La taracea granadina o cómo elevar la madera a la categoría de arte

Por Lorena Papí Rodes

Desde los fenicios hasta los cartagineses, pasando, cómo no, por los romanos, cada pueblo que ha habitado este crisol de culturas que es nuestro país ha dejado tras de él su legado: patrimonial, histórico, cultural y artístico. Las huellas de esta herencia aún están presentes en museos, asentamientos, ruinas y monumentos protegidos y considerados Patrimonio de la Humanidad —como La Alhambra—. El espíritu de estos pueblos, todo lo que nos legaron, también siguió vivo en nuestra forma de entender el arte. Nos dejaron, además de sus obras, su incontestable influencia; sus técnicas, sus procesos creativos, sus expresiones artísticas.

Así, muchas de las manifestaciones estéticas desarrolladas aquí, deben su existencia a la presencia y al influjo de otras culturas. Como la taracea granadina, una de las formas de artesanía más representativas de la ciudad andaluza que creció y se erigió como la ciudad que es hoy, en gran parte, durante el período en el que este territorio era conocido como Al-Ándalus (711-1492).

Origen y tradición de la taracea granadina

Taracea - Granada

Esta técnica artesanal llegó en aquella época a Granada, dejando su impronta en puertas, paredes y arcos, pero muy especialmente en La Alhambra. Esta milenaria técnica de marquetería, que alcanzó su mayor esplendor en el siglo XIV, se sigue practicando igual que entonces: ahondando pacientemente con las viejas herramientas, creando hendiduras en la madera —de nogal, ébano, caoba, cedro o palosanto—, grabando dibujos con el buril y recortando las piezas, que se superponen por capas sobre cualquier superficie. Las grecas o guardas (las largas tiras de madera) se cruzan, creando un patrón de estrellas, octágonos y hexágonos se combinan de forma casi hipnótica, formando un mosaico.

La obra se completa al incrustrar en esta madera tallada todo tipo de materiales —nácar, marfil u otras maderas nobles— para conseguir esa inconfundible estética, que se asocia de manera casi inmediata a tantos otros rincones de Granada, que atestigüan la relevancia de esta artesanía en la ciudad. De hecho, Granada tiene la consideración de Zona de Interés Artesanal por contar con talleres donde se desarrollan antiguos oficios y artes como la taracea.

El resultado son imbricados e hipnóticos diseños geométricos que pueden revestir y elevar a categoría de arte todo tipo de objetos mundanos: cajitas, joyeros, tableros de ajedrez; o convertir puertas y ventanas en entradas directas a otras épocas. El brillo o el satinado final, esa suave superficie, se consigue con la tradicional técnica del barnizado a muñequilla.

Taracea - BurilSe llama así por la muñeca de trapo que se usa para aplicar el barniz: una pequeña cantidad de guata envuelta en un paño de hilo, plegado en forma de  esponja con la que se aplica el barniz (la goma laca).

La larga tradición de la taracea continúa hoy viva en Granada: es una de las típicas muestras de artesanía del barrio de La Alcaicería. Y  a través de artesanos que, en Granada y en otras partes de España, siguen practicándola, creando originales piezas. Los Premios Nacionales de Artesanía reconocieron en 2008 la labor de Jesús Molero Sabador. Así, concedieron este reconocimiento al artesano, la tercera generación de la familia que fundó la casa de Artesanía Molero en Granada en 1888. No es el único gran galardón que han recibido estos maestros de la ebanistería (acumulan más de una veintena).

Sus muebles son la muestra de cómo una antiquísima tradición puede perdurar, cuando se transmite de una generación a otra. Cuando se siguen usando las manos para hacer las cosas. Cuando prima el cuidado por el detalle y la calidad del acabado y no la producción en serie. Cuando no se crea con prisa porque lo importante es que esa creación sea única, el mismo instinto que bulle en las colaboraciones de artesanos como Raquel Rodrigo, Martín Azúa y Álvaro Catalán de Ocón con Cervezas Alhambra, donde el tiempo cobra un cariz diferente, vital, a la hora de alumbrar las obras que han nacido fruto de esta unión.

Antonio Beas Bimbela es otro artesano granadino que continúa la tradición familiar. En su taller también se sigue trabajando “como antaño”: cada parte del proceso (pulir la madera, trabajarla, barnizarla) se elabora a mano, siguiendo la tradición musulmana. Lleva su arte a todo tipo de objetos, desde los más pequeños (las clásicas cajitas) hasta los más grandes (sofás, mesas), gracias “largas horas de trabajo y paciencia”.

Marco de madera en taracea en Granada

En Tarxia han ido mucho más allá y han aplicado estos diseños a nuevos objetos; innovación y tradición se unen en sus productos: gafas de sol o fundas para el móvil adornadas con estos mosaicos en madera. En Munira, trasladan el concepto al cuero, reproduciendo estos patrones en bolsos, joyas o pashminas.

Con más o menos imaginación; innovando, renovando los clásicos o reproduciéndolos de la forma más fiel. Lo que está claro es que en Granada no han olvidado sus orígenes y la tradición de la taracea no sólo continúa, sino que es casi un emblema de la ciudad.

Fotos | iStock/kirza, iStock/AndresGarciaM, Instagram/@wearetarxia

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