Los secretos del taller artesanal de cerámica creativa de Guille García Hoz

Por Eva Gracia

Igual que hay quien dice que el verdadero amor no siempre es el primero, hay quienes aseguran que la primera vocación no siempre es la auténtica. Guille García Hoz lo sabe bien. Él estudió matemáticas, pero cambió de rumbo su vida para dedicarse a su auténtica pasión: el interiorismo.

interiorista guille garcia hoz estudio

Es uno de los más afamados decoradores de España, con interesantes proyectos en su haber y trabajos para locales y negocios de moda. Pero, en la vorágine de las tendencias, encuentra un hueco para la tradición, el amor por lo bien hecho y la artesanía.

Fruto de ese flechazo es su colección de piezas de cerámica, de aires surrealistas, líneas puras y acabados pulcros y finos.

Él se encarga del diseño, pero la manufactura la confía a los maestros del Centro Cerámico de Talavera, auténticos expertos en la materia que llevan un cuarto de siglo luchando por moldear las formas del futuro con técnicas centenarias.

Este matrimonio creativo entre el interiorista y los artesanos castellanos se consuma en Gerardo, Paquito, Maribel, María Cristina y Eliso, la fantástica fauna que conforma la familia García Hoz.

Una onírica fauna hecha a mano

Gerardo es un ciervo cuyos cuernos son lo que le dicte su hogar: las ramas de una planta que crece en su interior, hojas de periódico con noticias frescas de hace días, botellas vacías que susurran las confesiones de noches entre amigos… Maribel es una elefanta que tan pronto almacena verduras como viste el rincón más desangelado de una casa y lo convierte en el más acogedor. María Cristina es una ballena que no canta, sino que amplifica los sonidos de tu teléfono.

Usos modernos para unos productos hechos a mano en un taller de Talavera de la Reina donde se es fiel a los principios artesanos y a la técnica. Cada una de las piezas del safari de Guille García Hoz es única, con sus imperfecciones y su personalidad.

ceramicas diseños guille garcia hoz

Y surge del buen tino de los ceramistas con los moldeados y de su paciencia para, una vez que el barro está cocido, limpiar uno a uno los jarrones con una suave esponja antes de vitrificarlos y darles ese aire brillante y pulcro que caracteriza a la cerámica.

Los diseños concebidos por el interiorista y materializados por los artesanos de este taller no se pintan, como suele ser habitual en otras piezas. Se quedan blancos, puros, como esperando a ser rozados por sus siguientes dueños.

La pasión por el proceso de creación

 

taller pintura ceramica a mano

El amor de Guille García Hoz por la tradición y por aquellos que dan forma a sus ideas se tradujo, el pasado mes de octubre, en una exposición conmemorativa de los 25 años del Centro Cerámico de Talavera, comisariada por el propio Guillermo.

En ella se expusieron objetos creados por Juan Carlos Albarrán, Ana Fernández y Ramón González, los fundadores del taller de Talavera. Pero Guille García Hoz quiso incidir, especialmente, en el proceso de creación de las piezas.

En cómo, con sus manos, barro y mucha precisión, los ceramistas son capaces de moldear pequeñas obras de arte concebidas para el uso diario.

Porque la maestría también se luce en lo pequeño. En un jarrón con orejas que escucha las charlas de una casa; en una serie de platos con un perro, un gato y un ratón que se persiguen en círculo sin alcanzarse jamás; en un colgante con forma de tortuga llamado Paquito, la última y minúscula criatura horneada en la mente del interiorista.

Y porque un arte también es lograr que una técnica del siglo XVII y unos diseños del XXI caminen juntos, con paso firme, hacia tradición artesana del futuro.

 

 

Imágenes | Facebook de Guille García Hoz, iStock – YakubovAlim, Lightfield Studios

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