El oficio de mosaiquista: un arte con siglos de antigüedad

Por Lorena Papí Rodes

Los monjes tibetanos pueden pasar hasta una semana elaborando un mandala de arena, para el que se requieren precisión y, ante todo, infinita paciencia. A pesar de ello, cuando por fin terminan, lo destruyen. Porque mantener la obra es apegarse a algo efímero, que tarde o temprano se destruirá o terminará, según el budismo. Los mosaicos, sin embargo, parten de una premisa antagónica: están destinados a ser eternos. Por eso el hombre sigue aún descubriendo un tesoro en forma de teselas heredado de civilizaciones con siglos de antigüedad.

Ya existían en el antiguo Egipto y en la época de los persas, mucho antes de que llegaran los griegos y los romanos. Se siguieron desarrollando durante el dominio árabe y mucho más tarde, en el Modernismo catalán. Mosaiquistas de la antigüedad pero también arquitectos contemporáneos han desarrollado, cada uno a su manera, este antiquísima forma de expresión artística. Hoy el mosaico ha bajado de su pedestal de obra de arte para convertirse en una nueva tendencia en interiorismo que viste casas y obras públicas.

Pieza a pieza, civilización a civilización

Ejemplo de mosaico romano con teselas

Cada civilización ha jugado a combinar materiales y otras técnicas, pero siempre partiendo de la misma base: cuidar cada detalle pensando en el todo. Componer una gran obra a partir de pequeñas piezas, aparentemente insignificantes, pero todas ellas imprescindibles. Crear/sin/prisa, una filosofía que Cerverzas Alhambra comparte, se manifieste en el arte que se manifieste. Sin ansiedad por descubrir el resultado sino saboreando cada parte del proceso, cuidando de que cada movimiento con el que se integra un nuevo elemento sea certero y preciso.

Es así, con calma, como se fabrican todas sus cervezas, con la atención puesta en cada paso que se da, desde la adición del lúpulo a mano hasta el embotellamiento cuidadoso de cada una de las referencias. Juntas forman un delicioso mosaico de sabores que abarca desde los matices más florales de la Alhambra Reserva 1925 hasta los más tostados de la Alhambra Reserva Roja.

En el caso del mosaiquismo, el proceso se acomete dibujando, sin lápiz ni pincel, sobre un lienzo de cemento, líneas y curvas que solo cobran sentido desde la lejanía, con la ayuda de la perspectiva. Observando y no sólo mirando. Como los seis millones y medio de teselas que componen el gran mosaico que imita las olas del mar y que converge junto a él, en el Paseo de la Explanada de la costera Alicante. Una ciudad por la que pasaron y en la que habitaron romanos y árabes y otros tantos pueblos.

Los árabes creaban (y siguen creando) patrones geométricos en sus Zelliga partir de formas clásicas en el arte musulmán, como las estrellas— recortando y puliendo por separado cada pieza, con la ayuda de un martillo con filo. Sin embargo los romanos partían de piezas mucho más pequeñas y en forma de cubo —las teselas—, de mármol, cerámica o vidrio, y siempre punteando: recorriendo un camino ordenado sobre una base de cemento, siguiendo el patrón marcado previamente sobre una plantilla de papiro. Combinando dos colores o creando policromías; manteniendo una constancia en el tamaño y la forma de las piezas en la técnica del opus tesselatum o experimentando con la irregularidad en el opus sectile.

Fueron los romanos los que perfeccionaron especialmente un arte que seguiría evolucionando a lo largo de la historia, aportando patrones y escenas cada vez más imbricadas y complejas. Vistiendo con ellos muros, con una finalidad purámente estética, pero también al adoquinar sus vías. Sus herederos, los bizantinos, hicieron brillar más aún sus mosaicos aplicando recubrimientos a sus mosaicos de metales preciosos.

Siglos más tarde, Antonio Gaudí revolucionó la decoración arquitectónica al integrar el mosaico en el revestimiento de las fachadas de sus casas y de los elementos que componían sus edificaciones, mediante la técnica del trencadís. El arte milenario del mosaico se contagió de ese espíritu transgresor y rompedor del movimiento modernista y, especialmente, del maestro arquitecto.

Gaudí hizo añicos el arte del mosaico, literalmente. Partiendo de superficies de cerámica —azulejos fundamentalmente— dejaba que fuera el golpe del martillo el que decidiera la suerte de la obra y el tamaño y la forma de las piezas con las que trabajaba. El resultado de esos dos o tres golpes certeros con una maza de madera sobre el trozo de cerámica, protegida con un paño, guiaba al artista, que creaba a partir de lo que destruía. Como en un puzzle, se trataba de encontrar la forma adecuada para cada hueco, leyendo el vacío; interpretándolo y dejándose conducir por él y por los intersticios entre las piezas. Una tarea más próxima a la artesanía que a la construcción.

