El mundo de la encuadernación artesanal: todo un colectivo dedicado a devolver el encanto al papel más tradicional

Por Eva Gracia

En un mundo en el que las pantallas sustituyen a los cuadernos de cuadrícula, los teclados táctiles toman el relevo a los bolígrafos y bibliotecas enteras se almacenan en un solo dispositivo, convertir el papel en un modo de vida puede parecer una osadía, una lucha contra los elementos. Pero son esos valientes los que, en papel de alto gramaje, escriben uno de los capítulos más recientes de la historia de la artesanía: la recuperación de la encuadernación artesanal.

El oficio, de tradición milenaria, es una miel servida con delicadeza y precisión que todos los paladares ­—con cierta sensibilidad— podrán apreciar. ¿Alguien puede escapar al encanto de un libro encuadernado con tapas cuero, tela e, incluso, madera, cuyas páginas han sido cosidas una a una para conformar un volumen sin parangón? A esta singular y honorable tarea se dedican diversos talleres en toda España que, presos del inolvidable olor que desprende un libro recién prensado y encolado, lo apuestan todo a las técnicas más tradicionales.

Pasión convertida en oficio

A orillas del río Ebro, en Zaragoza, el Estudio Ductus, integrado por Choni Naudín y Rubén Rodríguez, tiene por mantra la frase: “el libro como soporte de grandes ideas”. En su portfolio figuran toda clase de proyectos en papel, desde cartas de restaurantes hasta álbumes de boda personalizados, pero, sin duda alguna, la columna vertebral de su espacio y de su trabajo es la pasión por la encuadernación, cuidada hasta el mínimo detalle. En cada proyecto, esta pareja de artesanos firma una oda al oficio de entretejer páginas. En su caso, ese oficio se convierte en un arte en el que fusionan técnicas ancestrales con acabados 100% modernos, actuales y, muchas veces, rompedores.

La encuadernación copta, la japonesa y la belga —o ‘criss-cross’— son las especialidades de esta casa, que no solo las trabaja sino que las divulga; periódicamente, convoca talleres para enseñar a los enamorados de esta tarea el paso a paso de cada una y les inocula así el virus de la admiración por lo tangible y lo manual.

Un lugar donde reparar historias

Ductus, afortunadamente para los apasionados de la artesanía del papel, no está solo en la tarea de reivindicar una buena encuadernación como un valor añadido de cualquier libro. En el corazón del madrileño barrio de Malasaña, en el interior de una antigua autoescuela y desde hace más de 10 años, Óscar Sánchez atiende cada día las peticiones de quienes acuden a su taller, La Eriza, en busca del mejor vestido para sus historias de papel.
Allí, en un espacio presidido por una guillotina y una prensa, cose páginas y las protege con tapas de cuero, de tela o de fabulosos papeles pintados. Su tienda-taller-estudio es también algo así como un hospital de libros en el que Óscar mima y cura volúmenes que necesitan de una restauración. En su historial de ‘operaciones’ figura, por ejemplo, una curiosa edición del Quijote del tamaño de un prospecto de medicamento. Sus cuatro paredes, además, sirven de refugio para los bibliófilos, pues en La Eriza se realizan exposiciones, encuentros y presentación con un denominador común: la devoción por el papel.

Imágenes | Facebook de Estudio Ductus y La Eriza, Unsplash – Beatriz Pérez Moya, Pixabay

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