Fotografía contemporánea, mirar con ojos de ayer para contar el mundo de hoy

Por Nerea Campos Godoy

Cuando la realidad es capturada, ¿qué queda de ese río que fue el presente? Quizá caudal o mecha que corre, pero siempre un atisbo de lo que fue. Para comprender la fotografía contemporánea, Berenice Abbott (1898-1991), fotógrafa norteamericana dedicada al género documental, decía que “la fotografía solo puede representar el presente. Una vez fotografiado, el sujeto se convierte en parte del pasado”.

Los momentos que guardamos como reflejo de lo que fuimos también nos ayudan a comprender aquello en lo que nos hemos convertido. Esa pequeña caja de recuerdos que es la fotografía actúa como la puerta de entrada a un instante que vuelve a nosotros durante unos segundos. I wish moments were places, escribe la poeta española afincada en Leeds Alicia Fernández. Volver a un destello, dejarlo pasar y que impregne de memoria los días.

La fotografía contemporánea emprendió un viaje en el que ha podido hacerse con distintas tendencias, pero uno de los más interesantes ha sido el del paso despacio pero seguro que ha ido dando de la fotografía analógica hacia la digital. Si bien es cierto que la fotografía actual bebe mucho de la hibridación de ambas formas.

Tanto una como otra, la fotografía sigue siendo un manera de expresarse y, por esa misma razón, también es un proceso de creación. Desde finales de los años 80, década que marca el inicio de la fotografía actual, los fotógrafos más destacados han ido buscando sus propias voces a la hora de crear, alejándose de una fotografía más humanista hasta llegar a otra que hable de ellos mismos.

Desde la fotografía artística y conceptual, a una más narrativa o minimalista, siempre pasando por el retrato de personas y de ciudades o el bodegón más contemporáneo y los toques intimistas. Un recorrido que propone ahondar en la profundidad de unas imágenes que detienen nuestra época más reciente.

La fotografía conceptual, una manera de decir con la mirada

La fotografía contemporánea conceptual propone una forma de ver el mundo que se acerca con precisión a un enlace entre la poesía visual y la denuncia social. Ese concepto que el fotógrafo, imaginero de la realidad, desea transmitir, se construye mediante la superposición de objetos, a la misma vez que el azar puede jugar también su propio papel importante.

Con la mirada adecuada se puede transmitir un mensaje preñado de significados, tantos como el fotógrafo se atreva a instaurar en la imagen. Imágenes sencillas y elocuentes, imágenes con todo tipo de composiciones con las que poder trasladar esa idea que fue el germen para el artista. Sin esa semilla, la fotografía conceptual no podría ser tal.

Aquí tiene cabida la fantasía, en contraposición con una realidad más cruda que se pueda encontrar en otro tipo de géneros de la fotografía contemporánea, como podría ser una de carga narrativa más potente o una dedicada al retrato, con connotaciones más intimistas. Aquello que solo conecta con nosotros mediante la imaginación, de repente, se vuelve imagen.

Chema Madoz, el artista de la fotografía conceptual

Uno de los máximos representantes de la fotografía contemporánea conceptual es el artista Chema Madoz (Madrid, 1958), fotógrafo indispensable de esta corriente. Ha jugado con las imágenes y los conceptos desde que comenzó a exponer sus obras en la década de los 80.

Desde entonces, su poética visual ha estado muy unida a los objetos con los que se ha ido encontrando a lo largo de su carrera. Objetos, cosas; de ellos parte la esencia de su obra personal, pero la idea de la que parten y la idea que finalmente llega al espectador, es una o varias palabras que resuenan en la cabeza, sin importar el número de objetos que proyecte la fotografía.

Un blanco y negro tan característicos en su perfecta unión que rápidamente revelan que la obra pertenece a este autor. Lo anormal y lo distinto, el juego y la denuncia. Ambas caras de una moneda con la que Chema Madoz sabe tentar a los espectadores y a su intelecto.

