¿Dónde fabricar artesanalmente una vidriera gótica en el siglo XXI? En el pleno centro de Madrid

Por Marieta Zubeldia

La calle de las Conchas de Madrid es una calle modesta, poco transitada para lo céntrica que es. No tiene árboles ni la arquitectura de los edificios es apabullante; la luz entra discretamente desde lo alto de los tejados y las llamativas pegatinas de contacto de los cerrajeros, como es habitual, abarrotan los buzones y los cierres de los locales. A primera vista, no parece haber ningún negocio reseñable aparte de La Cervecería Deportiva que, para los vecinos que la visitan, es el lugar de encuentro del barrio.

Sin embargo, en el número 9, casi haciendo esquina con la Costanilla de los Ángeles, bajando hacia Ópera, hay una pequeña puerta con un letrero amplio en la parte superior que reza, en letras góticas, “Vidrieras Artísticas – Cristalería – Decoración – Regalos”. Artevisa es el nombre que recibe este pequeño local que, desde 1972, mantiene con vida el poso de siglos pasados en medio de la cadencia confusa del presente. Entre sus paredes, una familia de artesanos cierra las grietas abiertas por el tiempo en vidrieras que un día fueron testigos pasivos de la Historia.

La familia de Juan Pomares trabaja con el cristal. La poesía de su negocio reside, principalmente, en la creación y restauración de vidrieras y lámparas Tiffany. Sus clientes son insignes: han trabajado para Casa Real, Patrimonio Nacional, Presidencia del Gobierno o la Comunidad de Madrid. El Palacio Real, la Catedral de la Almudena, la Universidad de Alcalá de Henares, la Real Casa de la Moneda o la Filmoteca de los Cines Doré destacan en su lista de edificios ilustres trabajados. Por ellos han recibido multitud de premios y condecoraciones. Como el reconocimiento al Artesano Nacional que le concedió el Ministerio de Trabajo en 1978, al poco tiempo de iniciar su andadura.

La luz ilumina diferente cuando atraviesa los cristales con los que trabaja Artevisa. Acaso por el cuidado que ponen, los haces lucen majestuosos cuando pasan entre las vidrieras. Las técnicas que utilizan continúan siendo las mismas de antaño.

Solamente han sustituido el carbón por la electricidad para calentar los hornos y los soldadores, y ellos mismos lo aseguran: “a cualquier técnica moderna le falta la certificación de durabilidad centenaria”.

Los bocetos y los cartoné que realizan se dibujan a la antigua usanza, es poco frecuente que utilicen diseños acabados por ordenador. Pomares nos da detalles acerca de los procesos y explica que “se utilizan los mismos materiales que antiguamente”. Ni siquiera los instrumentos han cambiado: siguen usando las mismas herramientas de hace siglos. “El vidrio se importa, principalmente, si bien los colores, en algunos casos, los hacemos nosotros con esmaltes al fuego”, relata. Para su elaboración continúan utilizando el rubí, el amarillo plata y la grisalla para el perfilado y el sombreado. En el caso de las vidrieras, el ensamblaje se lleva a cabo con varillas de plomo en forma de hache y para las lámparas de Tiffany únicamente emplean cobre y estaño.

Sorprende la sencillez con que relatan un oficio tan minucioso y delicado como el suyo, para el que la única formación que se precisa es la “habilidad manual”. Una modestia que nada tiene que ver con el esplendor que proyectan sus obras. Han restaurado infinidad de vidrieras en multitud de edificios solemnes; con los que más han disfrutado han sido con los trabajos que hicieron para el Palacio de Cibeles o el patio de cristales del antiguo Ayuntamiento de Madrid en la Plaza de La Villa.

Parte de la clave de que Artevisa haya sobrevivido a las crisis y lleve más de 40 años en el mercado es que realizan un trabajo que no hacen otros, o al menos no lo hacen como los otros. Son de los pocos que apuestan por procesos calmados, por disfrutar de lo que se tiene entre las manos e intentar que perdure. A lo centenario, lo eterno, no se le puede meter prisa: hay que confiar, sentir y dejar que su propio ritmo nos lleve.

Imágenes: Facebook Artevisa, Michael Kooiman, Ehud Neuhaus, Sarah Choukah

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