Nacho Carbonell pone nombre propio al diseño en el Madrid Design Festival

Por Eva Gracia

Desde el cuchillo que utilizamos para cortar el pan recién horneado a la silla en la que nos sentamos para dejar volar nuestra imaginación con la ayuda de un buen libro, todo es diseño. Y ese fabuloso baúl que almacena todo lo que nos hace la vida más fácil (y más bonita, porque la funcionalidad y la belleza no están reñidas) se viste de fiesta este mes de febrero y sale a pasear sus encantos por la capital en el Madrid Design Festival.

No podía haber una forma mejor de acompañar a Madrid en su despertar del letargo invernal que convertirla en un escaparate del talento, en la punta de lanza de las tendencias del diseño y en el espejo en el que se miran los jóvenes creadores. Como uno de los protagonistas de esta primera edición: el artista Nacho Carbonell.

Él, valenciano residente en Ámsterdam, mira a los ojos al futuro como todo buen diseñador, pero sus creaciones tienen, además de un evidente cariz artístico, un fuerte poso artesanal. “La artesanía nos ayuda a entender de dónde venimos y a lo que estamos ligados. Nació para cubrir necesidades básicas del ser humano como transportar agua, pero evoluciona a la par que nuestras necesidades como sociedad”, dice Nacho.

El perfecto maridaje de modernidad y tradición

nacho carbonell madrid design festival

‘Patio’ es el nombre de la obra con la que participa en el Madrid Design Festival. Se trata de una instalación que se podrá ver en el edificio Matadero de la capital y que es el perfecto resumen de cómo este joven artista entiende el mundo del diseño.

En el conjunto que Nacho ha creado para esta feria se mezclan con maestría los principios y formas del arte contemporáneo con técnicas puramente artesanales, casi ancestrales, como el trabajo manual del hierro o el fundido del vidrio.

“Es nuestro día a día”, dice sobre su particular maridaje de modernidad y tradición. Y en ese plural mayestático incluye al equipo que, con sus manos y mucho tesón, le ayuda a transformar sus ideas en algo tangible, perceptible con todos los sentidos.

‘Patio’ es una obra que Carbonell ha creado en colaboración con crear/sin/prisa, la plataforma de Cervezas Alhambra. Y esas tres palabras encajan a la perfección con el modo de trabajar —y de entender el arte— de este diseñador. “La paciencia es una gran virtud de mi estudio. Repito las cosas una y otra vez hasta que salen como deben. Trabajo sin prisa, pero también sin pausa, con mucha dedicación y ganas”, comenta con tono de voz calmado y sereno.

La Alhambra, eterna inspiración

Para dar forma y fondo a su instalación, Nacho tomó la siempre inspiradora Alhambra de Granada como punto de partida. “Cuando pienso en la Alhambra pienso en el Patio de los Leones, y a partir de esa asociación que para mí es básica empecé a crear la obra”, explica.

nacho carbonell madrid design festival

¿Qué hay, pues, del Patio de los Leones en el ‘Patio’ de Nacho Carbonell? “Las columnas, la iluminación, los arabescos, esa atmósfera que es distinta en cada esquina, la sensación de intimidad y de acogida”, describe con pasión, y añade que su objetivo cuando concibió la obra fue jugar con la luz y las mágicas sensaciones que ésta nos transmite al poner un pie en el conjunto monumental granadino.

Por eso, a su ‘Patio’ le añadió un espacio con vidrieras. Pero no unas cualesquiera, sino unas hechas a partir de 10.000 botellas de Cervezas Alhambra. “Quería integrar la botella, pero quería apropiarme de ella —dice—, que no fuera un elemento externo, sino que se fusionara con mi obra”.

Y lo logró. Literalmente. Para crear esas cristaleras fundió nada menos que mil kilos de vidrio empleando una técnica artesanal, rudimentaria.

nacho carbonell madrid design festival

“Era novedosa para mí, por eso en el estudio tuvimos que investigar mucho, explorar mucho y probar mucho. Queríamos lograr que el vidrio fuera maleable y manejable. Y, al final, descubrimos que ese procedimiento tenía mucho que ver con nuestra forma habitual de trabajar”, dice Nacho al otro lado del teléfono.

Junto a las vidrieras, unas sillas que se eleven hacia el cielo son los elementos que más llaman la atención de esta instalación. El conjunto, figurada y literalmente hablando, invita al espectador a sentarse, a parar, a contemplar la obra con sus cinco sentidos.

Y en ellos ha basado su proceso creativo Nacho Carbonell: “explorar los sentidos es algo fundamental en mi obra. En este caso, he querido enfatizar precisamente en eso: en la idea de experimentar y que el público también pueda hacerlo, por ejemplo, sintiendo la frialdad del vidrio en sus dedos o mirando a través de los cristales”. Un caleidoscopio de sensaciones que se podrá contemplar y disfrutar sin prisa hasta el próximo 25 de febrero.

Imágenes | Cervezas Alhambra – crear/sin/prisa

En Momentos Alhambra | Llega el Madrid Design Festival: un espacio donde la inspiración y el diseño se dan la mano

En Momentos Alhambra | Chus Burés, de la joyería tradicional al diseño más vanguardista

Comparte con nosotros

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos Relacionados
Nueva Alhambra Reserva Roja de 70 cl: hay que sentirla, hay que compartirla

Nueva Alhambra Reserva Roja de 70 cl: hay que sentirla, hay que compartirla

25 junio, 2018
Es una cerveza que invita a detenerse unos instantes. Cuando miras la botella de inspiración artesanal y comienzas a observar los detalles —dejas de mirar para empezar a ver— de las letras que nacen del propio cristal y el tono rojo oscuro del material. Cuando viertes el líquido color cobre y hueles el aroma del cereal tostado y los intensos matices que emanan del brillante vidrio.
El oficio de mosaiquista: un arte con siglos de antigüedad

El oficio de mosaiquista: un arte con siglos de antigüedad

20 junio, 2018
Los monjes tibetanos pueden pasar hasta una semana elaborando un mandala de arena, para el que se requieren precisión y, ante todo, infinita paciencia. A pesar de ello, cuando por fin terminan, lo destruyen. Porque mantener la obra es apegarse a algo efímero, que tarde o temprano se destruirá o terminará, según el budismo. Los mosaicos, sin embargo, parten de una premisa antagónica: están destinados a ser eternos. Por eso el hombre sigue aún descubriendo un tesoro en forma de teselas heredado de civilizaciones con siglos de antigüedad.