La seda, el original lienzo de Martina Menke

Por Marieta Zubeldia

No hay mejor storytelling que aquel que da cuenta de la vida de quien hace posible una idea. Nos pasamos la vida juzgando las cosas por su autenticidad y, en un intento por hacerlas más valorables, acabamos ponderándolas con historias que adornan, pero no forman parte de su verdadera naturaleza.

Sin embargo, a veces no hay que acudir a la estratosfera del lujo ni viajar lejos para encontrar las prístinas historias de nuestros objetos de deseo. Es el caso, por ejemplo, de Martina Menke: en San Sebastián, esta singular artesana encontró en la pintura sobre seda una balsa de sosiego en la que solazarse tras la agitación del día a día.

Hay algo especial en las creaciones de Menke. No solo en sus formas y en sus colores, en la atención por los detalles que comparte con artesanos como Martín Arzúa, que ha optado por otro material natural como el esparto para la intervención que, junto a Cervezas Alhambra, ha realizado en el centro de Barcelona.

La técnica y creaciones de Martina Menke

En las prendas de Martina convergen tinturas que reviven albores exuberantes o la psicodelia propia de los lisérgicos años 60. Su saber hacer, que ha perfeccionado tras 13 años de trabajo, ha convertido sus prendas en vehículos con los que uno pueda despertarse y viajar a diferentes tiempos y lugares.

pinceles

Sus fulares, blusas, pañuelos, velos o ponchos nacen de cuatro materiales esenciales: “seda, pinturas no tóxicas, paciencia y tiempo”. Poco más que esto le haría falta saber a Iris Apfel para lanzarse a por las creaciones de Menke en una de sus famosas incursiones en mercadillos locales, donde se abandonaba a la búsqueda de joyas de armario inapreciables para el ojo corriente. ¡Ay, si la eterna diosa del estilo se topase con ellas!

En el Museo Balenciaga sí se fijaron de verdad en sus creaciones y llegaron incluso a pedirle una muestra, como la misma Menke relata en su web. Ésta es solo una de las anécdotas con las que la artista trufa su escaparate y enriquece la vida de sus blusas y fulares pintados a mano. Sus numerosas historias personales sirven de vehículo conductor para explicar, a quien se acerque, cómo la pintura sobre seda pasó de ser “un placer privado” a convertirse poco a poco en una actividad profesional.

“Utilizo diferentes técnicas para pintar la seda, pero todo empieza con el diseño en papel”, asegura la artista, que destaca algunas “técnicas rápidas y con efectos muy llamativos como el uso de sal”. Este proceso se basa simplemente en esparcir sal por encima de la pintura, una vez se ha aplicado sobre la tela, para que la absorba y conseguir así formas impredecibles.

Mano dibujando en seda

La trayectoria de Martina Menke la ha convertido en toda una experta en el tejido y, cuando se trata de hablar de él, lo hace, no solo con la voz de la experiencia, sino con auténtico amor por su trabajo. “La pintura fluye sobre la seda sin que haya un control absoluto en la pintura libre, por lo que cada pieza es única”, relata. Y entonces uno sucumbe a la imagen de chorros de color apropiándose de uno de los filamentos naturales más bellos que existen.

Jacquard, satén, bourrette, pongé, dupion, moaré… Cuando decimos en voz alta todos los tejidos que proceden de la seda pareciera que nos trasladamos a la corte de Luis XIV, en Francia. Sin embargo, hay que viajar todavía más lejos para buscar su verdadero origen, en China. Los orientales ya vestían sus brillos y texturas mucho antes del 1300 a.C y a España no llegaron hasta el siglo XV, a través de la ruta homónima que bordeaba las costas india y africana.

La vida de esta fibra es una de las pocas que nos hace parar y pensar en todas las culturas y etapas de la Historia que la atraviesan. ¿A qué época viajarías tú, si pudieras envolverte en uno de los pañuelos de Martina Menke?

Imágenes | iStock, Pexels, Facebook Martina Menke

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