Siglos de forja, yunque y martillo: la herencia del ferreiro asturiano

Por Lorena Papí Rodes

Hay algo de ancestral en trabajar con los elementos, en enfrentarse a ellos y dominarlos. Es lo que consigue el tradicional oficio del ferreiro asturiano al templar el hierro y convertirlo en variadas y caprichosas formas: hachas, cerrojos, barandillas de forja. Hierro y carbón: apenas se necesitan estos dos componentes para transformar la naturaleza, para conseguir un cambio tan radical; de roca a líquido. De líquido a masa maleable, que se pliega a las exigencias que marca el golpe del martillo sobre el metal, que reposa sobre el yunque. Y del fuego, que altera su naturaleza y la modifica.

El fuego es primitivo y poderoso; es por ello que es tan difícil de domar. Solo aquella mano que ha aprendido a manejar la fuerza del martillo y a interpretar los colores que adquiere el metal al ser sometido al vigor del fuego —del rojo al blanco, pasando por toda una gama cromática de tonos naranjas y amarillos— podrá transformarlo a su antojo. Un conocimiento ancestral que en Asturias, como en otras comunidades, sigue vivo. Especialmente gracias a los esfuerzos de los ferreiros asturianos por organizar una asociación que los reúna a todos; por forjar su propio destino.

Herrero trabajando

La forja de hierro ha estado presente en nuestra cultura desde tiempos inmemoriales: a la cultura íbera debemos las primeras herramientas de forja en hierro, presentes en la península ya en el siglo VIII a. C. Fueron los primeros en perfeccionar su técnica —la forja en frío— para hacer de la metalurgia un arte y un nuevo oficio. Siglos después, los asturianos supieron descubrir entre las riquezas de su entorno natural esa mina de oro: la combinación de todos los elementos necesarios para crear toda una industria que sigue dando sus frutos. Como les ocurrió a los mallorquines cuando descubrieron el fango rojo de sus cuevas, la materia prima de su artesanía más célebre.

El oficio del ferreiro experimentaría en Asturias su propia revolución industrial: a las técnicas más primitivas como la soldadura a calda viva se unirían a partir del siglo XVI otras más “modernas”, como la forja con rueda hidráulica de las ferrerias de agua asturianas, ubicadas cerca del cauce los ríos aprovechando así la fuerza de otro elemento: el agua. Pero también los frutos de una tierra abundante en hierro y en madera. Esta, gracias a otro casi mágico proceso de transformación alquímica, servía para elaborar el carbón vegetal que alimentaba el fuego, de las fundiciones y de las fraguas.

En las ferrerias y mazos se fundía el metal y se vertía en moldes para elaborar barras, que luego se trabajaban para proporcionarles maleabilidad. En las fraguas de carbón, los herreros aportaban la magia final: sometido al poder del fuego, el metal experimenta su metamorfosis cromática, indicando al maestro cuándo está listo para ser golpeado y moldeado, sin llegar a quebrarse.

Navaja artesanal

Los mazos fueron sin duda los que dejaron un mayor legado en Asturias. Algunos siguen incluso activos, como el Mazo de Mazonovo, en Santa Eulalia de Oscos, uno de los ocho que podían encontrarse en una comarca de gran tradición metalúrgica.

Allí, en la última herrería hidráulica en funcionamiento en Europa, el ferreiro sigue trabajando el metal como sus ancestros: enfrentándose a los elementos con sus propias manos y con la ayuda de un gran mazo de madera, que, gracias a la energía hidráulica que lo acciona, percute sobre el metal con sus prodigiosa fuerza. Su enorme peso golpeando el mineral es capaz de transformar los tochos de hierro de gran calibre en placas que los ferreiros moldean después dándole su forma (y uso) definitivo.

La comarca de Oscos sigue albergando a maestros de la vieja escuela, como el artesano de navayas (navajas) Antonio Magadan. En el concejo de Vegadeo aún repiquetea el martillo sobre el yunque en el taller de Jose Antonio García Amor, el último ferreiro de la zona, heredero de un saber transmitido de generación en generación. Ahora, nuevas generaciones y también mujeres —en un oficio hasta ahora eminentemente masculino— se interesan cada vez más por asegurar el futuro de un arte milenario. Si la forja del hierro pervive es gracias a la pasión de un reducido colectivo de artesanos que crean sin prisa, decididos a hacer de la herrería un arte actual.

La forja artística, que sigue ganando adeptos —incluso entre los que no heredaron el oficio de sus padres— es el resultado de la supervivencia de este oficio, que trata de abrirse camino en esta era moderna. “Forjar obra pública” es uno de los objetivos que los herreros en activo de nuestro país persiguen. El Consejo del Hierro, creado en 2004, ha unido a los profesionales dispersados por toda la geografía española que ahora se reúnen cada dos años en Asturias para elaborar una obra colectiva, recuperando para ello las técnicas tradicionales. Es una comunión de viejos maestros y jóvenes herreros, que no atesoran ese gran conocimiento de sus ancestros pero quieren continuar su legado.

Fotos | iStock/Lukasok, Pixabay/DAVIDCRAYFacebook de Artesanía de Asturias

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