KéFlamenka, trajes artesanales para bailaoras atrevidas

Por Laura Elena Vivas

Alguna vez fue un sueño…

Soñarse bailando en un escenario mientras la cadencia monótona del punta tacón suena una y otra vez. Practicar el marcaje de las letras, e imaginar los volantes que todos observan moviéndose a compás de 12.

Verse girando frente al espejo de la sala de ensayo pero también bajo los focos del tablao. El giro que empieza en las caderas y va bajando como una onda expansiva hacia los pies, la falda que sigue esa línea como una extensión de piel; con ritmo, sinuosa, siguiendo fiel la vuelta de tacón.

Soñar y soñar. E ir a ese lugar y contar esos sueños. Para luego verlos cumplidos, poder mirarlos en un tejido que una vez puesto es un extensión del cuerpo y del compás. Sentir que se puede seguir soñando y vivir esos sueños de escenarios, guitarras y palos flamencos.

Es un sueño vestido.

Un sueño vestido que un día Silvia imaginó para ella mientras bailaba, y que con el tiempo, sin darse cuenta, se convirtió en el sueño de mujeres de cualquier rincón del mundo.

Kéflamenka: una historia con Amor de Dios

Falda artesanal de KeflamenkaKéflamenka es una tienda. Pero también es un taller de cumplir sueños. Kéflamenka es un espacio virtual en su tienda online, y también es un lugar físico en la calle Tres Peces de Madrid junto a la mítica Amor de Dios, una de las escuelas flamencas más famosas del mundo.

Allí se asentó el germen. Cuando Silvia llegó desde su Argentina natal a tomar clases para perfeccionar su baile. Cuando iba a las salas con aquellas bonitas faldas que ella misma se cosía y las demás le preguntaban dónde las compraba. Cuando empezó a hacer 4 ó 5 faldas a final de mes en los ratos libres que le dejaban el trabajo y las clases para completar los ingresos.

Cuando aquello que empezó con su sueño de verse guapa bailando se convirtió en un proyecto más grande.

Entonces su etapa de bailaora dio paso al de modista de sueños ajenos. Los que cada chica le contaba sobre cómo quería verse en el escenario, así ideaba los diseños que iba cortando en el suelo a falta de espacio y cosiendo en su máquina. Y los tejidos fueron ocupando su casa, donde cualquier rincón respiraba flamenco y los sueños de esas alumnas de Amor de Dios que venían de cualquier rincón del mundo y se acercaban a contarle cómo se veían bailando.

El proyecto fue creciendo de aquella forma natural, como un hijo recién nacido. Su salón ya no era su salón porque era su tienda, el resto de la casa era su hogar y su taller, la máquina de coser y los tejidos y el pequeño tablón de madera donde las chicas veían su sueño convertido en telas de colores, volantes y formas femeninas.

Y el pequeño se hizo más grande cada vez, con sus noches en vela para las entregas, el cansancio propio del esfuerzo y la dedicación; contratar ayudantes, buscar un taller que ya no fuera su propia casa para tener suficiente espacio.

Y finalmente la tienda que hoy es Kéflamenka.

Su sueño cumplido, el cristalizado para cumplir los sueños de muchas otras.

vestido con volantes keflamenka

Soñarse vestidas de arte

Son artistas las que van a Keflamenka. Artistas noveles, con poca experiencia o mucha. Todas le cuentan a Silvia lo que han soñado. Y ella les aconseja, las mide y le muestra tejidos, los ideales para realzar sus figuras y los movimientos que después realizarán.

Entran a la tienda buscando aquella bata de cola que han imaginado para su soleá, una larga con volantes cerrados y doble color. O un vestido de tonos alegres, forma de chaquetilla en la parte superior y falda ceñida para acentuar siluetas sin impedir el baile con soltura de la alegría que han estado ensayando.

El traje más severo, en tonos oscuros porque la seguiriya es lo que tiene; o la falda con muchos volantes en la parte de atrás, para el cierre por bulerías porque llevan imaginando esa patada final con el corrillo de flamencos alrededor vestidas con ese color intenso.

Acuden para pedirle a Silvia que las vista de sueños. Ese proceso, el de soñar y mirarse en el espejo, que ella conoce muy bien porque los empezó cosiendo para ella, es la esencia de Kéflamenka.

Imágenes | Facebook de Kéflamenka, iStock

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