dejar que la pieza seque lentamente, concede al barro el tiempo que necesita para convertirse en un material estable, sin grietas. La primera cocción —el bizcochado— aportará resistencia al material pero al mismo tiempo, lo hará más manejable.

Una vez cocida y despojada de los restos de esa cocción (el polvo que genera el barro con el efecto del horneado), es el turno del esmalte, también artesanal. Es ella misma quien los prepara, mezclando elementos de composición natural como sales, óxidos y minerales. Pero también huye del resultado uniforme, perfecto, cuando se trata de esmaltar. Al aplicarlo en varias capas, con la ayuda de una brocha japonesa, consigue un acabado diferente al que suele observarse en otros trabajos con cerámica.

Será el segundo horneado a alta temperatura —nada menos que a 1.250º C— el que lo decida todo: “es el momento de cruzar los dedos y confiar en la diosa Fornax no me la juegue”.

El resultado final es tan bello como práctico. Sus originales vajillas, sus fuentes y jarrones pueden vestir una mesa y transformar una comida informal en un momento realmente especial, ese que reservamos al final de la semana, cuando las preocupaciones ya no forman parte de la agenda y nos sentamos a saborear una Alhambra Reserva Roja con esa compañía que merece cada segundo de nuestra atención.

De las dos disfrutamos a trago lento, dejando que la conversación maride con todos los matices que la Alhambra Reserva Roja deja en boca y garganta, y que requieren de un instante —todo lo pausado que tú quieras— para dejar que se expandan en todo su esplendor.

El mismo que necesita el cuidado relieve de las suaves formas de la botella para brillar bajo la yema de tus dedos; el mismo que las obras de Silvia. En común tienen su apariencia, pequeñas obras de arte. En la práctica, objetos con los que convertir lo cotidiano en mágico.

Fotos | Cedidas por Silvia Valentín

En Momentos Alhambra | Cerámica contemporánea o cuando la tradición da forma al diseño

En Momentos Alhambra | Eugenia Boscá o las otras vidas de la cerámica

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