Las residencias del Matadero de Madrid: arte esperando ser descubierto

Por Nerea Campos Godoy

Cuando llegamos a autores jóvenes, nuevos, misteriosos, de trayectoria desconocida y los encontramos por primera vez, surge una fuente de regocijo muy particular. Experimentar con nuevos ojos las propuestas de los creadores actuales del arte contemporáneo es algo que tienen en común tanto las residencias del Matadero de Madrid como Cervezas Alhambra.

Ese momento de descubrimiento en el que el cultivo intelectual y creativo de los artistas comienza a dar sus frutos. El tiempo necesario para hacerlo. Por eso existen las residencias de arte del Matadero, para explorar en el diálogo que se establece entre el espacio que ellos ponen a disposición de los artistas y sus creaciones. Algo que se hace día a día, con la paciencia de quien es esperado sin prisa; así se llega a un lugar que deja de estar nublado.

El Centro de Residencias Artísticas es el que se encarga de ofrecer cada año a muchos de estos jóvenes creadores la oportunidad de sacar adelante todo el mundo interior que late fuerte. Para, después, con el esfuerzo y el tiempo, comprobar que esos latidos han traído una obra única, original, propia y distintiva.

Esos tiempos de creación son los que Cervezas Alhambra sabe que hay que respetar. La mente creativa precisa de los instantes de Parar más. Sentir más, pues, la mayoría de las veces, se llega al arte a través de los sentidos, no solo del concepto. Para escuchar el alma de algo genuino, esa palpitación del corazón de la que hablaba Sylvia Plath (I am, I am, I am) en su Campana de cristal, no aparece por casualidad. Se tiene que dejar escuchar y que hable, dentro de cada autor, para poder descubrir todos los matices que esperan a ser desenterrados.

Decía Pablo Picasso aquello de que “cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando”. Ese flechazo, ese instante único de lucidez es como el momento en el que se destapa una Alhambra Reserva 1925 y todo su sabor fluye desde la boca al interior. Intensidad y cuerpo que tiene que vivirse, igual que se vive el arte: pintando, creando o haciendo bocetos. Si surge la chispa de la inspiración, que sea en el lugar idóneo.

La creatividad que se comparte

Nacho Carbonell fue uno de los creadores más destacados de las residencias del Matadero. Su obra nació en el contexto del Madrid Design Festival, donde El Patio se convirtió en una de las instalaciones más señaladas. Así trataba de hacer un guiño de complicidad hacia la Alhambra y el Patio de los Leones. Un lugar en el que la amplitud del espacio y la disposición de las sillas daban la oportunidad de pensar sobre el hilo que enlaza el arte contemporáneo con la reinterpretación actual del oficio de la artesanía. Ese con el que el arte lleva siglos estableciendo un diálogo tremendamente enriquecedor y que Cervezas Alhambra busca siempre fomentar a través de sus diversas iniciativas en este ámbito.

Este año, las residencias del Matadero siguen compartiendo el espíritu de Cervezas Alhambra para caminar lento y experimentar los detalles que ofrece el día a día en el proceso creativo.  Cuando se mantiene una distancia prudencial y el tiempo sigue un ritmo tranquilo, hasta los misterios más recónditos del alma del artista afloran a la luz. Las residencias del Matadero tratan de mantener esa voluntad de exploración en la mente de los artistas, por eso ofrecen la oportunidad de estar allí durante todo un año.  Para dar cuenta del avance de sus obras, se hacen pequeñas muestras donde acercan al público el resultado de su experiencia.

Es un proceso continuado en el que la creatividad es una suma de los días, donde son los sentidos los que, abiertos, van dejando su rastro a través de las manos de cada artista. La clave para elegir las obras que más apetecen visitar reside en una invitación a disfrutar. Así como se reinventaba la Alhambra Reserva 1925 desde los sabores de estilo Pilsen Bohemia y de Amber Lager checas, cada artista bebe de sus fuentes y de su genealogía como punto de partida.

En residencia: las propuestas más sensoriales

Una de las propuestas más interesantes que juega con varios sentidos es la de Blanca Gracia, licenciada en Bellas Artes. Ahora mismo se encuentra en pleno proceso de creación de su proyecto Rompu, rompu la murojn inter la popoloj!, un híbrido entre el teatro, la animación y el sonido. Gracia apela a los sentidos para reflexionar sobre el lenguaje y la voz como centros del poder y, también, como herramienta social.  Su idea es la de crear una trilogía de piezas cortas con distintos códigos con los que experimentar, sobre todo, desde el sonido.

La música es otro lado esencial de las residencias del Matadero, aunque en lugar de proponer una exposición temporal, su resultado es un concierto muy especial. Por ejemplo, la obra de la portuguesa Teresa Castro, compositora, multi-instrumentista y artista, podrá escucharse en directo el día 10 de mayo en el propio Matadero. Sus experimentos con el sonido y sus dimensiones han dado lugar a un nuevo LP que ha compuesto durante ocho semanas de intenso trabajo. Gracias a este esfuerzo y al de una orquesta de músicos locales, llegará a los escenarios.

Uno de los proyectos más artísticos y de investigación llega de la mano del colectivo Este Cardenal. Su trayectoria les ha llevado a desarrollar múltiples propuestas sensoriales para que los niños y niñas puedan jugar con el arte y la pedagogía con luz. De esta manera, los más pequeños pueden explorar el espacio, la luz y la sombra, mientras se fascinan a través de la sorpresa y juegan con su propia curiosidad.

Imágenes | PixabayFacebook de Matadero Madrid

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