La joyería mediterránea de Enric Majoral: una oda a la orfebrería

Por Lorena Papí Rodes

“Extraer la belleza de las formas” que insinúa el paisaje mediterráneo. Encerrar la esencia de Formentera en una joya única. Imitar a la naturaleza, reproduciendo formas y patrones; o conceptos abstractos como el paso del tiempo, representado en esa oxidación natural que tienen algunas de sus piezas. Esta es la filosofía de trabajo del artista y joyero Enric Majoral desde hace más de 40 años y que imprime en sus obras: ejemplos únicos de joyería que alcanzan la categoría de arte.

Hijo de artesano marroquinero, su herencia genética le condujo irremediablemente a crear sin prisa (como la plataforma homónima de creación contemporánea de Cervezas Alhambra), con sus propias manos. Y aunque venía de haber estudiado la Escuela de Artes y Oficios, en su joyería, Enric Majoral siempre fue un autodidacta que, con el paso de los años, se convirtió en un apasionado por este noble oficio.

Trasladarse a Formentera en los años setenta le transformó en el artista que es hoy. Su trabajo se inspira, se apoya y se desarrolla en el contexto de la isla, en su paisaje. Formentera es su musa. Porque en este pequeño paraíso de apenas veinte kilómetros de largo, la naturaleza aún encuentra formas de expresarse en libertad, en todo su esplendor y espectacularidad: grandes dunas que el viento transforma caprichosamente; el verde de los pinos y sabinas, que puede verse y olerse; el color turquesa del mar, que adquiere en las costas de las Baleares una transparencia casi sobrenatural. Colores que capta y reproduce a base de tonos acrílicos con los que pinta algunas creaciones.

Proceso de orfebrería artesana

En Formentera instaló su taller, de dónde siguen saliendo sus colecciones completamente artesanales y que ahora diseña y crea junto a su hijo Roc, la segunda generación de joyeros Majoral: “Para mí, Formentera es un espacio de reconstrucción y regeneración, de renovación de energías. Es fuente de inspiración. Un espacio evocador”.

Su trabajo como joyero está íntimamente ligado a la innovación. Sus creaciones son inseparables de una concepción: la artística. Para Majoral, las joyas son algo más que objetos y su valor trasciende del valor del material del que están hechas. Más que complementos, sus obras son concebidas y creadas como objetos artísticos.

Como un alquimista, transforma el bronce en joya y la joya, en objeto digno de ser expuesto en una galería de arte. De hecho, algunas de sus piezas forman parte de la colección permanente del Museum of Arts and Design de Nueva York.

El bronce está muy presente en su obra. De él aprecia la capacidad para oxidar dando tonalidades verdosas, emulando el  musgo que viste como un manto las rocas que recogen las olas. La oxidación transforma totalmente la pieza, dándole ese aspecto eterno, primitivo. Como el de los trabajos en bronce que crearon las primeras civilizaciones que habitaron la isla.

Collar de Enric MajoralSus joyas también recogen esa esencia de perpetuidad, como si acumularan en ellas la historia de Formentera, poblada ya durante la edad de bronce.

El oro y la plata provienen de pequeñas minas en las que los metales se obtienen de manera artesanal y en las que se garantiza un sueldo digno a los trabajadores. Como distribuidor oficial de Fairmined, demuestra que su interés por la naturaleza no es el de un mero observador, sino el de un defensor activo. Que su admiración por los elementos naturales y su obra son coherentes.

A ella le debe su obra. Toma elementos de la isla  —como la Lluvia, el Baladre, o la propia Eivissa y los esculpe en forma de joyas. La naturaleza —las hojas, la posidonia, el viento— queda atrapada eternamente en sus obras: un anillo que reproduce el sutil movimiento de una ola que, después de romper con fuerza, llega hasta la arena envuelta en calma, con pausada y relajante cadencia. Unos pendientes que imitan la forma de las hojas del baladre que se extiende por la isla en estallidos de color. Sus joyas mimetizan con el entorno.

En Trossos de Formentera, son las propias rocas de los acantilados de la isla las que son encapsuladas en broches, después de ser trabajadas habilidosamente por las manos de Majoral, a base de buril y combinadas con plata. Es esta una de las colecciones en las que Enric Majoral se desmarca de la joyería dando un paso más y abrazando el oficio de orfebre, con el que comparte mucho más que técnicas y herramientas.

Integrar la naturaleza. Jugar con los elementos. Transformar, evocando un recuerdo, un paisaje, en cada una de sus joyas. Esculpir el metal hasta obtener su alma, la que le da a sus creaciones su verdadera valía. Enric Majoral lleva casi medio siglo dedicado a transformar la joyería en un arte a la altura de la escultura o la pintura.

Fotos | Facebook/@majoraljewelry, iStock – nd3000

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