Eugenia Boscá o las otras vidas de la cerámica

Por Lorena Papí Rodes

Ser alfarero es jugar con los elementos. Agua y fuego participan de esa asombrosa transformación de la arcilla y de otros materiales cerámicos ayudados por las manos del artista, que le da forma a la tierra. Y vida. O múltiples vidas, como las de las originales piezas totalmente artesnales que salen del taller de Eugenia Boscá en Lliria (Valencia).

Esta alfarera con formación clásica —estudió en la histórica Escuela de cerámica de Manises, en el pueblo que dio nombre a los tradicionales azulejos pintados a mano— moldea el futuro de un oficio que considera casi en peligro de extinción. Armada con su torno, es la protagonista de su propia revolución, a la que ya se han unido otros artistas. “Nuevos diseños han puesto en el punto de mira otra vez la artesanía; es cíclico supongo. Hasta que se sature y volvamos a empezar”.

Creaciones basadas en un oficio tradicional pero en las que busca siempre esa mirada única. Es lo que las piezas de Eugenia Boscá y las distintas variedades de Cervezas Alhambra tienen en común: investigan sobre la base de la tradición para ofrecer algo distinto. En el caso de Eugenia, nuevas formas y utilidades. Nuevas vidas para la cerámica. En el de los maestros de Cervezas Alhambra, nuevos matices, aromas y sabores. Cuerpos distintos que comparten alma.

Herramientas para modelar

Y es que el arte de dar forma a la tierra es casi tan antiguo como la historia del hombre: ya en la Prehistoria —durante el Paleolítico superior— el barro era modelado en forma de pequeñas figuras de culto. El hombre había encontrado otra forma de representar sus ideas y creencias; de expresarse.

Todas las vidas de la cerámica

Porron, por Eugenia BoscaLa alfarería es una pieza clave del patrimonio cultural de la Comunidad Valenciana; un oficio con siglos de arraigo en la zona.

Sirvan de muestra los grandes murales pintados sobre este material que revisten el interior de la ya centenaria Estación del Norte o el exterior del Mercado de Colón; ambos, edificios ubicados en el centro de Valencia.

Pero la de Eugenia Boscá es una lectura de la cerámica radicalmente distinta a la que lleva siglos haciéndose en esta zona de España. Pese a que poco nada ha cambiado en lo que respecta al proceso.

“Los procesos siguen y seguirán siendo los mismos y la mirada siempre tiene como referencia lo tradicional”, afirma Eugenia. El alma de la pieza sigue residiendo en un arte milenario. La habilidad de Eugenia consiste en convertir este arte en cotidianidad, y viceversa.

Lo que cambia es la aplicación. Eugenia Boscá ha conseguido darle infinitas vidas a la cerámica, más allá de la ornamentación o de la pura utilidad.

Con la vista puesta en el diseño más vanguardista pero respetando la tradición del oficio, ha conseguido crear piezas de una belleza tal que bien podrían pasar por objetos de exposición. De hecho, sus creaciones han estado expuestas en más de una galería de arte.

Estas originales piezas están dotadas de tanta belleza como sentido práctico. Rompen los esquemas establecidos a base de formas simples, pero brillantes. Son obras de arte que que se integran con estilo en el día a día; objetos que pueden ser usados y vividos, más allá de ser admirados: un macetero, un porrón —un homenaje a la cultura popular mediterránea galardonada con el Premio de Artesanía de Vanguardia de la Comunidad Valenciana 2016—, un original jarrón e incluso una joya.

“Mi objetivo como artista es crear e investigar formas sencillas y bellas, ya sea en utilitarios, iluminación o joyería”, afirma Eugenia con ese entusiasmo que transmite quien ama lo que hace. Es esta maleabilidad, esta capacidad de ser tantas cosas a la vez que tiene la cerámica lo que le mantiene “enganchada” a este oficio al que concede cierto cariz fantástico: “La cerámica es compleja e inagotable. Es magia. Solo quien la valora realmente, la reconoce como un material casi sin límites estéticos ni funcionales”.

El arte de modelar el tiempo

Sobre el torno de Eugenia, la cerámica adquiere múltiples formas. Pero no es lo único que tornea. La espera es una materia prima que un oficio como la alfarería necesita en abundancia. “Hoy en día todo el mundo tiene prisa y la cerámica requiere mucho tiempo”.

Es la misma filosofía que aplican los maestros cerveceros de Cervezas Alhambra cuando esperan a que el proceso de malteado le dé el tostado preciso a las distintas variedades de cebada, otorgándole así el aroma y el color a cada una de sus creaciones. O al postergar más o menos el proceso de fermentación para conseguir diferentes cuerpos, diferentes matices. Y todo ello, aplicando las últimas técnicas a la elaboración de siempre, como demuestra su Alhambra Especial.

Como hace Eugenia al reinventar la cerámica. Con la misma dedicación y esmero y la misma paciencia.

Eugenia trabajando en el torno

“Nada es inmediato en el trabajo con cerámica”, explica Eugenia, que ha aprendido a base de práctica a respetar los tiempos. La espera es imprescindible para obtener un acabado perfecto: concederle a cada proceso, desde el boceto del diseño hasta la aplicación del esmalte y la decoración. Trabajar con dedicación y esmero en cada fase, en cada detalle, es lo que aúna trabajos tan distintos como el de alfarera y el de maestro cervecero. Ambos buscan la perfección en el resultado. Por eso permiten que cada proceso se tome su tiempo. Porque una cocción apresurada podría resquebrajar la cerámica y solo esperando el tiempo necesario, se consiguen los matices, el aroma y el cuerpo de cada variedad de Cervezas Alhambra.

Toda creación de Eugenia parte de un diseño en papel. Una idea que irá ganando volumen al ritmo pausado y paciente del torno. Más que un instrumento, este es una extensión de sus manos. La herramienta con la que logra su magia. Su sentido del tacto pone el resto: transforma, inventa, construye, repasa hasta obtener una forma limpia de la pieza.

Pero pasarán días hasta poder examinar el resultado, como detalla Eugenia: “Una cocción dura unas seis horas como mínimo aproximadamente y otras tantas para que el horno enfríe y puedas abrirlo. Es un proceso largo”.

Fuente, por Eugenia Boscá

Un proceso que no termina hasta que la pieza ha pasado la prueba del fuego y es esmaltada y decorada, si procede. Aunque el minimalismo cromático —muchas de sus piezas son de un blanco puro— es un sello característico de su obra. El color asoma a veces en pinceladas, con sobriedad y elegancia, como en sus “Platos salvajes”, en los que la naturaleza, más que plasmarse, se insinúa en delicadas formas. En sutiles motivos.

“Desde la arquitectura hasta los objetos más cotidianos”. Todo lo que le rodea puede hacer las veces de musa para Eugenia, a la que la inspiración le pilla siempre trabajando en el mismo estudio que le sirve de hogar. “No hay escapatoria a la creatividad y a la inspiración”, afirma. Es fácil de entender cuando vives rodeada de tus creaciones, cuando tu hogar respira arte.

También Eugenia vive y respira alfarería en ese entorno tan inspirador. Y se reconoce una entusiasta de todo el proceso creativo. “El torno es hipnótico y el fuego convierte las cosas en otras totalmente distintas. Un esmalte sale completamente diferente de como entró al horno”. Su trabajo es, en definitiva, una experiencia totalmente sensorial. Un arte que, como el degustar cualquier variedad de Cervezas Alhambra, requiere Parar Más, Sentir Más.

Fotos | © Eugenia Boscá

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