El Lucernario: alumbrando con calidez artesanal y estilo singular

Por Lorena Papí Rodes

Las piezas de El Lucernario son mucho más que “artefactos de luz” que alumbran una estancia. Son obras de arte que brillan —literalmente— con luz propia. “Nos gusta alumbrar escenas contando relatos a través de la luz”. Ese es el leitmotiv de El Lucernario, como nos explica uno de sus ideólogos, Fernando García. Hoy, al frente de esta empresa que ha hecho de la caja de luz “ilustrada” y artesanal su seña de identidad. Pero todo comenzó como una búsqueda insaciable, investigando alrededor de la luz.

Licenciado en Bellas Artes, procedía de la escultura y el grabado, y la madera se convirtió en su nuevo material favorito para esculpir. Pero para llegar a domarla, tuvo que aprender primero el oficio de carpintero. “Es una labor ardua pero me encanta el trabajo manual que abarca todas las etapas de la fabricación de las piezas de madera. Creo que esto les dota de una calidez y personalidad propia”.

Personalizadas, diseñadas en colaboración con Lady Desidia o salidas de la mente de Fernando, cuya pasión es rebuscar entre viejas fotografías para darles un nuevo sentido mediante el collage, y una nueva vida en forma de caja de luz.

El arte de domar la madera

Cajas de luz sin montar

La carpintería aporta la parte más tradicional a un resultado completamente vanguardista. Reside en la esencia de lo que hacen y les mantiene unidos a un oficio con siglos de antigüedad, que depende en gran medida del buen pulso, del buen tacto de unas manos expertas. Unas manos como las de los maestros cerveceros de Cervezas Alhambra, quienes, con su saber hacer, y convertidos en una suerte de alquimistas contemporáneos, configuran cada gota de Alhambra Especial, Alhambra Reserva Roja o Alhambra Reserva 1925.

Para Fernando, autodidacta, fue un reto aprender a trabajar este material, a manejar los serruchos, las escofinas y las limas para modelar esta materia prima tan dura. Que, en bruto, apenas transmite. Pero integrada en las cajas de El Lucernario, la madera aporta aún más calidez a la que ya da la propia luz; esa que descansa en el alma de las cosas hechas a mano, con dedicación y esmero. Con buena mano y respeto por los procesos que rodean al mundo de la carpintería.

Prefieren la madera de origen tropical, por ser más dócil y maleable. Aunque aprecian muchas variedades: “hemos trabajado con castaño, abedul o teca; incluso con tablones rescatados del mar”. En su taller, cortan, sierran, pulen, ensamblan, como los aprendices de carpinteros que declaran ser.

Pero todo empieza mucho antes, en una pantalla. Ante el ordenador, Fernando se sirve de herramientas digitales para superponer capas de imágenes con las que ilustra las pantallas de sus cajas. Esas imágenes aparentemente desparejadas mantienen un hilo conductor, ya sea la botánica, la arquitectura o la anatomía humana. Son “diferentes diseños que gravitan en series alrededor de un tema”.

La esencia del collage digital sigue siendo la misma que en el collage manual: saber ver más allá de la foto. Que trascienda más allá de su significado al colocarla en otro contexto, descolocando al espectador.

Esa otra pantalla, la del papel, hará las veces de piel tatuada que cubra el esqueleto que es la madera, la base de sus creaciones. Corregidos algunos detalles de la ilustración—es el momento de dar con la opacidad y las tonalidades, hasta dar con las adecuadas— la pantalla está lista para ser montada sobre la caja; para integrarse en el conjunto y darle vida.

Lámpara-escultura

En las lámparas-escultura, un trabajo completamente manual, el reto es otro: darle tridimensionalidad a una idea, bocetada primero en papel. La lámpara se va desarrollando como si fuera un enigma por resolver. “Trabajo como lo haría un sastre, realizo patrones en papel midiendo ángulos y haciendo cortes. Voy hilvanando tablas encima de esta base hasta que todo va encajando como un gran puzzle de madera”.

Cuando la luz conoció al collage

Vuela, una obra de El LucernarioSu objetivo parece sencillo: “modelar la madera y realizar diseños de líneas sencillas, funcionales y que perduraran en el tiempo”.

En la práctica, es un trabajo delicado y complicado, que aúna habilidades muy diferentes: el conocimiento acerca de la luz y su comportamiento ante diferentes transparencias, la carpintería y la técnica del collage, con la que revisten sus obras, convertidas así en coloridas y expresivas cajas.

Es imposible no fijarse en cada elemento de los surrealistas e imaginativos escenarios que plantean sus obras —como Paisaje Urbano—, siempre presentadas con cierta ironía “y una pátina antigua”.

Porque la frescura y el descaro van implícitos en una técnica como el collage, que se basa en la sacar a la imagen de su zona de confort y jugar con ella. En la unión de dos elementos muy diferentes para formar un todo, una nueva realidad. O una nueva lectura de la realidad cotidiana.

“El collage es libre, directo y además tremendamente divertido. De esta técnica nos gusta todo: el proceso creativo que surge al descontextualizar imágenes que pueden venir de fotografías, grabados antiguos o recortes de prensa, ensamblándolas con otros objetos, poniendo patas arriba lugares emblemáticos y viendo como se crean nuevos significados y nuevas historias”.

Sus obras deleitan a la vista e invitan a dejar de mirar para empezar a ver. A Parar Más. Sentir MásY descubrir así todos los detalles que hacen de sus piezas creaciones originales, únicas. Como se detienen los ojos ante los matices que crea la luz a través del ámbar de una Alhambra Reserva 1925. Ella, como las cajas de luz de El Lucernario, aportan calidez a un encuentro entre amigos. Ambas, a su manera, convierten en mágicos momentos cotidianos, como una cena acompañada de Cervezas Alhambra o el deleite de un buen libro a la luz de una obra de arte.

Corazón botánico

Collage y luz comparten protagonismo en las llamativas obras de El Lucernario. Se reparten sus funciones pero también las comparten. La luz aporta la parte funcional; el collage, la creativa: “Las nuestras son piezas muy cálidas que cuentan pequeñas historias con las que muchas personas se sienten identificadas, además la luz que emiten es tenue y agradable, una luz que se difumina en los espacios interiores haciéndolos más acogedores”.

Fernando ha encontrado en el collage su manera de expresarse artísticamente, de traer de vuelta todos esos referentes que alimentan su creatividad, como el Surrealismo y el Pop Art o elementos de la cultura popular, como portadas de disco. Le da la máxima libertad a la hora de plasmar sus ideas en torno a temas recurrentes que le obsesionan y que protagonizan sus creaciones: la ilustración científica, la zoología, la botánica…

“Comencé a jugar con el collage por las posibilidades comunicativas que se abrían cuando iluminábamos esas escenas un tanto surrealistas y oníricas, sin lugar a dudas la luz es un elemento protagonista dentro del collage”.

La luz también ha encontrado una nueva forma de manifestarse, gracias a las creaciones de El Lucernario. No son lámparas, son ventanas a mundos oníricos, auténticas piezas de arte que, más que iluminar un lugar, se hacen con él. Le roban todo el protagonismo con sus espectaculares diseños.

Fotos | © El Lucernario

En Momentos Alhambra | Manos que crean sin prisa: Luciolé, una nueva forma de crear luz

En Momentos Alhambra | LZF Lamps: la luz convertida en arte

 

 

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