Los libros del Mercado de San Fernando o cuando la cultura se camufla entre frutas y verduras

Por Nerea Campos Godoy

Unas escaleras que llevan al aroma más penetrante. Qué es sino el fulgor de unos tomates recogidos recientemente de alguna huerta madrileña que han sido plantados y transportados con mucho mimo. Naranjas del día; redondas, con relieve y olor a un verano que se respira en el campo. Suaves y seductoras cerezas que comulgan entre sí las unas con las otras, mezclándose con la madera de una caja que las sostiene.

Un bullicio tranquilo, que se camufla entre todo ese estallido de sabores y de olores. Así se escucha y se respira el Mercado de San Fernando de Madrid, uno de los mercados gastronómicos del centro de la ciudad que todavía conserva su espíritu original y que comparte alma con otros del mismo tipo, como el Mercado Central de Valencia. Al entrar por sus puertas cobran sentido el olfato, la vista y el oído; con un poco de suerte (y de tiempo), el gusto también entra en el juego. Qué decir del tacto, saborear con la mano una pieza de fruta, esa que ha llamado poderosamente la atención desde una ventana de la intuición.

Verduras, frutas, carnes y pescados se sirven en un edificio de Embajadores cuya historia se remonta a los mercados de abastos donde la gente del barrio se proveía de los productos más frescos de la zona. Bacalao típico de la cocina portuguesa, la picardía de los tacos mexicanos, cocina tradicional española, platos veganos y una extensa y variada oferta gastronómica, además de la usual panorámica de fruterías y verdulerías, conviven hoy en este lugar. Un espacio tan perfecto para comprar unas viandas, prepararlas en el hogar y maridarlas con una Alhambra Especial como para fantasear con viajar a los lugares más exóticos y probar las especialidades en la tierra que las vio nacer.

la casqueria mercado gastronomico madrid

Entre esos puestos se mueve la vida de aquellos que en fin de semana acuden a tomar el aperitivo, ese instante de disfrute a través del paladar y de las mejores compañías y charlas que se reivindica, hoy, como un pasatiempo para saborear con calma, con la tranquilidad de olvidar el tiempo y de dedicarse a disfrutar. A parar más y sentir más, un sencillo placer al que nos invita Cervezas Alhambra y que se maximiza cuando por nuestra garganta discurre el oro líquido de una Alhambra Reserva 1925.

Entre semana, se sucede en el mercado esa escena cotidiana que lleva años y años representándose, la de gentes comprando los alimentos básicos para su hogar. Pero uno de estos puestos destaca por su singularidad. Día tras día, allí no se venden víveres que alimentan el cuerpo, sino los que alimentan el alma: los libros.

Son ejemplares de segunda mano, dispuestos a vivir una nueva vida en otras manos. Un espacio muy particular, que ofrece palabras al peso en un puesto que se camufla entre los tenderos, paseantes, las frutas y las verduras de este mercado gastronómico.

La Casquería: libros al peso

El rumor de fondo que se escucha en el mercado de San Fernando es la banda sonora que resuena entre las estanterías que se convierten en el hogar de los cientos de libros que cobija La casquería. Un nombre que se integra a la perfección con el edificio que lo acoge, aunque entre sus cajas no hay limones o lechugas, sino libros. Montañas de libros que se venden al peso, tal y como lo haría la carne en una auténtica casquería.

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¿Y a cuánto se vende cada ejemplar? El precio está anunciado a 10 euros el kilo en las columnas de este delicado espacio. La balanza no pesa cebollas o zanahorias, sino volúmenes que van a encontrarse con nuevos lectores. Las vitrinas muestran portadas luminosas que llaman la atención de los transeúntes.

En el año 2012, este atípico espacio de los mercados gastronómicos reconvirtió los puestos de una antigua pollería y de lo que fue una casquería para crear un pequeño paraíso para los enamorados de los libros. Así, entre estanterías y cajas emerge este proyecto cuya intención era clara: reactivar el ciclo de la vida de los libros.

Se acarician los lomos de los ejemplares y su aroma antiguo se funde con el de las hortalizas del mercado gastronómico. Las vitrinas cambian las verduras por ejemplares de filosofía, de literatura, de cómics, de teatro y de poesía. Libros en diferentes idiomas, naves que proyectan a través de la palabra viajes tan variados como libros se pueden encontrar en La Casquería.

Entre quesos artesanos y artículos recién llegados del campo para dar color a nuestros platos pasean aquellas personas que se acercan a husmear entre los libros para darles una nueva acogida. Pero también las que los donan para que vuelvan a tener una lectura y, con ella, otros puedan sumergirse en un viaje que solo las palabras pueden ofrecer. Se aviva la cultura, se renuevan los pasos de vida de los libros y estos se acercan a nuevos lectores. La cotidianeidad del barrio se ve animada por estos distinguidos y sabios inquilinos.

Imágenes | Facebook de La Casquería, web de Mercado de San Fernando, Unsplash – Tom Hermans

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