LZF Lamps: la luz convertida en arte

Por Eva Gracia

En una antigua bodega de Chiva, en el interior de Valencia, Mariví Calvo y Sandro Tothill, fundadores de LZF Lamps, alumbran cada año una colección de lámparas espectacular. Y no es baladí el epíteto: una de sus creaciones más brillantes y aclamadas fue Koi —carpa en japonés—, una luminaria de tres metros de largo concebida para ser colgada del techo y hacer sentir a quien pasee por la estancia que se encuentra inmerso en el océano, con un pez gigantesco —pero nada intimidante— mirándole a los ojos.

Esta pieza aúna todos los valores que forjan el carácter de LZF Lamps, hija de una valenciana y un australiano: innovación constante, paciencia para dar con el material exacto, pasión por los modos de producción de antaño y un amor irrefrenable por la artesanía. Así, Koi, como una suerte de Pinocho de los mares, contó con su particular Geppetto: Manolo Martín, un artesano fallero que, para dar a luz a esta carpa, recuperó una técnica, la de construir figuras con varetas de madera, casi extinta. Antes, este proceso se empleaba para dar forma a los ninots de las fallas, pero, hoy en día, prácticamente todos sus componentes son de poliespán.

Apuestas como la de rescatar una técnica del olvido y devolverla a la actualidad —la vareta, recientemente, está tornándose en un proceso artesano de fabricación de objetos aclamado por compradores y solicitado por diseñadores­— son las que le valieron a LZF Lamps el Premio Nacional de Artesanía en 2011. Con esta distinción, la firma ve reconocido su empeño por aunar en un producto cotidiano y necesario como son las lámparas tradición, contemporaneidad y un alto nivel de exigencia.

Desde su taller, que es a la vez espacio de exposición y estudio, en el corazón de la Comunidad Valenciana, esta pareja vela firmemente por el respeto al medioambiente como pilar sustancial de cualquier proyecto artesano. Por eso, tras cinco años de trabajo, consiguieron desarrollar una fibra propia, el Timberlite, patentado y certificado como producto ecológico. Esta visión ‘eco’ de la producción se plasma también en las formas de sus lámparas, con diseños orgánicos, de colores armoniosos y reminiscencias vegetales.

LZF, siempre teniendo muy presentes los principios artesanos que la vieron nacer en 1994, diseña cada año un catálogo con propuestas para todos los gustos y públicos. Y colabora con otros diseñadores y profesionales que quieren sumar su trabajo al de esta casa española cuyos productos iluminan salas de todo el mundo.

Sus lámparas, esa perfecta fusión entre la vanguardia y la tradición levantina más pura, han sido la luz que ha guiado el camino de muchas otras marcas. Han logrado convertirse en todo un icono que muchos quieren tener en su hogar. Su belleza es inspiradora, hasta el punto de que cualquier enamorado puede atreverse a hacer la suya propia siguiendo este estilo y filosofía; eso sí, con la supervisión de maestros de este arte y en talleres guiados como los de Cervezas Alhambra de diseño de lámparas.

Fotos | Facebook de LZF

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