Entre hilos, fotografías y performance: el arte de María Gimeno

Por Nerea Campos Godoy

Cada artista procura conquistar el espacio con su obra. Retar a las paredes, a los ojos que observan y a los que trataron de desafiarlos antes que ellos. Hay un arte que intenta hacerlo mediante la pintura o la escultura, pero el arte de verdad es el que se atreve a ir más lejos, aquel en el que se prueba y, aun manteniendo presente la trayectoria de la genealogía, da con una forma de creación fruto de esa búsqueda.

María Gimeno es una de esas artistas que disputa los espacios con todo tipo de herramientas, pues su labor artística bebe de la multidisciplinariedad. Gimeno se atreve a dibujar con hilos, a crear espacios, puntada a puntada, de una esquina de una habitación a otra y conseguir que el resultado final de un bordado se convierta en arte. Sus obras se pueden tocar, tienen volumen e, incluso, pueden llegar a atravesar habitaciones.

Nacida en Zamora  en 1970, María Gimeno cuenta ya con varias décadas a sus espaldas de dedicación al arte y al arte performativo con numerosas técnicas, pero el bordado es una de las que casi siempre está presente en sus creaciones. El bordado, tradicionalmente, ha estado siempre muy ligado a la labor de las mujeres, pero Gimeno lo recupera como una manera de darle voz a todas las artistas que, por ser mujeres, cayeron en el olvido. Así lo demostró con su performance Queridas viejas, donde rescata y saca a la luz a las mujeres artistas que nunca estuvieron en los libros.

El bordado para hilar la memoria

Gimeno ha trabajado muchos años realizando vídeos, fotografía, pintura, creando performances y lidiando con numerosos proyectos artísticos, pero es el hilo el que le permite crear un tipo de lenguaje en el que se integran el material y la pintura.

Su bordado en lienzo se asemeja a un dibujo certero, que refleja sin equívocos aquello que se está cosiendo, algo que no tiene por qué estar presente, pues sus hilos pueden proceder de la memoria misma.

Su experiencia en la performance y en el videoarte le ha permitido encontrar una forma de llevar el bordado a esta expresión. El espacio es ocupado y atravesado entonces por esos hilos que María Gimeno utiliza normalmente en el lienzo y a los que les da una nueva dimensión. Quieren decir algo distinto a lo que formulaban con anterioridad; el significado cambia y se amplifica.

Tanto uno como otro se pueden tocar, su volumen permite dar cuenta de su existencia y dibujar las líneas de las montañas que atraviesan los recuerdos.

En su obra Poligamia (2012) se muestra una unión de hilos de colores de una pared a otra, recorriendo las letras que forman la palabra que da nombre a este trabajo. Cada hilo pasa por cada letra. La dirección que siguen marca una lista de lugares exóticos que recorren el mundo reteniéndose en la tradición. Cada color aporta una relación del significado y, en su conjunto, consigue trasladar el arte a la crítica social, ya que en cada espacio de María Gimeno hay una reflexión latente, fundamental en sus procesos de creación. Posteriormente, cortó los hilos con una acción llamada Cortar lastres.

Mujeres en el paisaje

La figura de la mujer en todos los ámbitos está muy presente en la obra de Gimeno, desde el punto de vista de la representación en los medios y en el arte, pero también como una reivindicación y una crítica. Mujeres en el paisaje apuesta por la visibilización de la mujer, aunque los cuatro paisajes que aparecen bordados en las diferentes telas muestran una imagen sin presencia humana alguna: sus rostros perdidos en el horizonte.

Con esta obra María Gimeno cuestiona la representación de la mujer a lo largo de la historia y denuncia su olvido y su invisibilización. El amanecer, el mediodía, el atardecer y la noche son las cuatro edades fundamentales de las mujeres, las cuales se simbolizan en un paisaje en el que no se enseña más que el sol, la luna, el monte y el viento. La unión de las cuatro etapas de la mujer, atravesando las cuatro estaciones del año.

Imágenes | Pexels

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