Muchos le otorgan, por ello, la calidad de poeta visual. Al final, ¿cuántas diferencias hay entre el poeta que juega con la palabra y el fotógrafo que la estimula desde su propia composición de la realidad? La palabra que nombra, la imagen que también. Decir desde dos ángulos distintos para referirse a la misma idea.

Los objetos son la materia prima del artista Chema Madoz, los cuales él mismo conserva para darles una segunda vida y reconstruir su presente. Normalmente, se descubre la segunda utilidad del objeto cuando ocurre la suma entre dos de ellos, pues casi siempre es el par lo que suele representar en su obra. El enlace entre dos ideas que se dan la mano para obtener un resultado nuevo, conmovedor, desafiante, que supone un reto tanto para él como creador, como para el espectador que se aventura a averiguar ese nuevo significado, esa nueva vida.

La fotografía artística, más allá de la realidad

La fotografía artística es otra pata esencial de la fotografía contemporánea, la rama más creativa de este bello arte. Porque va un paso más allá de la realidad y no solo busca mostrarnos escenas de la vida cotidiana tal y como son, sino que aspira a contarnos una historia del modo más singular, del modo más llamativo y original.

Este subgénero fotográfico es una invitación a mirar más, a ver más allá, sabiendo dotar de un matiz distinto a las imágenes. Es también una carta abierta a nuestra creatividad, a nuestra sensibilidad y a nuestra capacidad de Parar más, Sentir más, pues solo con tiempo se conseguirá esa fotografía cargada de arte, sorpresa y significado artístico.

Los fotógrafos de esta corriente pincelan con los objetos cada elemento de estas composiciones. Su maestría, de la mano de su mirada única, da forma a esas imágenes cuya realidad nos cuesta discernir: ¿son cuadros o fotografías?

Pierpaolo Ferrari, color y surrealismo

 

fotografia contemporánea

Uno de los grandes exponentes de la fotografía artística es Pierpaolo Ferrari. Creador, junto al artista italiano Maurizio Cattelan, de la revista Toilet Paper, es un artesano que se coloca detrás de la cámara. Porque, pese a que parte de una idea inicial, deja que el paso de las horas y cada paso del proceso transforme su trabajo. Y dé como resultado una imagen tan maravillosa como inesperada. Una imagen con su inconfundible sello.

Ferrari ha desplegado su arte y saber hacer, también, en la plataforma crear/sin/prisa, el vehículo con el que Cervezas Alhambra apoya el arte contemporáneo y se vincula a él. Inspirándose en el mundo de las cervezas y los momentos irrepetibles que se generan en torno a ellas ha disparado una sugerente serie fotográfica cargada de dobles sentidos y con un punto de irrealidad. El resultado es una potente explosión de color que se aprecia con calma y quietud, un conjunto fotográfico cargado de detalles que respira un aire pop, a medio camino entre el collage y el retrato. Una perfecta expresión de la fotografía artística.

La sensibilidad que guardan los retratos

El retrato es el espejo de la fotografía contemporánea. Uno de los géneros con más potencia para reflejar un sentimiento, una emoción, un momento de duda o una mirada que evoca toda la memoria. Cuando se lleva a cabo una fotografía a personas, en un plano más o menos cercano, nos acercamos mucho más que a su propia naturaleza física.

La fuerza de los retratos es ese manantial intimista que busca con la contemplación de una persona su forma más nítida y pura del ser. Es su forma de ser interior, que aflora a cada paso con el que se acerca la cámara.

Es el género de la mirada íntima por excelencia, unos ojos que preparan la radiografía con rayos X del propio pensamiento del otro. Un tipo de fotografía en el que el tiempo desempeña un papel especial y esencial: solo con la mediación de las horas se puede conocer a alguien tanto como para retratar su manera de ser en el celuloide. Es, en largas y pacientes conversaciones regadas, por ejemplo, con el sabor y la frescura de una cerveza como Alhambra Especial cuando nuestra verdadera piel aflora, cuando mostramos nuestro yo más puro.

