Manos que crean sin prisa: Luciolé, una nueva forma de crear luz

Por Cervezas Alhambra

Madrid está lleno de rincones únicos. De esos que te encuentras dando una vuelta con los amigos y te quedas parado un instante, quizá mientras ellos siguen avanzando, para observar embelesado la entrada. En Cervezas Alhambra hemos recorrido la ciudad encontrando talleres de artesanos de imaginación desatada, obradores que hechizan con sus aromas y espacios donde aprender a crear pequeñas artesanías con nuestras propias manos.

Y nos hemos enamorado de Luciolé.

Luciolé

En Luciolé trabajan la luz en una tienda de la transitada calle Hortaleza de Madrid. Allí, entre Chueca y Malasaña, las personas se detienen curiosas a observar un lugar lleno de colores y objetos donde se encuentran con la oportunidad de crear, precisamente, con luz.

Porque en este espacio cualquiera consigue las herramientas para fabricar esa lámpara que tras mucho buscar, aún no han encontrado ya hecha. Puedes aprender a utilizarla, a cómo ensamblar las piezas que tú elijas y configurar todo el conjunto, único y absolutamente personal.

Luciolé

Clic.

Luciolé

Luciolé nació con el objetivo de dar la oportunidad de crear atmósferas con la luz, de hacer lámparas diferentes y personalizadas a un precio accesible para cualquiera y enseñar que no es tan difícil, que crear luz con las manos solo requiere del tiempo y las ganas de hacerlo.

Y sobre todo, es cuestión de detenerse, mirar las herramientas, seleccionar y ponerse a hacer. Las opciones son infinitas, luces con formas, con distintos elementos; luz que sale de cajas, de guirnaldas… de una botella que pudo contener primero una cerveza hecha con tiempo y ahora una luz que ilumina.

Luciolé es volver a esos orígenes que tanto nos atraen, al de las manos que tocan, que dan formas y crean. Es tener la oportunidad de escoger cómo será la luz del espacio que se habita. Y crear una lámpara que será algo más que una lámpara: será algo tuyo, en el sentido más personal de la palabra.

Hay lugares donde el tiempo se detiene porque los sentidos son la guía de la creación. Madrid —y tantas otras ciudades— contienen entre sus calles, avenidas y recovecos algunos de estos rincones que están aguardando, pacientemente, un espíritu curioso a la caza de una experiencia nueva.

Solo hay un requisito para poder disfrutarlos: acudir al sexto sentido, el tiempo, y agudizar las manos para tocar y crear. Como cuando sientes una botella de Alhambra y bebes un trago sin prisas para saborear. Igual.

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