Mosaicos en el Parq Güell

Con la cerámica conseguía hacer que sus obras brillaran, reflejando la luz y aportando los vivos colores de los azulejos, así como cualquier trozo de cerámica roto, que recolectaba de una vieja fábrica. El trencar (romper) las piezas mediante el corte a martillo le permitió adaptar sus mosaicos a cualquier forma, por caprichosa que sea: una escalera, una columna o el famoso drac del Parc Güell.

Los ecos del mosaiquismo antiguo

Es un legado que ha dejado mella en la arquitectura. Por eso artistas de la cerámica como Toni Cumella, fundador de Ceràmica Cumella, que tuvo además el honor de llevar a cabo la restauración del Parc Güell, apuestan con tanta fuerza por sustituir la piedra y el hormigón de las fachadas por la cerámica. Convertirla en un elemento de gran valor artístico, jugando a mosaiquear las fachadas a partir de azulejos de formas regulares, al contrario que Gaudí. Formando espectaculares patrones cromáticos.

Sus propuestas son el resultado de combinar sus conocimientos de Ingeniería Industrial con el oficio de alfarero, que aprendió de su padre. Fue en el taller familiar donde planeó esta nueva vuelta de tuerca a la decoración arquitectónica, llevando la cerámica a la construcción de edificios y logrando obras mucho más vivas, llenas de alegría.

El interiorismo se apunta a experimentar con el valor estético de los mosaicos. Estos se han convertido en tendencia y la cerámica aporta su estética brillante y sus patrones y dibujos a algo más que cocinas y baños. Se han integrado en paredes y suelos, al más puro estilo romano. A partir de piezas geométricas regulares, con teselas o mediante la técnica de trencadís. Recubriendo con su colorida pátina mesas y espejos. Decorando interiores y exteriores con obras como las de la lujosa firma italiana de diseño Bisazza, especialista en mosaicos de vidrio con los que reviste desde túneles hasta muebles.

También se percibe el legado de ese arte en la técnica aplicada en el mosaiquismo calcáreo para obtener las losas que, dispuestas de la manera adecuada, conforman un gran mosaico sobre el suelo; un motivo que se repite en serie. La forma de componer es otra, cambian también los materiales y la técnica, pero se repite el concepto. En firmas como Mosaicos Artesanos, con casi un siglo de antigüedad compartiendo esa esencia artesanal del mosaiquismo más ancestral: pintando una a una cada baldosa, partiendo de moldes que sirven de guía para reproducir un patrón.

Un mural de Vik Muniz

Se dejan ver incluso algunos ecos de este oficio artístico, casi un homenaje, en obras en papel de creadores contemporáneos como los que han desplegado su arte sobre enormes murales del metro de la Segunda Avenida de Nueva York. El artista visual Vik Muniz ha aportado su obra Perfectos Extraños, en la que el papel imita la estética, integrando las diferentes formas de mosaiquear, con gran realismo. Muchas de las manifestaciones artísticas en las que el mosaico sigue vivo se sirven de la técnica, pero el espíritu es otro radicalmente distinto al que moviera a egipcios, griegos, romanos, bizantinos y árabes. Demuestran, pues, que el mosaiquismo aún no ha dejado de reinventarse.

Fotos |iStock/Charles03iStock/LUNAMARINA, iStock/catalbyWikimedia.org

En Momentos Alhambra | La cerámica de Tánata, artesanía de colores para el día a día

En Momentos Alhambra | España a mano, una guía práctica y visual hecha por y para amantes de la artesanía

 

Comparte con nosotros

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos Relacionados
Los 7 escultores emergentes que ya están en las galerías de arte

Los 7 escultores emergentes que ya están en las galerías de arte

3 septiembre, 2017
La suntuosidad de los pigmentos al óleo, la fría viscosidad de la arcilla, la delicadeza inmaculada de la porcelana, la porosidad del lienzo de algodón, la brusca sedosidad de la madera. Materiales sobre los que los artistas dan forma a las ideas que nacen en ese limbo donde imaginación, experiencia e inspiración se unen en…
LZF Lamps: la luz convertida en arte

LZF Lamps: la luz convertida en arte

5 septiembre, 2017
En una antigua bodega de Chiva, en el interior de Valencia, Mariví Calvo y Sandro Tothill, fundadores de LZF Lamps, alumbran cada año una colección de lámparas espectacular. Y no es baladí el epíteto: una de sus creaciones más brillantes y aclamadas fue Koi —carpa en japonés—, una luminaria de tres metros de largo concebida…