A la misma vez, la fotografía contemporánea es una manera de conocimiento. Los demás, las personas que nos rodean y con las que compartimos la vida a veces pueden resultarnos tan misteriosos como nuestra más profunda verdad. Una idea que puede explicarse con un verso de Francisca Aguirre: “soy para él peor que una traición, soy tan inexplicable como él mismo”.

Sin embargo, la fotografía del autorretrato permite saltar esa barrera que construimos para los demás o que el otro edifica ante nosotros.

Cristina García Rodero, retratos alrededor del mundo

Cristina García Rodero (Puertollano, Ciudad Real, 1949), es una de las fotógrafas más internacionales de nuestro país y la única que ha ingresado en la agencia Magnum, una de las más prestigiosas a nivel mundial. Sus más de 30 años de experiencia han sido un trampolín para explorar lugares y a las personas que viven en ellos alrededor de todo el globo terráqueo, aunque también ha explorado la cultura española y sus rincones más oscuros, dentro del proyecto España oculta.

De sus viajes llena la maleta de imágenes de individuos que pasean, viven, miran, comen o piensan y de ellos ofrece su propia mirada en exclusiva. Cristina García apuesta por la fotografía de lo misterioso y mágico que se presenta de manera apasionada y viva. Los momentos más intensos de una persona, esa fuerza irresistible que atrapa, mueve y se expresa sin que pueda impedirse.

También aprecia el valor de las distintas y ricas culturas del mundo, las diferentes tradiciones y maneras de celebrar la vida y de proceder ante sus infortunios. Su imaginario está plagado de rituales, deidades y una continua conversación entre el cielo, la tierra y el agua.

Los paisajes y la cotidianeidad

El paisaje es un amigo cercano de la cotidianeidad. Una mano que asegura que siempre estará ahí, aunque pueda verse desde diferentes ángulos. Pero también es una manera de decir. Comunicar el paso del tiempo, saber que la roca está pero se erosiona año tras año o que el agua es fría aunque no podamos tocarla.

Como le ocurre al retrato, la fotografía de paisajes permite el conocimiento de un lugar que ha permanecido como un misterioso acompañante de los días. Explorar sus rincones, acercarse a sus escondrijos más íntimos es una manera de conocer su hondura.

Pero también es un recorrido de maduración: el tiempo que pasa y hace, el tiempo que parece que no ocurre hasta que se toca con perspectiva. Una imagen de un paisaje muestra esa diferencia, ese correr de los días que parecen el mismo hasta que de pronto ya no. Ese descubrimiento exterior es tan impactante porque ocurre a su vez por dentro.

Bleda y Rosa, un dúo de fotógrafos del paisaje

“Campos de batalla” es la obra más popular de Bleda y Rosa, también conocidos como María Bleda (Castellón, 1969) y como José María Rosa (Albacete, 1970). Sus trabajos se hacen a dúo y se han convertido en fotógrafos de referencia dentro del panorama de la fotografía contemporánea en España como si fueran un único artista. Gracias a su trayectoria y a sus obras consiguieron el Premio Nacional de Fotografía en 2008.

Los paisajes son su tema principal y con ellos, la vida cotidiana de los lugares. Profundizan en el contraste de tradiciones y culturas para poner de relieve aquello que nos diferencia, pero también lo que nos une.

La fotografía contemporánea en nuestro país cuenta con una amplia variedad de artistas que llevan años tratando de dilucidar la realidad que se esconde tras sus lentes. Enfocan sus cámaras y disparan hacia aquello que les rodea para explorarlo mejor desde la intimidad, ya sea un lugar, un paisaje, una ciudad, una persona, un retrato o un propio concepto visto desde un punto de vista nuevo y diferente, para que signifique algo nuevo y distinto.

Imágenes | Pexels, Twitter de Chema Madoz, Literland, Facebook de Bleda y Rosa (1), (2)

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