Siete rincones de Madrid para escapar del paso del tiempo

Por Nerea Campos Godoy

Cada ciudad tiene sus asideros, unos lugares seguros en los que sentir que la urbe es quien le habita a uno, unos rincones donde se hace hogar a base de encontrarlos, caminarlos y recorrerlos una y otra vez.

En Madrid, una villa de carácter agigantado donde las oportunidades de hacerse con un hueco propio son infinitas, brotan numerosas guaridas donde disfrutar de jardines secretos para olvidarse del reloj y el smartphone, cafeterías y restaurantes que permanecen prácticamente igual que cuando se inauguraron, calles con historias escondidas en libros de autores emblemáticos e incluso bibliotecas por las que las horas no corren, veladas entre cipreses, olmos y almendros.

El cobijo que ofrecen es tan especial que solo se habla de estos sitios a los mejores amigos para que, de esta forma, no lleguen a masificarse y sigan librando su fragancia única.

edificios clásicos de madrid

 

Un jardín nobiliario para reinar en La Latina

La plaza de la Paja encierra uno de los jardines que todavía se conservan del Madrid de mitad del siglo XVIII. Junto a su palacio de estructura neoclásica, se alzan los setos —si hay suerte, floridos— rodeando una fuente de piedra que fija el centro de este pequeño oasis.

Todavía se conserva la distribución de 1750, aunque fue renovado en 1920 por Javier de Winthuysen y, en 2002, restaurado por Lucía Serredi. Sus bancos rezuman tranquilidad y el trasiego de la calle Segovia seduce a través de las cicatrices de los muros que lo cercan.

palacio de cristal de madrid en el retiro

La biblioteca del Retiro

Pasando el lago y a los que se atreven a rastrearlo en barca, aparecen, entre los almendros y los perros de paseo, los altos ventanales de la biblioteca Eugenio Trías. Delicada y tímida se presenta a los transeúntes, se abren sus puertas y se cuela el aroma de los libros acogidos en la antigua Casa de Fieras del Retiro.

En ella el tiempo es otro, quizá más lento o detenido. Leer desde sus butacas —observando los despreocupados pájaros, los corredores y el zarandeo de las hojas— se convierte en un auténtico refugio.

Un club de jazz mítico en el centro: el Café Central

Entre notas espigadas, pianos y trompetas, los espectadores de uno de los locales de jazz más prestigiosos de Madrid —y a nivel europeo— han podido refugiarse durante los 35 años que el Café Central lleva en pie.

La Plaza del Ángel ha sido el testigo directo de más de 13.000 conciertos en los que las vidrieras del local, sus espejos y cafés han vibrado al ritmo de los numerosos músicos que han pasado por las puertas del club. El escenario donde se traman las canciones sigue ofreciendo a los asistentes un retiro musical que alimenta el espíritu con un menú muy variado.

💃🏻 #newyear #cafecentralmadrid

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El callejón del Gato

“Los héroes clásicos reflejados en espejos cóncavos dan el Esperpento”, decía Ramón del Valle-Inclán —en Luces de bohemia— tras verse reflejado en estos espejos que alteran la silueta del que se atreve a pasar por la calle Álvarez Gato. Los turistas que llegan de Espoz y Mina y el olor de los platos más tradicionales de Madrid disimulan el atractivo literario de este callejón, donde los grandes espejos que inspiraron al escritor modernista han sido sustituidos por otros más pequeños, pero igualmente deformantes.

Las placas de las escritoras de la generación del 27

Hacer un tour buscando las placas de las escritoras olvidadas de la generación del 27 es una buena manera de rendir homenaje a estas novelistas y poetas cuyas obras y vidas han significado tanto para la literatura de la ciudad.

Podemos encontrar la placa de Luisa Carnés en la calle que la vio nacer (Lope de Vega, 31), la de Ernestina de Champourcí en la casa donde vivió (Barquillo, 23), o la de María Lejárraga en la calle Manuela Malasaña, 28, donde residió.

La minúscula calle Almudena

En la calle que hace años se llamaba la Almudena chica se planta vigilante la estatua del vecino curioso, esforzado guardaespaldas de los restos de la iglesia más antigua de Madrid. Aquí se oculta el origen de la famosa catedral y se preservan las ruinas tras una cristalera para mostrarse solo ante los que ahondan en la historia de la ciudad.

El Invernadero del Palacio de Cristal de Arganzuela

Los secretos que guarda el antiguo matadero municipal de Arganzuela son numerosos y cambiantes, pero hay uno que permanece, vive, crece, respira y florece. Es el Invernadero del Palacio de Cristal, construido a principios del siglo XX y restaurado en los años noventa. A imagen de los invernaderos europeos del siglo XIX, recoge alrededor de 9000 especies distintas con sus correspondientes microclimas.

Peces, plantas acuáticas y de crucero, flora tropical y subtropical trepan y nadan entre las paredes cristalinas del invernadero.

Imágenes | Flickr de Marige, iStock, PixabayInstagram

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