El artesano de las letras que pinta en Malasaña: la historia de Tom Graham

Por Laura Elena Vivas

Llegó de su Inglaterra natal a Madrid por amor. Y por amor –o vocación, como se quiera llamar- empezó a pintar carteles en los bares irlandeses de la ciudad. El recorrido de Tom Graham es similar al de muchos que se trasladan después de enamorarse, la singularidad de este camino es que en ese cambio también encontró la vía para desarrollar un oficio que ha impregnado un barrio entero. Y en Cervezas Alhambra nos gusta conocer historias como estas.

Porque Graham es un artesano que pinta en Malasaña, pinta letras con arte, o lo que es lo mismo, practica ese lettering que tan de moda se ha puesto en los últimos años pero que tiene su base en la caligrafía, esa que el hombre ideó desde que es hombre para comunicar. La desarrolló en el pasado siglo y después cayó en el olvido por el auge de todo lo digital, pero de un tiempo a esta parte ha vuelto con fuerza, con esa nostalgia que sentimos por aquello elaborado con la imperfección de las manos, trazado despacio y decorado con tiempo.

Un recorrido que comenzó dibujando

Graham se instaló en Madrid y empezó a practicar el oficio que le venía en la sangre de la mano de un padre diseñador gráfico y un abuelo rotulador. Era natural que se despertara su interés desde temprana edad por las letras y su expresión artística.

Comenzó sirviendo pintas en un bar y terminó instalando un pequeño taller en la calle Tesoro de Malasaña, desde donde planifica los carteles que va haciendo para sus clientes y que solo con darse una vuelta por el mítico barrio madrileño pueden observarse.

Porque para descubrir aquello que es una vocación solo hay que detenerse y observar. Parar Más para Sentir Más, y luego permitirse explorar. Este artista supo que creando piezas a mano alzada (freehand) generaba resultados cuidados, llamativos y visualmente muy atractivos que pronto los comercios de la zona empezaron a demandar hasta convertirse, sin darse cuenta, en uno de los firmantes de la personalidad del barrio.

Ya lo dijimos, solo basta con darse una vuelta y ver su trabajo respirando en múltiples rincones: el letrero del bar Corazón en la calle Valverde, el de Bocadillo de Jamón y Champán en Pez, La Maleta, The Passenger, El Gorila, Casa Baranda y unos cuantos más. Aquellos carteles con palabras que parecen extraídas de un tiempo anterior que en realidad es presente, pintadas en cristal, madera o pizarras, pero todas elaboradas con los cinco sentidos y el sexto, que es el tiempo; trazadas con el cuidado que requiere el trabajo a mano y que vale la pena el esfuerzo al observar el resultado.

Es por eso que en Malasaña Tom Graham es conocido. El taller en el que trabaja también está ahí y los materiales que emplean provienen de otros artesanos cercanos. Le ha tocado vivir una buena época para su vocación, esta en la que buscamos una vuelta a los orígenes y apostar por lo natural, por lo hecho despacio y con esos pequeños matices que distinguen lo que no es de serie. Es agradable descubrir esas pequeñas grandes joyas de la artesanía, embellecen los espacios, le dan disfrute a los sentidos. Como ir caminando, encontrar un bonito cartel que ha sido hecho a mano, detenerse a observarlo y saber que perdurará en el tiempo. Como coger una botella de Alhambra Reserva 1925, observar las líneas talladas en el cristal de su botella, tomar un trago y dejarse llevar por su sabor.

Imágenes | Tom Graham Instagram, iStock/melnikof

En Momentos Alhambra | La ciudad a mano alzada: la mirada de Jorge Arranz al paisaje urbano

En Momentos Alhambra | Lettering, el arte contemporáneo de las letras

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