Lorca, Irving, Falla: el arte enamorado de Granada

Por Lorena Papí Rodes

Granada ha sido una fuente continua de inspiración artística. A lo largo de los siglos ha enamorado a escritores que han ensalzado en sus obras su belleza, a músicos que han traducido a notas los sonidos del aire a través de las celosías de la Alhambra, del agua clara de sus jardines. Su impronta está presente en los versos de los que se criaron entre sus callejuelas empedradas, como Federico García Lorca.

En su espíritu sigue vivo el recuerdo de grandes figuras de la literatura o el arte tan ajenas a la tradición andaluza como Hemingway o Shakespeare, el músico Leonard Cohen o el poeta mexicano Francisco de Icaza, autor de uno de los elogios más célebres que han hecho de la ciudad: “dale limosna mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada”.

Y es que la sola visión de la impresionante fortaleza que es La Alhambra dominando desde las alturas y de todos los tesoros que guarda en su interior, es suficiente para quedar hechizado.

Granada, inspiración de escritores

Le pasó al escritor neoyorquino Washington Irving, que tuvo la suerte de vivir temporalmente entre sus muros: sugestionado por la imaginería que le recordaba los cuentos de tradición oriental, recreó en “Los cuentos de Alhambra” (1832), un universo onírico que se desarrollaba en el interior del gran palacio. Su memoria descansa para siempre en el monumento que se levantó en su honor. Cien años después García Lorca haría el ejercicio a la inversa con “Poeta en Nueva York” (1929-1930).

La Alhambra tiene ese halo de misterio que envuelve a un monumento o a unas ruinas, cuando el caminante es consciente de que está pisando siglos de historia. Pero también se siente esto al descubrir, al final de una cuesta infinita y a 700 metros de altura, el que fue el origen de la ciudad: los barrios de Albaicín y Sacromonte, que acumulan mil años de historia bajo sus adoquines, como las piedras de su muralla zirí.

“Granada emociona hasta deshacer y fundir todos los sentidos”, dijo de ella el pintor Henri Matisse, quien la visitó en 1910 durante un tour por Andalucía. Matisse debió quedarse prendado de Granada por sus colores, especialmente en el Albaicín: el blanco inmaculado de los cármenes se ve interrumpido por breves notas de color: rosa, de los almendros en flor; verde, de las chumberas, los olivos y los cipreses; cobrizo, del cielo en el atardecer, bañando de luz La Alhambra. Fue el palacio nazarí el que mayor impacto causó en el artista: la influencia oriental impregna sus Odaliscas, que pintó después de su breve estancia en la ciudad.

La música enamorada de Granada

La música es otra de las grandes aportaciones de Granada a la cultura y la historia del arte de nuestro país: a lo largo de los siglos se ha ido configurando un gran legado folclórico que está presente en los músicos locales actuales.

Las bellas letras de las granaínas, los fandangos y las colombianas del cancionero tradicional granadino vuelven hoy a la vida envueltas en potentes sonidos de guitarra de bandas y músicos indie como Los Planetas, Pony Bravo o Sr. Chinarro, en todo un ejercicio de reinterpretación de una tradición oral y musical. Como hiciera Lorca en su ‘Poema del cante jondo’ o en ‘Romancero Gitano’, bebiendo del cantar y de la cultura gitana para crear su poesía.

Casi un siglo después son los músicos Enrique Morente y Lagartija Nick quienes rinden homenaje al poeta y al músico Leonard Cohen —que hizo lo propio con temas como  “Pequeño Vals Vienés”— en su disco colaborativo ‘Omega’.

Lorca, Falla, Barrios, Salazar
Francisco García Lorca, Manuel de Falla, Federico García Lorca, Ángel Barrios y Adolfo Salazar en el Partal. Granada, 1921

La música y la poesía son inseparables en la vida de Lorca. El compositor Manuel de Falla fue su maestro musical; así se inició la amistad entre ambos, durante las lecciones en El Partal, el carmen propiedad del compositor en el que se reunieron tantas veces, junto a otros ilustres granaínos como Ángel Barrios y Adolfo Salazar. La amistad entre Lorca y Falla culminaría en un ambicioso proyecto artístico conjunto: el primer concurso de cante jondo, en 1922, con la intención de situar el flamenco en el lugar que le corresponde en el Arte. Sobre la esencia de este arte escribió y también habló, en conferencias con títulos tan sugerentes como ‘Teoría y juego del duende’.

Manuel de Falla es, junto a Lorca, una de las figuras más emblemáticas del panorama artístico de Granada. El compositor era gaditano pero vivió dos décadas en Granada —hoy su casa es un museo— donde creó gran parte de su obra, entre 1919 y 1939.

Con él, con compañeros de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada y con otros poetas pasaba las tardes Federico García Lorca en el Café Alameda de la Plaza del Campillo, componiendo esas Viñetas Flamencas y tantos otros poemas. Y siempre en el mismo rincón; “el rinconcillo”. Una imagen en bronce del célebre escritor ocupa hoy ese lugar, aunque se haya convertido en un restaurante: una escultura para recordar todos esos momentos en los que debatió, dibujó, rimó y disfrutó allí sentado.

Fotos | Pixabay_cnsconsultoreshenri-matisse.net © Succession H. Matisse 2009, Fundación Manuel Falla, Colección Fundación Federico García Lorca

 

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