Pablo Morales, el luthier que esculpe el sonido

Por Eva Gracia

En el valle del Ebro, en Aragón, el cierzo sopla con fuerza y silba en los oídos de los habitantes de esta región una suerte de melodía que se adentra en sus tímpanos y que hace las veces de banda sonora de sus vidas. El viento, más pausado, más domesticado, más delicado, es también el protagonista del trabajo de Pablo Morales, un luthier que no solo da forma a la madera con la que crea sus gaitas, tarotas y dulzainas, sino que la escucha, la mira y la siente.

Porque su taller artesanal, ubicado a las afueras del pueblo zaragozano de Caspe y donde el viento es prácticamente una constante, es un lugar donde los sentidos se conjugan en armonía. Y un espacio donde el tiempo transcurre sin prisa, adonde se va a Parar más. Sentir más, como reza esa forma de entender la vida, toda una filosofía en torno al valor del momento y al disfrute de los sentidos que abandera Cervezas Alhambra. Solo así, dejando que sean los sentidos los que lleven la batuta, Pablo Morales puede orquestar la magia de que un pedazo de madera se convierta en un instrumento de perfecta sonoridad.

En su proceso creativo, artesanal de principio a fin, hay, además de las brocas, los tornos y las lijas, una herramienta imprescindible más: el tiempo. Sin ir más lejos, las maderas que Pablo emplea para crear sus gaitas gallegas y aragonesas han pasado entre 15 y 30 años secándose. Las prisas, en el bello oficio de ser luthier, no han lugar.

Que mejor para terminar la semana!!! Nuevas tarotas y dulzainas.

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Un arte por y para los sentidos

Pablo, que ha aprendido de manera autodidacta el noble arte de crear instrumentos, trabaja con sus manos las vetas de la madera y la cilindra con sumo cuidado, prestando especial atención a cada detalle, incluido el sonido de la broca atravesando lo que un día fue un tronco de árbol.

Así es como se construye lo que él llama “el alma de los instrumentos”, los agujeros por los que respirarán sus gaitas y dulzainas y de los que brotarán notas musicales que sonarán a tradición, artesanía y buen hacer.

Y ahí, en ese proceso de agujerear la madera, es donde reside el auténtico arte de ser luthier. Porque un milímetro de más o de menos lo cambia todo y porque encontrar la medida justa es lo que hará que un instrumento pueda convertirse en un emisor no solo de sonidos, sino también de sensaciones.

Pablo Morales luthier De notas que nos transporten a un día junto al mar en las costas gallegas oyendo el vaivén del mar, a una tarde de verano en el Pirineo sintiendo la naturaleza en cada poro de la piel o a una mañana paseando por una villa medieval y respirando el aroma a pan recién hecho.

Dar con esa medida exacta se antoja como un proceso similar al de encontrar la proporción ideal de cebada y lúpulo para crear una cerveza llena de matices, como cualquiera de las referencias de Cervezas Alhambra. ¿Cómo lograr dar con esa receta perfecta en el caso de un luthier?

Probando mucho y escuchando todavía más. “Conforme taladras el agujero pruebas cómo suena y, si da la nota que quieres, ya lo tienes. Si no, sigues perfilando el orificio con sumo cuidado, a veces incluso a mano, y así, poco a poco, consigues dar con el sonido y la afinación exactos”, cuenta Pablo Morales.

Él, con formación en Bellas Artes además de en música, no es un luthier cualquiera: es un escultor del sonido. Sus años trabajando esculpiendo en mármol y forjando en hierro le han dado una singular destreza a la hora de emplear las gubias. Sus instrumentos son pequeñas obras de arte: con toda la precisión de un artesano del sonido por dentro y con toda la belleza ornamental de un maestro del cincel por fuera.

Parar más para crear mejor

Pero no siempre basta con concentrarse a nivel milimétrico para manufacturar un instrumento. “A veces, por la demanda o por las prisas, pasas demasiadas horas con algo. Y entonces llega el carácter del propio instrumento para decirte que te calmes y que le des el tiempo adecuado a cada proceso”, relata Pablo Morales.

Ese es el momento de parar más y sentir más para poder seguir creando. El momento de abrir una Alhambra Reserva 1925, escuchar cómo sus burbujas emergen a la superficie y paladear el sabor de la artesanía cervecera, esa cuya esencia no sabemos definir, pero sí sentir. Como ocurre con los instrumentos de Pablo Morales, creaciones concebidas no para ser descritas, sino observadas, tocadas y, sobre todo, escuchadas.

Imágenes | iStock – Mimohe, Facebook de Pablo Morales

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