La Alhambra, luces, sonidos y esencias que inspiran una cerveza con personalidad propia

Por Nerea Campos Godoy

Desde que el monarca y la corte del reino nazarí de Granada se instalaron en la ciudad palatina de la Alhambra y recorrieron sus recovecos, persiguiendo los frutos del naranjo y los ríos de agua que viajan entre las piedras, han sido muchas las personas que cayeron rendidas a los pies de un lugar que ha sido capaz de trenzar lazos entre culturas que han aportado lo mejor de sí mismas, cada una en su momento.

Cuando los maestros cerveceros de Cervezas Alhambra decidieron instalar su fábrica en esta fascinante capital, su decisión correspondía a ese hechizo que Granada libera sobre todo aquel que la visita, como si se tratase de unos pétalos de azahar que se desperezan y poco a poco desenroscan sus hojas hasta, al fin, abrirse del todo y cubrir la ciudad con su perfume: sentir la ciudad a cada paso, a través de su aroma y recordarla cada vez que ese mismo olor vuelve.

Esa es, precisamente, la reflexión de Cervezas Alhambra: Parar Más Sentir Más, pues hay ciudades y cervezas que no se pueden explicar, sino vivir. Olerlas, admirarlas, saborearlas, tocarlas. Parar más para poder escucharlas.

la Alhambra de Granada

Seducidos por la posibilidad de ver la Alhambra cada día, 1925 se convertiría en un año icónico tras instalar la fábrica en Granada. Tanto, que acabaría dando su nombre a una de las cervezas más reconocidas del país: la Alhambra Reserva 1925. Descubrir todos sus matices y aromas: de la ciudad y de la cerveza, ambas convertidas en un ejemplo de parar más con el fin de contemplar la belleza que rodea por los cinco sentidos.

La Alhambra como inspiración

Al igual que una planta agradece el agua que le da vida enraizando todo su ser en la tierra y expandiendo sus raíces a lo largo de sus dominios, Cervezas Alhambra permite que sean los sentidos quienes hablen: una sensación en la boca que enorgullece a los granadinos. Un sonido que une. Un aroma que convierte a extraños en conocidos.

Alhambra reserva 1925Fluye su esencia como inspiración de los aromas y de los sabores que son tan característicos de su cerveza. El sonido de las fuentes de la Alhambra que se desliza en el oído despreocupado, el agua que se topa con una piedra, antes áspera, ya sedosa, construida hace cientos de años, combina su tintineo con el de la cremosidad de una cerveza derramándose en un vaso de cristal.

Ese recorrido que siguen las gotas de agua por la fortaleza palatina de la Alhambra debe su serpenteo a una imaginación árabe que, en su momento, prestó su ingenio a una construcción convertida ahora en Patrimonio de la Humanidad, junto al Generalife y al Albaicín. La posibilidad de observar su luz y sus arroyos por más tiempo.

La fortaleza roja, según la etimología árabe (al-Qal’a al-hamra), erigida sobre la colina de la Sabika, hacía las veces de defensa para la residencia real de Muhammad ibn Nasr a partir de 1238, quien fue el primer rey del reinado nazarí. En aquel tiempo, fue la agudeza la que les dio un soplo de aire fresco: el secreto del encanto de la Alhambra procede de la vida; sin agua no la hay. Plantas, flores y árboles se convierten en los habitantes más longevos de un palacio cuyos laberintos están siendo navegados continuamente por el agua. Sentirla desde más cerca era su objetivo.

Hoy día esa intuición, esa chispa que revela que se está ante algo que merece la pena, se traduce en unos sabores procedentes del lúpulo de Saaz que hacen que la cerveza embotellada por Cervezas Alhambra recorra numerosos paladares, de la misma forma que Muhammad ibn Nasr y sus compatriotas pensaron que el agua debería recorrer la Alhambra para refrescarla.

Los olores de sus jardines son el perfume de una fortaleza que se siente. Al subir las calles empedradas que llevan a la Alhambra, todo aquel que las pisa respira hondo y medita: ese aroma penetrante, que casi se puede tocar como la piedra tallada de sus paredes y las texturas de las escrituras islámicas que allí se exhiben.

El palacio de Comares y su paso a un mundo rodeado de piedra tallada, agua y flores

La flor de granado tiene un carácter fuerte: contrae sus pétalos y los vuelve a abrir cuando llega el momento adecuado. Es el germen de la creación y representa la idea de la unión; sin el lazo entre culturas la Alhambra y Granada hoy día no serían ese armazón de sensaciones.

Allí se encuentra el conocido Patio de los Arrayanes, donde, a ambos lados de la alberca, fueron plantados los arrayanes que lo nombran. Es la presencia del agua la principal protagonista, la que tiene el poder de dar la vida, de acariciar la vegetación del jardín y la que aporta una personalidad única: es el espejo en el que se mira la Alhambra, para sentirla más cerca.

Esa misma agua que navega la fortaleza roja es la semilla de Cervezas Alhambra, un río dorado y ámbar que seduce y hechiza allá por donde navega su cauce.

Imágenes | Pixabay (1), (2), (3), Cervezas Alhambra

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